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El alcance del rencor presidencial

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Recordaba el Tlacuache Garizurieta que en una o varias ocasiones el presidente Gustavo Díaz Ordaz, hombre humilde como era, dijo que como amigo, tenía muchos defectos, pero que como enemigo, era perfecto… al parecer fueron muchos, muchísimos quienes tuvieron oportunidad de comprobar en lo más propio de su carne la veracidad de esta máxima de uno de los presidentes más rudos que han gobernado este país.

El mismo Tlacuache, siempre aprontado para tratar de entender cómo funcionaba, y sigue funcionando la política en este México nuestro, recogía como las siete virtudes teologales de todo político que quiera hacer carrera las de humildad, caridad, castidad, gratitud, templanza, paciencia y diligencia; y para tener completa la lección, como contraparte de las virtudes, los cuatro pecados capitales según también El Tlacuache son: tratar de hacer pendejo al presidente…

No faltará quien diga que no son cuatro sino uno los enumerados, pero así es como lo expresaba el máximo ideólogo de la política en este país de caricatura, pensando quizá, que luego del primero, el pecador no tendría tiempo de intentar cometer los otros tres, por lo que ni necesidad había de mencionarlos.

Para quienes gustan de andar en la grilla, y sobre todo para quienes buscan de vivir de ella cada vez mejor, está más que claro que hay cosas que no se deben hacer, muchas, manuales enteros, códigos de conducta exhaustivos, manuales y reglamentos, todo lo cual puede ser pasado por alto y lo es todo el tiempo, pero hay un solo error que no se puede permitir, y ese es llevarle la contraria al presidente, al gobernador, al general, al superior pues, pues esto puede catalogarse como traición, y castigarse como tal.

En este sexenio de la cuarta transformación, en el que quienes fungen como sus ideólogos o intelectuales orgánicos como le gusta decir al presidente, no hay traiciones como tales, ¿Quién se puede animar a traicionar a alguien tan vengativo como López Obrador, que hace aparecer a Echeverría y Díaz Ordaz como hermanas de la caridad?, no, pero con eso de que la ideología, los principios y los fines de la 4T son tan difusos, por no decir laxos en su interpretación, no hay quien no se sienta el verdadero heredero del concepto, y así lo haga saber a los cuatro vientos.

En su momento lo dijo Mr. John Ackerman, también su intelectual esposa Eréndira Sandoval, el mismísimo “Changoleón” Fernández Noroña se ha erigido como el heredero más químicamente puro de la cuarta transformación, mencionando con todas sus letras que lo es pese a no pertenecer al Movimiento de Regeneración Nacional, pues es el suyo, el Partido del Trabajo, el que llevará la llama de la cuarta transformación hacia el futuro… así se las gastan los politiquillos de izquierda a la hora de promocionarse como los meros buenos, mientras que todos los que no los adoran son los malos.

Todo esto para aterrizar en el penoso caso de Ricardo Mejía Berdeja, quien para todos los efectos prácticos estaría incurriendo precisamente en eso, en una traición al presidente Andrés Manuel López Obrador, quien no ha dicho que haya cometido un error al invitarlo a MORENA, como ya lo confesó respecto de Lilly Téllez y Gibran Martínez, pero de que no está muy contento con los desplantes del aspirante a gobernador de Coahuila, eso está más que claro.

La de Mejía Berdeja puede interpretarse como una traición en las peores condiciones posibles. Porque mientras que Téllez, Martínez, Ackerman, Sandoval y otros se le han volteado estando en áreas de la administración pública o los poderes que pudiéramos considerar secundarios, lo de Ricardo Mejía ocurre en un área extremadamente sensible del gobierno, la de seguridad pública, que al menos en teoría, deberían entenderla todos, aun los que no son iguales a nadie en el mundo ni la historia, los de la 4T, donde la obediencia debe ser ciega en todos los casos y en todo momento, pues lo contrario, la desobediencia, solo puede ser calificada como traición.

A Andrés Manuel se le ha acusado en múltiples ocasiones de dejarse llevar por sus vísceras. Ha habido varias recopilaciones, algunas bastante simpáticas, de las palabras, expresiones, epítetos que ha utilizado el presidente para referirse a sus opositores, desde pasquineros inmundos y fifís, hasta la que usted quiera, y si embargo cuando quiere, puede mostrarse sumamente prudente.

Es el caso con Ricardo Mejía Berdeja. Cuando se refirió a sus cualidades como servidor público, lo puso por los cielos, pero cuando hubo de recriminar su falta de respeto a los resultados de la encuesta para seleccionar candidato de MORENA al gobierno de Coahuila, lo trató más que decentemente, aunque con una frialdad que haría temblar de pavor a muchos de los que conocen bien al presidente.

Los medios de comunicación capitalinos recogieron imágenes de Ricardo Mejía cuando trataba de ingresar a Palacio Nacional, donde quería mostrarle al presidente sus propias encuestas, en las que obvio, sale como el verdadero machuchón, lo atendió un subalterno, probablemente el único que estaba despierto a esa, la hora de la siesta macuspana. Nos queremos imaginar que allí le dieron instrucciones, que no acató, también queremos pensar que más de un intermediario del presidente, quizá hasta el secretario de gobernación, han hablado con él para pedirle que le baje a su rollo, y a nada ha hecho caso, a nada y a nadie, ni al mismo presidente cuando a través de indirectas muy claras, ha dicho que MORENA ya eligió candidato, y no es Mejía Berdeja sino Armando Guadiana Tijerina.

No es que a López Obrador le ocupe mucho ni poco lo que sucede en Coahuila, tiene un listado de prioridades en las que la sucesión acá, tal vez ni aparezca, o si lo hace, es muy pero muy abajo, cuando ya por aburrimiento de tanta bronca, se desentienden de lo demás. Lo que sí no puede permitir es que cualquiera de los que consideraba cercanos, repetimos por el área estratégica que ocupaba, se le trepe a las barbas, y que lo haga delante de todos, brincándose a todos, incluyendo aquí a los órganos de control y gobierno de MORENA, de presidente para abajo.

¿Qué le puede pasar a Mejía Berdeja?, de entrada que saquen su expediente a relucir, que le ventilen sus pecadillos y pecadotes desde que era priísta hasta que llegó a MORENA y lo hicieron subsecretario, pueden revivir aquello del MC y la venta del padrón electoral, lo del financiamiento de su precampaña, cualquier cosa que lo va a dejar peor que a pollo desplumado.

A lo mejor él no lo sabe, pero por lo que le pueda servir aquí va, Díaz Ordaz era un enemigo perfecto, López Obrador es un enemigo perfectísimo… pregúntele Ricardo a sus víctimas.

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