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Donde comas, no ca…

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Antes de entrar en materia, van un par de anécdotas:

Un policía, no le voy a decir de dónde pero podría ser de cualquier lado, andaba vendiendo una pistola. Se la llevó a mostrar a otro policía viejo, conocido por tener una amplia colección de armas de fuego. Como suele ser entre colegas, ni uno preguntó de dónde había salido o dónde la había conseguido, siendo que era una pieza más o menos rara, ni el otro tampoco ofreció la información.

Entre que sí la quería pero se le hacía cara, ya no supe si se hizo el negocio, lo que sí pude notar es que el policía comprador, antes de devolver la pistola, sacó su pañuelito, no precisamente limpio ni bien planchado, y le dio una sobada al arma que podríamos calificar de milimétrica, como queriendo borrar cualquier huella o fragmento de huella de que alguna vez hubiera tocado aquello. Y eso que era el asunto entre policías, si no amigos, por lo menos compañeros, que se reconocían como del mismo gremio como para andar haciendo transacciones con mercancía que por el lado que la quisiera ver, estaba fuera de la ley, con el agravante de que por ser servidores públicos y del área de seguridad pública, la pena sería doble, si es que alguna vez había proceso.

La otra anécdota es menos sórdida, o a lo mejor igual, ocurrió en un restaurant de comida rápida sobre bulevar Carranza, junto a lo que últimamente se ha convertido en un bar donde suele haber guantazos que llegan a ventilarse en el estacionamiento y hasta en esa que es una de las calles más transitadas de Saltillo. Resulta que en la hamburguesería había bastantes mesas ocupadas con clientes, y en eso que entra una niña, a todas luces hija de una “maría”, de esas que con tanto gusto ordenaba Lucrecia Solano de Montemayor que las subieran a un camión y las mandaba de regreso a Oaxaca sin tiempo para avisarle a nadie. La niña traía una canastita, y en ella un buen número de bolsitas de celofán, que fue depositando en cada una de las mesas ocupadas, sin decir, pero dando a entender a los comensales que las andaba vendiendo o que esperaba una propina por ellas. ¿Qué eran aquellas bolsitas?, vaya usted a saber, pero como reproducen los colegas de la fuente policiaca que citan a agentes, tenía todo el aspecto de mariguana… o desconfiadamente paranoico que es uno, a lo mejor era yerbabuena, orégano, o vaya usted a saber qué cosa inocua, pero la manera… ¿Cómo llega alguien, desconocido, deja una bolsita sin mediar palabra?, nomás faltaba que detrás de la menor llegara un grupo de policías armados, encontrándolo a uno en posesión de sustancia prohibida, y entre que sí y que no, va uno para dentro, y si ya tiene algún antecedente de lo que sea, no se la acaba. Así hubo quien no hizo nada, esperó a devolverle la bolsita a la niña, o la compró, en cambio otros la aventaron como si fuera radioactiva. Algo temerían.

Ahora sí, la semana pasada se ventilaron en los medios de comunicación de Saltillo un par de casos que nos muestran que no debe uno ser tan confiado en lo que le dicen, no creer las cosas que le dicen sin tomarse el tiempo y la molestia de corroborar los hechos, o por el contrario, buscar a ver si no hay otra versión del mismo hecho, o por lo menos alguna explicación. Así como el policía que no quiere dejar huella, o el ciudadano que no quiere que le encuentren nada sospechoso encima, y no digo que sean culpables de nada, sino ¿para qué meterse a tener que dar explicaciones?, así uno de reportero debería checar, no sea que gente malora o con alguna intención encubierta, pretenda utilizarlo a uno con “fines aviesos”.

El primer caso hace referencia a una fotografía en la que aparece el que señalan como director del turno matutino de la escuela Miguel Ramos Arizpe en el centro de Saltillo con una cerveza en la mano. Aparentemente se había realizado una kermés que devino en “carnita asada”, y allí estaba el directivo, entre un grupo de profesores del plantel, preparando la carne que iban a degustar a continuación. Sí, nada más que alguien tomó una foto, ya ve que ahora todo el mundo porta un celular inteligente con cámara y conexión a internet, y para pronto lo subió a las redes sociales, de donde bajó en forma de escándalo ¿cómo era posible que un funcionario de la Secretaría de Educación, estuviera bebiendo en horas de trabajo? ¿qué ejemplo para los docentes y sobre todo para los alumnos?, y de por allí lo que quiera. El asunto llegó a tanto que la Secretaría de Educación tuvo que entrarle al quite suspendiendo al director, mientras se investigan los hechos.

A los pocos días hubo una manifestación afuera de la escuela, una treintena de padres de familia, según la crónica, se apostó para defender al profe David “N”, de quien decían que se había hecho de enemigos entre la planta docente por haber llegado a de veras hacer las cosas, que la foto seguramente la había tomado un maestro de los que se sintió afectado, y aprovechó la oportunidad de que el director estaba con la cerveza en la mano. Los padres decían que para nada había bebido, que la cerveza la había echado al disco donde se preparaba la discada, y todo el mundo sabe que se hace para darle sabor…

Entre que es o no es, ya parece que alguien con tantita malicia va a agarrar, tener en mano y no digamos darle un trago o beberse entera una cerveza en el sitio y horas de trabajo, ¡nunca!, no es talacha del reportero averiguar cual de las dos versiones es la cierta, pero mientras, la noticia ya la encontramos en portales nacionales e internacionales, ya que sea la autoridad la que averigüe y resuelva.

El otro caso es todavía más insidioso, un día salió que un profesor de la Escuela de Artes Plásticas había sido denunciado por plagio, lo cual es de lo más delicado entre artistas y aspirantes a serlo, y violencia de género, tema cada vez más complicado en la sociedad contemporánea. Según esto, hasta al Consejo Directivo fue a dar el asunto que por supuesto preocupa a la comunidad académica y a toda la universidad. Luego, al día siguiente sale que el profesor entablará una demanda contra la escuela, su directora y su expareja… ah… ¿era su expareja la mujer que denunció el maltrato y el plagio, una relación maestro alumna, por lo demás expresamente prohibida en el código de ética?, ¿y no checaron los reporteros el hecho antes de darle tanto vuelo?, o no, siendo precisos, el vuelo lo agarró solo la nota. Poniéndole sabor a la cosa, el profesor acusó después a la chamaca de haberlo amenazado con destruirlo y cuanta cosa, además de haberlo atacado físicamente (con un cactus, de todas las armas posibles), de lo cual hay pruebas…

Por eso… no hagas cosas buenas que parezcan malas decían las abuelas, y más vulgar, recomiendan por allí: donde comas no cag… no beber en el trabajo, no tocar una botella así esté vacía, no meterse con las alumnas o alumnos, digo ¿qué tan complicado es cuidarse?, si hasta parece que tientan al destino, y este se venga, ya ven como es.

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