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La brecha del gas

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

En el marco de los eventos previos a la presentación de su quinto informe de gobierno, la semana pasada el gobernador Miguel Ángel Riquelme Solís estuvo en una ceremonia en la que hizo entrega, simbólica que le dicen, de uniformes, equipo de comunicación, patrullas y quien sabe cuántas cosas más, a las fuerzas de seguridad en el estado de Coahuila. Se habló de una inversión superior a los cien millones de pesos, lo cual no es poco en estos tiempos de austeridad en la que el gobierno de la república recorta cuanto puede al gasto de las entidades federativas y los municipios, y se enfatizó que no solo iban esos recursos a las corporaciones dependientes de la administración pública estatal, sin que también a las de los ayuntamientos, después de todo, a la hora que comienzan a volar los balazos, de los primeros en apersonarse en el lugar de los hechos suelen ser siempre policías municipales, lo peor que puede hacerse es dejarlos solos.

En el evento se hizo entrega de una certificación a las fuerzas de seguridad pública coahuilenses, lo cual no deja de ser bueno también, toda vez que el afamado modelo Coahuila, ha funcionado para nosotros, para mantener una relativa paz y tranquilidad en el territorio coahuilense, misma que ya quisieran en otros quince o veinte otras entidades federativas que no hay día que no registren cualquiera de una larga ristra de posibles delitos y actos criminales a manos de individuos, bandas y hasta cárteles.

Pero con todo que durante el vistoso evento todo fueron flores y loas, congratulándose los funcionarios, y dándoles la razón la población de que las cosas en ese renglón se han hecho como se debía, de allí la percepción de éxito, que para quienes han andado en eso, saben que no es ni remotamente sencilla de lograr, pese a ello, de repente nos dio la impresión de que, como suele decires coloquialmente, al mejor cazador se le escapa la liebre, y nos da la impresión de que quienes se encargados del evento dejaron pasar una pifia que puede ser importante.

En algún momento de los discursos se habló del tema de las comunicaciones, entrando en detalles que, otra vez en nuestra sola opinión, debieron permanecer sin mencionarse, si no por otra cosa, porque hace que alguien o alguienes que puedan estar interesados en el asunto, paren las antenas. Se mencionó que uno de los puntos más vulnerables de la geografía estatal lo son los municipios del norte, especialmente aquellos que colindan con Nuevo León y Tamaulipas.

Áreas por demás solitarias, se prestan para que gente sin muchas ganas de apegarse a lo que es estrictamente legal, aprovechen para toda clase de actividades ilegales, desde las más antiguas como el abigeato y el contrabando, hasta otras más contemporáneas, entre ellas el tráfico de drogas, armas y personas. Pero no solo se trata de que estén allí haciendo lo que no deben, sino que encima se toman libertades para ir, venir y regresar, sin ser molestados, o al menos eso es lo que quisieran, amparados en que así fue por bastante tiempo.

Y es allí donde el discurso recayó en la llamada Brecha del Gas, ampliamente utilizada por décadas para todo lo que mejor no se transporta por las carreteras asfaltadas. Parte de la ventaja de la tal brecha es la dificultad de las comunicaciones, sobre lo cual se dijeron dos cosas, por un lado que se había procedido a la destrucción de alguna o algunas antenas que eran utilizadas por las bandas de delincuentes para mantenerse en contacto, tanto sobre sus operaciones como sobre los movimientos de las fuerzas del orden, policías municipales, estatales, soldados, marinos, guardias nacionales, sea para escabullírseles, o como se ha hecho cada vez más frecuente por lo menos en los estados norteños, para picarles la cresta en enfrentamientos que van desde leves escarceos con los que se quitan lo aburrido del paisaje, hasta otros mucho más en forma, en los que intentan prevalecer, aunque sea por un rato, por encima de las autoridades.

Pero no solo comentaron que se habían destruido antenas, también se dijo que se iban a colocar otras que dieran servicio de comunicación a las policías, y es allí donde nos preguntamos ¿qué sentido tiene informar a los delincuentes que están poniendo lo que no había?, prácticamente les están diciendo que hay blancos nuevos para atacar instalaciones estratégicas, o peor todavía si se puede, para que se cuelguen de ellas… ya ve que son buenísimos para aprovecharse de lo que hay, por la buena o por la mala, por la ignorante o por la económica, eso es lo de menos.

Para nosotros esa fue una pifia, una del tamaño de cuando hace muchos años se informó en un boletín de prensa que una empresa internacional había decidido la instalación de una planta productora de explosivos en uno de los municipios de la región desértica… ¿para qué, por qué informar eso?, mientras menos gente lo supiera mejor, décadas después ocurrió lo de Celemania, en que un tráiler cargado con, precisamente, explosivos, sufrió un accidente de tránsito, luego del cual explotó la carga, ocasionando muchos muertos y heridos, todo por un manejo frívolo de información delicada. Todavía después se supo de un robo de material explosivo de un almacén en la misma área, pero bueno, según nosotros el origen fue hablar de lo que no se debía.

Algo así pasó también con la decisión de la procuraduría general de justicia, cuando todavía se llamaba así, y era su titular Homero Ramos Gloria. Se boletinó que la dependencia se había empeñado en un programa para destruir, es un decir, las brechas que comunicaban distintas poblaciones, o ni siquiera eso, ranchos en la región lagunera de Coahuila y Durango.

Para quienes han recorrido la antigua Laguna, aquello es una pista en la que ni brechas trazadas se necesitan, con internarse con un vehículo más o menos fuerte, se burla cualquier límite estatal y cualquier vigilancia, cuando la hay. Otra vez ¿qué necesidad de decirle a los criminales “ai’ les voy?, aunque existe la posibilidad de que de eso se tratara, de llevar bulldozers y otra maquinaria pesada con ganas de no toparse con nadie. Y sí, ponga que abrieron zanjas en las supuestas brechas… pero así como que todo resuelto y en paz, pues no.

Ahora repiten con la Brecha del Gas, esperemos que detrás de las declaraciones triunfalistas haya una estrategia de qué decir, porqué decirlo y con qué objetivo. Porque de cuando las cosas salen mal, contamos con suficientes ejemplos, pero cuando salen bien, nunca son suficientes.

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