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A defender la democracia

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Por Héctor Barragán.-

Marcha en favor del INE. (Foto de La Jornada)

Es la democracia una palabra mágica, capaz de movilizar millares de personas y ocupar resmas y más resmas de papel impreso, horas interminables de publicidad radiofónica, televisiva y de otros medios de contacto, a pesar de que en México queda muy lejos de la realidad total e ideal que le corresponde.

También es de considerar que a todos y si no la totalidad, a millares de ellos, la democracia mexicana les ocupa parte considerable de su tiempo en forma de especulaciones. Pues aunque sea redundante, es de aclarar que en su ideal se trata de una hermosa aspiración, como sería el gobierno del pueblo por el pueblo mismo y para sí, como se dice que consideraba el gran estadista norteamericano Abraham Lincoln.

El pretencioso Instituto Nacional Electoral, se considera y muchos lo toman como tal, el abanderado y único elemento democrático del país. Que es la muestra y lo principal del tal concepto.

Pero se considera injustamente así, en tanto en lo mismo electoral se queda pobre, porque se integra con representantes de los partidos, los cuales por su parte, son una escasa representación del gran pueblo nacional, una parte que en conjunto de todos los partidos no llega a ser ni la mitad de la población en edad y condiciones de votar.

Por si no fuera suficiente para ilustrar lo modesto del valor democrático del INE, los representantes de los partidos fueron nominados, propuestos y elevado a su categoría de tales, por una minoría, la que manda en esos partidos, nunca por la totalidad, que debería salir de asambleas generales, totales.

Así y todo, la democracia mexicana, su representación minoritaria en una marcha, significa no la opinión de todo el pueblo, ni siquiera de los votantes, sino la que fue convencida de que se le pretendía robar esa pequeña porción de democracia que tiene y está simbolizada por el INE.

Y a pesar de que ese honorable INE es susceptible de mejora, de cumplir más cabalmente su objetivo de llegar a una democracia real y suficiente, así fuera en el aspecto electoral solamente, en primer lugar, porque enriquecer la calidad de los consejeros y magistrados electorales, la élite del INE, la que se lleva la crema de los recursos económicos, debería ser más estricta en la selección, elección de los nombrados, para que desempeñarán mejor su importante cometido; que fueran los indispensables para esa tarea y no el crecido número a que los obligan los partidos; y mediante la liberación del exceso de honorarios que les corresponda cuando se les mida el valor de su tiempo y su trabajo, se nombraran los elementos que pudieran hacer falta para mejorar el su desempleo total.

Que consideran la reducción de personal a la carga de trabajo, la eliminación de tareas que se repiten de los Estados a los Federales, descargar gastos y nómina.

La consideración del desperdicio de recursos materiales, financieros y humanos en la producción de credenciales que se fabrican y nunca son recogidas, entre otras razones por desidia de sus beneficiarios por faltar una política equitativa que cobre por adelantado el costo de reposición por extravío, cambio de domicilio y similares, en todo o en parte, liberando entonces al personal excedente encargado de tales documentos.

Documentos que en todo caso ya se hubieran autorizado legalmente para identificación oficial, añadiéndoles información importante que les falta (por ejemplo tipo de sangre, Y clave de alergias, adn…) y descargadas de claves excesivas que seguramente pocos entienden y adicionarles calidad vitalicia, serían más útiles y respetadas.

Probablemente sea conveniente restarle al INE y derivados, facultades que corresponden al poder judicial, incluyendo las facultades coercitivas que le deben corresponder, por ejemplo, las sanciones por rebasar los límites autorizadas de financiamiento, la ocurrencia a fuentes prohibidas para campañas publicitarias, no han considerado que son violatorias de la voluntad de los votantes y por esa simple razón, merecedoras de privación de todo derecho a acceder al puesto que se busca. Por empezar a buscar la equidad y limpieza de los procesos.

La famosa marcha es por tanto injusta en tanto que procura que el INE continúa absorbiendo recursos presupuestales que alcanzarán mayor jerarquía en salud pública, medicinas, equipos indispensables, honorarios de especialistas, o de educación, buscando más calidad, supervisión, estímulos y sanciones a docentes, becas a sobresalientes y gente de escasos recursos debidamente comprobados y sustentados en resultados de avances.

Y nada más por el momento y para empezar…

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