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Luis Efrén: a confesión de parte

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Pues llegó y se fue el primer día de clases en la mayoría de las universidades, otras de ella están comenzando, y algunas se dilatarán algunos días más en iniciar clases. Milagros de la burocracia educativa en un país en el que ni para eso pueden coordinarse las instancias públicas ni ordenar a las privadas que supervisan. Para la mayoría de los estudiantes y también de los profesores que miden su formación al revés, el primer día de clases significa un día menos… para que llegue el fin de semana, el próximo puente, el siguiente período vacacional, que en las universidades coincide con el fin del semestre, y su eventual graduación. Cosas de la vida o de la idiosincrasia mexicana si lo prefiere, no nos lanzamos al conocimiento, a formarnos en la profesión elegida aprovechando el aprendizaje que vamos logrando día a día, sino que vamos tachando como gran éxito lo que va quedando atrás.

Con todo que dicen que se ha erradicado, que esas cosas están prohibidas, que son antipedagógicas y contrarias al espíritu de la  educación superior en general y de cada institución en particular, suelen darse con demasiada frecuencia las tristemente célebres novatadas… ¿Quién no recuerda las que vivió, sufrió, aguantó o no aguantó, y que finalmente repitió ya siendo veterano, cuando tuvo oportunidad de ensañarse con los novicios?, algunas quedan en nada, otras crean traumas irreversibles, algunas educan más que todo el semestre o toda la carrera… para mal; y alguna que otra bien dirigida y mejor intencionada, sirven para crear una cohesión entre los nuevos y los viejos, que puede durar décadas.

Pero donde se vivió una novatada de esas que deberían estar prohibidas fue, no nos lo va a creer, pero allí está por escrito en su columna semanal, la ocurrida en la Academia Interamericana de los Derechos Humanos, donde el principal, quizá el único promotor de la Licenciatura en Derecho con Acentuación en Derechos Humanos, Luis Efrén Ríos Vega se aventó la primera clase del primer semestre de la primera generación, y como lo dice él mismo “A nadie, al parecer, le gustó mi primera clase”…

A qué más que la verdad, hay profesores que caen bien desde el principio, hay maestros que ni fu ni fa, hay uno que otro barco que hacen navegable el semestre, y hay otros que son auténticos hígados encebollados. ¿En qué categoría se ubicará Luís Efrén, dos veces director de la Facultad de Jurisprudencia de la Unidad Saltillo, la de a devis, socio fundador de la Academia Interamericana y segundo benefactor de la misma, usufructuario perpetuo de las mieles de las leyes de excepción que la rigen, e insistimos, principal promotor de la #licenciatura AIDH?, en sus propias palabras, y citando a un tal Sergio, que no conocemos, ni sabemos si le está diciendo la verdad, dando coba o cobrándose algún maltrato previo de los que lo han hecho no famoso, sino legendario “después de mi charla, hubo varias bajas”…

Universitarios rejegos los ha habido siempre, anarquistas, contestones, forman parte de cada generación que se incorpora a las aulas universitarias, pero por lo general, una sola clase, charla como le llama el magistrado Luis Efrén, rara vez es suficiente para decir: con este cuate yo no quiero tomar clase, me doy de baja de la materia… que sepamos hubo como 35 inscripciones de nuevo ingreso a la licenciatura en derecho de la academia, no creemos que con “solo” 35 alumnos, haya la opción de tomar la asignatura con otro u otros profesores. Sí, sabemos que en la AIDH hay personal a lo bruto, excelentemente pagados y con poca chamba, más bien inventada, pero así como para lo dicho, ofrecer una misma clase con distintos maestros es un lujo que ninguna otra facultad se da recién inaugurando el programa.

Y ahora sí que como dicen los niños en sus juegos, tomado de alguna caricatura de televisión o de internet, esos que se dieron de baja “firmaron su sentencia de muerte”… ¿en qué nos basamos para decir esto?, okey, que son de primer ingreso, que los jóvenes se enteran poco de lo que ocurre en la política y en la burocracia, pero para un estudiante de derecho, así sea en su primer día, debe saber que pintarle un violín a un magistrado, sobre todo a alguien tan sensible, veleidoso y rencoroso como Luis Efrén, equivale poco menos que a no encontrar jamás trabajo litigando, tampoco como empleado del poder judicial estatal, ni como defensor de oficio pues todos los casos los perdería, a lo mejor en algo de derechos humanos… ah no tampoco, allí es cacique y gurú.

En el mismo párrafo de su columnita, el creador del concepto de Jurista XXI confiesa lo que no debe confesar ningún profesor ni bajo tortura: que tiene una espía… el eminente pedagogo del derecho, ese que se ingenió para que le dieran un patín en blanda sea la parte cuando lo echaron de la dirección de Jurisprudencia, le acaba de partir la ma…trícula a la primera generación de #abogados AIDH, ¿por qué?, tan sencillo como que declaró que existe un traidor entre ellos, dispuesto a alimentar de sopa a la directora Irene, esa que cayó muy bien, a los profesores “progres” con doctorado, y al poder detrás del trono, el propio Luis Efrén.

Cualquier cohesión, espíritu de cuerpo, compañerismo, se fue por el caño gracias a la revelación de la presencia de la espía. De ella sabemos que es mujer, él lo dijo, en siguientes colaboraciones seguro revelará otras pistas para averiguar quién es, luego de lo cual, sus #compañerosAIDH le harán la vida de cuadritos a la chivata, al grado de ameritar probablemente asistencia de especialistas en derechos humanos, pero de los que resuelven cosas, no de los progres que nomás teorizan.

Abogados de todas las generaciones podrán atestiguar, rememorar, lo aburrido, complicado, pesado, de las clases de algunos de sus profesores, que por viejos, por cansados, por exceso de trabajo, porque se les iba la onda, había que soportar y cuidarse mucho de hablar mal de ellos, porque de ellos dependía, sin exagerar, su futuro profesional, claro, no había muchas posibilidades de darse de baja, lo que era tomado como una afrenta.

Pero esta es una nueva generación de jóvenes de una nueva carrera, con una nueva visión, la citada del jurista XXI, en teoría la oferta educativa de la Academia Interamericana de Derechos Humanos nace prístina, quitándose todo el aburrimiento, los vicios, las influencias, y demás horrores de las anquilosadas facultades de derecho… ¿y qué pasa?, que en cincuenta minutos de la primera clase, primera charla, esos jóvenes se dan cuenta la clase de sitio al que fueron a caer, y no solo eso, sino que lo que vieron y oyeron bastó para pedir su baja.

¿Pero, qué podemos esperar de alguien que está “acostumbrado a imperativos categóricos: tratar de hacer lo correcto. Lo que guste o disguste a las personas, no es algo que me importe mucho”… eso pasa con la gente que TRATA de hacer lo correcto, en vez de simplemente hacerlo. Del derecho humano a recibir una educación de calidad hablamos otro día.

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