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Alianzas negociadas

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

La Unidad Democrática de Coahuila es un fenómeno local, eso es obvio, si fuera otra cosa, se llamaría de otra manera, pongamos que como toda opción política, pretendió crecer hasta donde hubiera aceptación de sus propuestas y planteamientos, pero luego de más de dos décadas de andar en la grilla, se ha mantenido como nació, una propuesta limitada a los confines del estado, eso cuando no ha visto peligrar su registro por apenas arañar el porcentaje mínimo de sufragios requerido para ello, no pudiendo sustraerse de en alguna ocasión haber sido tratado con la magnanimidad que el sistema político muestra generosamente para con quienes le sirven convenientemente.

En algún momento compartió migajas con el Partido Cardenista, aquella franquicia familiar de Francisco Navarro Montenegro, que le permitió a ambos dizque movimientos vivir del presupuesto público a cambio de los favores que estaban siempre dispuestos a prestar a los gobernantes estatal y municipales en turno. Ni duda cabe que les ha ido bien, el crimen no paga, dicen, pero la política sí, y encima se llegan a creer que están actuando a favor de las clases desprotegidas, los grupos vulnerables, y otras vaciladas por el estilo.

El Movimiento Ciudadano tiene su propia historia, si es que se le puede llamar así. El sistema de partidos en México distingue dos tipos de organizaciones política, lo que son los partidos políticos, que los reconocemos de lejos por el color de su concha, y los movimientos políticos, que se supone persiguen fines y objetivos distintos de aquellos, sobre todo en lo que corresponde de hacerse del poder público. En teoría uno puede solicitar uno u otro registro, de conformidad con sus fines, objetivos, estrategias y medios, pero la verdad no recordamos movimientos que no se hayan convertido en  partidos, y es que las tentaciones del dinero no son algo fácil con lo que se pueda lidiar.

Pues resulta que para este proceso electoral que se abre formalmente el primer día del mes de enero entrante, pero que en realidad tiene semanas, quizá años ya en abierta campaña, se ha planteado la posibilidad de que los dos partidos políticos mencionados, el de la Unidad Democrática u el Movimiento Ciudadano vayan a la urna en una oferta política compartida, conocida oficialmente como alianza o coalición de partidos o fuerzas políticas reunidas para un objetivo común.

En varios momentos de los pasados doce o más meses, el dirigente del Movimiento Ciudadano en el estado de Coahuila Alfonso Danao de a Peña comentó que estaban en pláticas, en negociaciones con diversos partidos, para examinar la posibilidad de no acudir solos a las urnas, pues existe el peligro de que desaparezca de la escena política estatal si no logra el número de votos requerido. Por su parte la UDC, franquicia unipersonal y unifamiliar de Lenín Arreola, también buscaba colocación de lo mismo, persiguiendo un beneficio personal para sus dos que tres dirigentes, pues su presencia en la política coahuilense no da para mucho más que eso. Y pues dice el dicho popular de que dios los cría y ellos se juntan, allí los tiene ahora declarando a los cuatro vientos que han tomado la decisión de unirse en sagrado matrimonio… bueno casi, de formar alianza y presentar candidato común a la gubernatura de Coahuila en la elección del 2 de junio de 2023.

Lo de las alianzas y coaliciones no es nada nuevo.

En el país las ha habido muchísimas a lo largo de la historia posrevolucionaria, pero que recordemos o que hayamos leído alguna vez, ninguna prosperó después de los comicios, siendo la constante que uno de los partidos prevalezca sobre los otros,  algo que se perfilaba de inicio, siendo perfectamente discernible cuál era el partido grande y cuáles los chiquitos, que sumaban  a aquel, dándose por satisfechos de no haber perdido el registro, lo que de entrada se traducía en la continuidad en la existencia de prebendas para ellos, lo cual no es poca cosa, y en cuanto a la cuota de poder… allí sí que solo muy de vez en cuando se veía un desplante de magnanimidad tirándoles algunas migajas, no de balde tantas y tantas coaliciones no soportaron una segunda elección.

Pero ahora las condiciones son algo diferentes, en cuanto que ninguno de los dos partidos que se unen,  la UDC y el MC destacan de manera incuestionable, ¿cómo estarán las cosas, que la UDC parece ser el elemento fuerte de la mancuerna?, lo será más por los años que tiene, y que en efecto ha ganado algunas diputaciones locales y alcaldías, a diferencia del MC, que se estrena en esta elección estatal. De que a lo mejor a la política estatal, como a la política nacional, le hubiera dado mejores resultados una unión del Movimiento Ciudadano con la que se perfila como alianza del PRI, el PAN y el PRD, pero el líder nacional Dante Delgado, de extracción priísta, como no podía ser de otra manera, ha preferido marrulleramente jugarla en solitario, ni del lado de Morena y sus cómplices, ni de la del PRI y sus desesperados, confiando en que hay gente descontenta con ambos conjuntos y sus integrantes en lo particular, así que mejor se lanza a ver qué votos cacha, que no han sido pocos en los últimos comicios.

Pero lo que nos interesa aquí es preguntar y a ver si alguien nos quiere responder ¿qué afinidad existe entre la UDC y el MC?, para el caso podríamos preguntar lo mismo de las dos otras alianzas que mencionábamos en el párrafo precedente, ¿qué coincidencias ideológicas primero, estatutarias después, de plataforma y de programa al final, pueden señalarse como el elemento cohesionador entre las fuerzas políticas que pretenden juntarse? La respuesta tendría que hacerla un forense, si es que las encuentra en el pasado, y un microbiólogo, si se buscan las que pudieran estar ocurriendo en el presente, que nomás a simple vista, no se dejan observar.

Y es que, salvo su mejor opinión, los actores políticos en la escena mexicana adolecen de una casi total ausencia de principios, fines, objetivos, código de valores y de ética política, partidista y personal, siendo la única constante la búsqueda del poder por el poder, porque tampoco saben bien a bien qué harían con él en el caso de convencer a los votantes de que son ellos la mejor opción.

Las discusiones de la alianza nada tienen de doctrinario, entre quienes no tienen doctrina, ni ideológicas porque tampoco hay ideología, son cuestiones cuando mucho administrativas y de trámite electoral, a ti te toca hacer esto y a mi me toca esto otro, si ganamos, esto es mío y aquello es tuyo, y párele de contar. Sospechosas de inicio, las alianzas y esta entre la UDC y el MC no son excepción, carecen de toda credibilidad de que ofrezcan algo que merezca ser apoyado por el pueblo elector.

Un comentario sobre “Alianzas negociadas

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  1. No se en ciudades grandes como saltillo torreon como es movimiento ciudadano pero en el norte y carbonifera la udc ha perdido fuerzas y liderazgo como antero alvarado temo rodriguez zulma guerrero lenin flores y zulma ya coquetea mas con morena julio long panista pero que fue apoyado por udc regreso a sus origenes el pri en sabinas remberto hernandez que participo por alcalde m c hoy es cordibador mu icipal de ricardo mejia de facto esta operando para mejia entonces cual sera la fuerza de estos que alguien me explique

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