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La elección en peligro

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Durante cuatro años que lleva de su gobierno, repitiendo lo que hizo durante los años en que fue jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador ha marcado la agenda nacional, el cual, manifiesto, guardado o solo casual, pareciera que es el objetivo que ha tenido a lo largo de su vida.

Cuando gobernaba la capital del país, con aquellas conferencias de prensa matutinas, obligaba López Obrador al gobierno de Vicente Fox a actuar en respuesta a lo que fuera que él había mencionado. Los funcionarios públicos, que si acaso estaban abriendo el ojo, todavía en pijamas, y unos pocos, los que gustan de hacer deporte en la madrugada, estaban pendientes de lo que estaba diciendo el gobernante de oposición más importante del régimen presidencial panista. Fuera como fuera, le correspondiera a quien le tocara, había que responderle al vecino del Palacio del Ayuntamiento, había que hacerlo bien, sensatamente y pronto, lo cual no dejaba de ocasionar un estrés incómodo para todos, que tenían la consigna de no dejar crecer los asuntos que había tocado Andrés Manuel, que se deleitaba de andar como chivo en una cristalería que no era suya.

Ya como presidente, al presidente le gusta marcar agenda, él es el que trae los temas que quiere que la gente tenga en mente, él dosifica la información y la profundidad de los asuntos, el los minimiza, los entierra o los revive a su gusto y conveniencia.

Cuando decae la atención, saca a relucir cosas como lo del avión presidencial, lo de Lozoya, lo de otros veinte temas que realmente le importan muy poco a la población, cuando los revive la gente pregunta ¿otra vez?, es cuando le falla el toque a quien lo tiene afinado como nadie, pero tampoco es posible atinarle cada vez a la mecha que enciende el interés popular. Ya hasta hay estudios sobre medios de comunicación, de cómo son poquísimos los que le dan seguimiento a los temas que desde la mañanera impone el presidente, lo raro no es que los medios fifís y conservadores sean los que lo tiran a lucas, sino que también los otros, los afines, los que trae en la bolsa de los billetes de a doscientos, tampoco le dan jalón, y no lo hacen por quedar mal o bien, sino por no perder lectores y audiencias.

De unas semanas para acá ya no es el presidente quien fija la agenda, son las Guacamayas… pues es ese el simpático y desconcertante nombre que adoptó el colectivo de hackers que se coló en los supuestamente inexpugnables servidores informáticos de la Defensa Nacional, de donde copiaron el equivalente a 35 millones de documentos, lo que quepa en los inimaginables seis terabytes que se han manejado. Solo les faltó dejar un mensaje inamovible de “Guacamaya estuvo aquí” con la caricatura del ave que se ha reproducido infinidad de veces en las redes sociales, pero ya sería demasiada burla a una institución que jamás se ha caracterizado por su buen humor.

¿Quiénes son, de donde vienen, quién los patrocina?, eso es lo de menos, por más que el Ejército, Gobernación, la CIA, el Departamento de Estado de Estados Unidos, todos quisieran saber para caerles encima, lo que es de más es que los medios de comunicación se han estado deleitando en hacer “data mining” como dicen los expertos informáticos, minería de información, en un material que se les entregó, a lo mejor sin compromiso, a lo mejor con, pero de eso no sabemos. Y han sido los medios los que han ido seleccionando, cada quien de acuerdo a sus intereses particulares, la información con la que quieren sorprender a México y al mundo, y allí tiene al presidente López Obrador en uno de los papeles más tristes que le hemos conocido en todos estos años, la de tener que batear, si puede, lo que le lanzan los pitchers de una veintena de equipos que juegan contra la 4T.

El que comenzó todo, lo sabemos, fue Carlos Loret de Mola, sabe por qué, se le concedió a él el privilegio de lanzar la primera bola, y se lució ponchando con la liberación de datos sobre la salud física del presidente López Obrador, sobre el operativo conocido cariñosamente como El Culiacanazo, y uno de menor envergadura, pero que debería ser el de más relevancia, la debilidad del Ejército para cubrir las guardias en los aeropuertos más importantes del país. Del segundo y tercer tema no se dijo nada importante, el debate se centró en la salud del mandatario, quien no tuvo otra que aceptar que sí, todo era cierto y otras cosas de las que no se habló… sembrando la sospecha de que está todavía más enfermo de lo que se dijo, en una balandronada que en nuestra opinión, le salió mal, no era el momento de correr riesgos calculados.

En este ambiente en el que ha quedado demostrado que el gobierno mexicano carece de capacidad para enfrentar a los piratas informáticos, desde los Anonymous, que nunca han logrado una victoria contundente contra sus tantísimos enemigos asumidos, hasta los que viven más o menos bien a través del ransomware, y los que han robado información de diversas fuentes gubernamentales, redes sociales y empresas de todo tipo, pero que recordemos, nunca se había dado un golpe tan devastador contra la seguridad cibernética, nos enfrentamos a una situación crítica: el tema electoral.

Una de las más grandes preocupaciones de los gobiernos en todo el mundo es la de que sus sistemas electorales pudieran ser vulnerados por hackers, ya sea por anarquistas con interés solo por descarrilar el proceso, o por gente con intención de influir a favor de este y en contra de aquel candidato y partido. Los rusos han sido reiteradamente denunciados por dedicarse a este campo específico del hackeo, Estados Unidos ha llegado a sancionar a Rusia por pruebas o sospechas de intervenciones ilegales en las entidades que llevan la elección. Si han llegado a influir o no, eso es secreto de estado, pero nos imaginamos que algo habrán logrado. El caso es que, México no tiene ni remotamente la capacidad, los recursos, el interés por evitar que naciones, organizaciones, piratas, o guacamayas vulneren sus sistemas electorales.

Era para que en vez de estarle recordando presupuesto al INE se lo estuvieran multiplicando para evitar lo que pudiera pasar en cualquier momento.

Pero los ojos no deben estar solo en la elección del año 2024, que se avizora complicadísima, sin la intervención de los hackers que están al acecho, que será un factor de sospecha de los resultados, sean estos los que sean. No, hay que poner atención en lo inmediato, en las elecciones de Coahuila y el Estado de México, a cargo de sus respectivos institutos electorales, que ni de lejos tienen el dinero para seguridad informática como para enfrentar ataques en serio, como los ya vistos. Dicen que no, que ni una ni otra elección son laboratorio de la federal del año siguiente… pero créame que para los piratas informáticos será un entrenamiento de primer orden, y si tumban el sistema electoral aquí y en Toluca… derive usted la conclusión que guste.

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