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Manifestaciones sucias

NOTICIAS DIVERSAS…

Por Héctor Barragán.-

Desde el ahora lejano tiempo del mandato del Lic. Carlos Salinas de Gortari y entre las muestras de simpatía hacia los norteamericanos, el poder central abrió sus puertas a todos aquellos que quisieran manifestar su inconformidad, dejándolos en libertad de expresarse en grupos, gritar, manchar paredes y edificios, monumentos, evolucionando hasta expresar insultos, – ofensas, hacer daños.

Al mismo tiempo vio nacer la violencia hacia las autoridades, las agresiones físicas a los elementos del orden desaparecido para los manifestantes, adornando su afán de permitir la libre expresión con el sometimiento y la aparente cobardía de la policía y finalmente el ejército frente a los cobardes grupos.

Muchos heridos en cada evento de parte de la fuerza estatal, pérdida en grado extremo, ni siquiera de tener a los agresores, ocultos dentro de los grupos, ni identificarlos para un control futuro y evitar así su multiplicación.

Los medios de comunicación oficiales insisten en proponer la tesis de que los agresores son una minoría, delincuentes o anarquistas, que aprovechan toda ocasión para debilitar la fuerza y jerarquía gubernamental, esperando su turno de ocupar su lugar.

La realidad hace que sea efectiva esa labor destructiva, provechosa contra la imagen del poder público, – sin que haya tomado medidas, sin siquiera la simple de recabar fotos para identificar y perseguir en su oportunidad a los peligrosos delincuentes.

Tan sencillo que sería cubrir lo anterior, o bien diseñar grupos pequeños de acción rápida y fuerte, que contrarreste a los pintores», bombarderos, lanzadores de piedras y armados de varillas o palos, botellas, separándolos del grupo grande o sometiéndose para neutralizar la violencia, sin llegar a los niveles que alcanzaron con los granaderos.

La prensa enemiga del gobierno seguramente estará de acuerdo con la medida, aunque de antemano se sabe que utilizará el cambio de actitud para criticar severa e injustamente, pero el grueso de los habitantes estará plenamente conforme con el regreso del orden al país.

Lo de las manifestaciones también se ha vuelto una molestia demasiado grande y sumamente cara para la sociedad entera, en términos de tiempo, dinero y tranquilidad, pero inclusive su enfoque desde el punto económico es muy desfavorable y es real que es responsable de la escasa inversión y baja laboriosidad, es decir, hasta responsable de una parte importante del aumento en el costo de la vida. Es decir, de la inflación.

Porque la debilidad gubernamental, del cuerpo encargado de imponer la disciplina, el orden, el respeto de unos para otros, hace suponer a la criminalidad organizada, indiscutiblemente mejor organizada y con mucho, que la policía y sus apoyos.

Entonces los delincuentes, no solamente los infiltrados con los manifestantes, sino los profesionales de la maldad y el crimen, además de los aprendices libres, comentan sus acciones nocivas a la sociedad y en supuesto provecho propio, en un elevado grado, creando un panorama mundial de desgobierno.

Porque el gobierno es precisamente el orden, el respeto, la paz, el progreso fundado en la seguridad de la sociedad en su conjunto.

Desde un ángulo distinto, la encuesta nacional sobre la permanencia de la Guardia Nacional bajo las órdenes y administración de la Secretaría de la Defensa no corresponde a la sociedad entera, sino a los especialistas en seguridad y orden, que por cierto no son visibles, conocidos actualmente, pero deben existir.

De igual modo, tal encuesta y resultados, invalidaría la existencia de los Diputados y Senadores, del poder judicial, porque no hay más autoridad que la del pueblo en su totalidad y conjunto, que por cierto significan un gasto gigantesco, pero en realidad el asunto es más complicado de lo que se debe preguntar a todo un pueblo, con tanto artículo y leyes que deben considerarse y respetarse o en su caso sustituirse para hacer las cosas como se deben.

Volviendo a las manifestaciones, quizá sea tiempo de restringirlas a todo lo que sea razonable. Que vayan a donde tienen que darse las soluciones, donde les informen debidamente del curso de sus peticiones, que en plazo razonable vuelvan a la dependencia de marras, a pedir avances y en caso negativo, ir a la superioridad de esa oficina a plantear el problema irresoluto, para que se finquen las responsabilidades del caso; que haya en las manifestaciones, solamente los interesados o afectados, nada de observadores o gente con problemas no resueltos de otra naturaleza; nada de suspender el tránsito y labores; de servicios públicos a particulares. etc.

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