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De «Mi Lucha», de Hitler… ¡A «mi lucha» de Mejía!

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Si no fue el creador, sí fue el que más ganas le echó a ese asunto. Nos referimos al odiadísimo de la cuarta transformación, Felipe Calderón Hinojosa, quien fuera presidente de la república entre 2006 y 2012, y de quien dice el ahora mandatario Andrés Manuel López Obrador, cada vez que se acuerda, como cada quince minutos, que le robó la presidencia, el que buscó profesionalizar la policía mexicana, si no en todos sus niveles, sí en los de su esfera de competencia, el ámbito federal, aunque de pasada creó también el Sistema Nacional de Seguridad Publica, y el sistema para el control de confianza, vigente todavía hasta el final del sexenio de Enrique Peña Nieto, y todavía en este porque tenemos entendido que no ha sido derogado, pero como en la actual administración lo que importa es ser 90% leal, y 10% capaz…

Anteriormente al sexenio de Felipe Calderón, ser policía era más que una profesión, era un oficio, uno al que se dedicaba más gente de mal, que gente de bien, y por esto entienda usted lo que su experiencia o su terror le quiera indicar. Había más “mantecas” y “madrinas” que policías con nombramiento, placa y sueldo, pero como a estos no les gustaba ensuciarse las manos, en nada y trabajando menos, pues le dejaban toda la chamba a estos habilitados, que de policía no sabían nada más allá de lo que sus puños pudieran lograr, torturando gente.

Calderón, sea lo que sea, procuró a la Policía Federal como no lo había hecho ningún presidente antes, hasta un día del policía federal instituyó. Pero así como les dio apoyo, así también estableció un sistema para evitar que se les subiera el poder a la cabeza a los policías, fue el ya mencionado sistema de control de confianza, que dicho con todas sus letras, era duro, exigente y requisitoso hasta la exageración.

Tenía lo suyo de Santo Oficio y de Gestapo, y no fueron pocas las acusaciones de gente capaz, con vocación real y gusto por el servicio policiaco, que a la hora de someterse a este o aquel filtro del sistema, salían reprobados, y haga entender a los sicólogos cuando los encumbran como evaluadores… ¿Cuál evaluadores?, señores de horca y cuchillo que decidían sobre la vida y hacienda de las personas que caían en sus garras, allí resolviendo ellos sus traumas echaron a perder cientos, si no es que miles de carreras policiacas, pero bueno, son los riesgos de tratar de componer lo que estuvo descompuesto durante demasiado tiempo.

Si usted se acuerda, durante varios años fueron noticia lo de que tantos policías municipales o estatales, de tal o cual corporación, estaban pendientes de pasar los exámenes de control y confianza. Aquello llegó a convertirse en una competencia, no siempre leal, había gobiernos que estaban dispuestos a cumplir con la ley sin ningún cuestionamiento, a colaborar con las autoridades federales, sabedores que de esa buena relación dependería la asignación de grandes sumas de dinero para la compra de equipo, vehículos, para la operación, capacitación y demás; por el contrario, también hubo muchos gobiernos, sobre todo de oposición al gobierno federal panista, como no podía haber sido de otra manera, que querían seguir haciendo las cosas como siempre, y allí sí que estuvo duro el jaloneo, pues, ¿Quién es la federación para decir a quien puedo y debo nombrar como jefe de la policía?, hubo comandantes que pasaron a la primera, y hubo muchísimos que no pasaron jamás, y aun así sus gobernadores y alcaldes los sostuvieron en el cargo, a un costo que terminamos como siempre, pagando los ciudadanos.

Qué guardia nacional, ni qué guardia nacional, en aquel sexenio añorado se quería llevar a la policía, a todas las policías al máximo nivel de preparación, eficiencia y hasta remuneración. Si se acuerda, en aquellos años todas las patrullas se pintaron de azul, aquí Jericó que era alcalde, tuvo que repintar las suyas que había originalmente puesto de todos colores, pues la consigna era esta: si se iba a hacer con dinero federal, había que apegarse a un código, el cual incluía hasta los colores de los uniformes, emblemas y pintura de las patrullas, entre otras muchas cosas, entre las que destaca lo del control y confianza por el simple hecho de que jamás había nadie intentado conocer hasta las fibras más profundas de la mente de los policías, de cada policía, aparte de sus intereses, sus debilidades, sus vicios, sus potencialidades para el bien y el mal, y hasta de su fortuna y forma de vivir.

Ahora que Ricardo Mejía Berdeja, todavía al momento de teclear estas líneas, subsecretario de seguridad pública del gobierno federal, anda como chivo en cristalería, destrozando lo poco que había del partido del presidente, MORENA, en Coahuila, cabría preguntarse ¿y este señor pasó los exámenes de control y confianza?, ¿se sometió a ellos?, ¿y de haberlo hecho los aprobaría?, nos atrevemos a dudarlo, y no amparados en alguna batería de pruebas, sino en sus actitudes, y dos que tres hechos vistos.

Ya habíamos comentado aquí mismo que era del todo inconveniente el usar un puño, vale decir empuñado, como emblema político. Un puño, desde la antigüedad, se asocia con violencia, y Mejía con una alegría insensata, sustituyó la “M” de su nombre con un puño amenazante, queriendo dejar en claro qué era lo que pretendía y los métodos que estaba dispuesto a usar. Con ese emblema desfiló en la marcha del 27 de noviembre organizada por López Obrador en la Ciudad de México. Allá mismo y luego en un mitin en Saltillo, exhibió unas pancartas en las que se abría la camisa para mostrar un disfraz de Superman, a lo que más de uno nos preguntamos ¿realmente este señor se identifica, se siente, quiere aparentar ser el personaje de tiras cómicas Superman? Obvio nadie respondió, pero allí estaba el planteamiento.

Por si cupiera alguna duda todavía, en días pasados Ricardo Mejía Berdeja rebeló un rasgo más de su personalidad, hasta el momento desconocido, su faceta de escritor. El subsecretario, por lo demás quizá el más ocupado de toda la burocracia federal, habida cuenta el clima de violencia que vive el país, se da el tiempo para reflexionar y para plasmar sus ideas en un texto, ojo, no policiaco, sino con pretensiones políticas.

De todos los títulos, originales y plagiados, elegantes y chabacanos, atractivos o académicos, el que eligió Mejía Berdeja es Mi Lucha… mi lucha contra el moreirato, que seguramente detalla… nada, porque como policía federal no ha emprendido nada contra los Moreira, y sí pone de manifiesto un rasgo por demás peligroso de su personalidad, ¿Quién escribió Mi Lucha?, el libro que originalmente lleva ese título, sí, Adolfo Hitler, por ese solo hecho, esa frase debería estar vedada a cualquier político. Pero no para Mejía, Mejía el Superman, Mejía el del puño golpeador, ¿Mejía el fascista?

¿alguien habrá detectado estos rasgos de personalidad antes de designarlo subsecretario o ya en funciones?, ¿y con esos antecedentes le van a permitir este o aquel partido político que aspire a gobernar Coahuila?

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