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Vaya estafadores… este es su modus operandi

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Va de anécdota, una noche oscura, hace unos 40 años, había ido a tomarme un café en un Vips que estaba dentro del complejo que en su momento, y quien sabe si todavía, se llamó Gran Bazar, allí, a espaldas del Toreo de Cuatro Caminos, que también creo que ya ni existe, ni el toreo, ni los cuatro caminos. Resulta que me subo en el carro, y el carro no arranca, vaya novedad, los carros de aquellos años no eran como los de ahora, que no se descomponen pero cuando lo hacen, sale en un ojo de la cara la reparación, no aquellos de antes arrancaban con un empujón, con cualquier alambre resolvía la mitad de los problemas, con un trapo mojado hacía funcionar la bomba del agua que ya estaba en las últimas, una media servía de banda, y cosas así. Pues en esta ocasión no se pudo porque a levantar el cofre, no me lo va a creer, pero me habían robado la marcha, ¿pues cómo iba a arrancar así?

Para esto eran ya las diez de la noche y por supuesto, no había ya ningún taller abierto, ni refaccionaria a la cual acudir, y menos en aquel complejo comercial tan moderno, que había dejado sin negocio a los changarritos que había antes por todos lados.

Sin celular, sin nadie a quien hablarle, ya medio desesperado, veo llegar a un par de personajes que parecían extraídos de cualquier película mexicana de la época, uno de overol azul, tipo mecánico, y el otro con una bata, no de doctor, sino de las que usan los jefes de taller en las agencias automotrices. Allí a media luz me pregunta uno ¿qué, se le quedó el carro?, a lo que respondí, nombre, si ya ve como es la gente malora, me robaron la marcha… ah que caray, me dijo el mecánico, pues a ver si aquí, el maestro Goyo le puede solucionar el problema, es el jefe de taller de CONSA, la agencia Ford de aquí enfrente, y sí, en efecto, allí había una distribuidora enorme, y el señor mayor, canoso, portaba en su bata el escudo de la empresa.

Pues mire mi amigo, si nos tiene confianza, ahorita mando aquí a mi ayudante para que saque del taller la pieza, original, para su carro, y así se evita dejarlo toda la noche, que quien sabe si amanezca, ya ve como es este barrio. Sí, dijo el chalán, aquí el maestro Goyo trae la llave del almacén, en diez minutos voy y vengo, y pues claro que se me abrió el cielo, me resolvían el problema, me ponían la refacción original, y todo por un precio que no me pareció fuera de lo razonable.

En lo que aquel fue y vino estuvimos platicando el maestro Goyo y un servidor, coincidiendo en la suerte que tuve en que fueran pasando precisamente a esa hora. Al rato llegó el ayudante, me mostró la caja, la abrió en mi presencia para que comprobara yo que era nueva,  y ya con mi autorización, en menos de cinco minutos quedó aquello, el carrito arrancó a la primera, total, ya liquidé lo que le debía, y me fui agradecidísimo con el supremo, con la suerte, por haberme mandado al maestro Goyo en el momento en que me desesperaba.

Nomás por no dejar, al día siguiente fui con mi mecánico a quien le conté lo bueno de mi suerte, del cielo que se había portado bien conmigo, quien desmontó la marcha, y luego de darle un par de vueltas entre las manos me dijo mira… y sí, miré, rascándole, se le comenzó a caer la pintura, que apenas estaba seca. En pocas palabras, me habían transado, la parejita de mecánicos me habían vendido como nueva la misma marcha que le habían quitado a mi carro, a la que nomás le dieron una pintadita y metieron en una caja… ¿a cuántos no se habrán transado así a lo largo de los años?, a muchos, yo me di cuenta porque fui con mi mecánico de confianza, con quien dejé de ir porque cada vez que me veía se reía de mi ingenuidad. Eso era antes.

Hoy… sucedió en Saltillo la semana pasada. El lugar el estacionamiento del Aurrerá que está por Valle de las Flores, llega una persona en su camioneta, se baja a toda prisa sin por eso dejar de poner el seguro a distancia, que hizo el ruido de rigor. No estuvo en la tienda más de diez minutos, se subió en su vehículo y se fue. Donde resulta que a los cien metros cuando mucho, la camioneta perdió vuelo, dejó de acelerar.

Alcanzó la señora a orillarse, momento en el cual se le acerca un fulano que le ofrece ayuda, de una manera ni de lejos tan amable como la de aquel maestro Goyo, sino bastante más bien amenazante, se las ingenió para abrir el cofre, para dar el diagnóstico de que le habían quitado el cuerpo de aceleración… sea eso lo que sea, y que se lo ofrecía reparar en diez mil pesos, allí mismo. Entre que la señora tuvo la presencia de ánimo de llamar a su marido, y que durante el tiempo que estuvo sola logró esconder la bolsa para decir que no traía tarjeta para pagarle, llegó otro carro para respaldar al primer fulano, y terminar de amedrentar a sus víctimas.

Casi a fuerzas, o sin el casi, dizque repararon el desperfecto en la camioneta, curiosamente traían en un cerro de refacciones, el cuerpo de aceleración que requería el modelo específico del vehículo, pero no como el maestro Goyo, que de perdida le pusieron la misma pieza al carro, no, acá le pusieron otra, usada, probable o seguramente quitada  a otra víctima.

Para no hacer el cuento demasiado largo, a la señora y su marido les bajaron los diez mil pesos de la reparación, más siete mil quinientos de la refacción original que hubo que ir a comprar. Eso y el susto, y bueno, la desconfianza, porque ¿Cómo se las ingeniaron para neutralizar una alarma que se supone es inviolable? Ya no es seguro dejar la camioneta en ningún sitio por el miedo de que los mismos u otros, lleguen y la desvalijen o… se la lleven.

Porque esa es otra, esta bandita, descendientes y herederos del maestro Goyo, perfectamente pudieron robarse toda la camioneta, pero ese no es su giro, lo suyo es el robo de refacciones y el convencer a la víctima de que le están haciendo el favor de repararle su vehículo sin que usted se moleste mayormente, paga y se va hasta contento, pero como que han perdido el toque. Ya no son amables, ya no convencen, ya amenazan, solo les faltó sacar una pistola para que uno les comprara la pieza y se dejara extorsionar.

Al final a la señora le salió barato, o no, pero pudo ser mucho mayor la pérdida económica y de lo demás si se pone a querer discutir, hay que saber entender cuando se trata de un asalto…, que puede escalar a lo que sea. Y si usted pregunta por denuncia… por favor, ni para qué perder el tiempo, la última vez que alguien denunció algo así, en la policía le dijeron, sí, sabemos que anda una banda que tiene ese modus operandi… ¿y?, y nada, saben, pero no hacen nada porque no pueden hacer nada, tan adelante van los criminales de la justicia.

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