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¿Deveras quieren a Tesla?

 BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni .-

Elon Musk es definitivamente uno de los hombres más relevantes y de mayor impacto en este principio de siglo XXI, de la talla, quizá, de Steve Jobs o de Bill Gates, y quede claro que estamos hablando solamente de dos aspectos en los que los tres coinciden: el primero el haberse desarrollado en el ámbito de la alta tecnología, y el segundo, no menos significativo, de ser los tres, profundamente capitalistas en su mentalidad y en su manera de hacer negocios, aquí algo se podría decir a favor del fundador de Microsoft, con su fundación y gran cantidad de actividades altruistas que ha desarrollado a lo largo de ya muchos años, que se han traducido en mejoramiento en la calidad de vida de muchísima gente, es más, en la conservación de la misma existencia de quienes se beneficiaron de las vacunas que patrocinó y la educación, pero que nadie se metiera a piratear sus programas, porque les echaba encima todo el peso del capitalismo occidental, que no es poca cosa, buscando que sus demandas multimillonarias sirvieran de ejemplo, más que la mera recuperación de un par de cientos de dólares, o a veces ni eso.

Elon Musk se hizo merecedor de pertenecer a la decena de los hombres más ricos del planeta en la época actual, haciendo negocios en dos campos básicamente, Tesla, fabricante de automóviles eléctricos, con más expectativas de lo que llegará a ser, que lo que ya es en el momento presente, y Space X, firma privada con la que pretende la conquista del espacio, y aunque esta frase parezca tomada de algún programa de ciencia ficción, debería tomarse como un objetivo de orden económico con la misma mentalidad capitalista avasallante, convertirse si no en el número uno en logros de exploración y cosas de esas que caen en lo heroico y romántico, sí en cuanto a convertirlo en un negocio de alta rentabilidad.

Más recientemente Musk compró Twitter, red social con 335 millones de usuarios más o menos activos, en una operación de 44 mil millones de dólares, de la que muchos analistas financieros todavía le están buscando exactamente ¿cuáles fueron las razones para buscarla y concretarla?, puesto que como negocio, es muy diferente de los giros que controlaba Musk, y como aventura, pues es más que arriesgada para alguien como el multimillonario, pues eso de convertir el interés de las personas en comunicarse en dinero contante y sonante, requiere más que genio para los negocios, los otros negocios. A lo mejor lo que quería Musk, interpretación nuestra, era mayor presencia, más popularidad, pero que además le produjera réditos similares, si no es que superiores, a sus otras inversiones, que nadie está para servirle de medio de comunicación a la humanidad a cambio de nada.

De sus otros negocios se sabe poco, fuera de círculos especializados. Que si es un patrón exigente, que es perseverante como pocos, que tiene lo suyo de visionario, lo que usted guste. Pero de las cosas no tan buenas está lo que se cuenta de la base de lanzamiento que Space X tiene en el sur de Texas, casi en la frontera con México, en la desembocadura del Rio Bravo.

Lejos de querer que se convirtiera en un sitio turístico o de peregrinación de los freaks de la ciencia y la exploración espacial, la zona está prácticamente vedada al acceso de extraños. Los vecinos se quejan de la afectación, de la pérdida de valor de sus propiedades, de que tener una empresa glamorosa allí junto no les ha reportado más que complicaciones y problemas que hubieran preferido no tener. Sí, que padre que de allí despeguen cohetes y allí aterricen de regreso sus prodigiosas naves, pero los riesgos, el ruido, la contaminación, y el trato despótico no compensan.

Pero cuando Elon Musk compró Twitter fue cuando se reveló como lo que verdaderamente es, un patrón como tantos otros, ocupado en el dinero, la productividad, y poco más. La diferencia con cualquier otro caso radica en que Twitter es una red social, una empresa de comunicación dedicada precisamente a eso, a que la gente se comunique, comenzando por los que trabajan, o trabajaban allí, quienes se encargaron de dar cuenta puntual, pelos y señales del trato que les llegó dando.

Es cierto, todos ellos, en tanto millenials, tenían una manera de pensar muy particular, difícil de entender para mucha gente de generaciones anteriores, pero propia y funcional, además, eran gente con ciertos rasgos de genio y gusto por hacer las cosas a su modo. ¿Y llega alguien a exigirles que se ajusten a reglas y procedimientos, a horarios, como si estuvieran en una línea de producción?, pues como que no fue muy bien recibido. Musk llegó corriendo a muchos empleados, imaginamos que después de un análisis puesto por puesto, a los que no echó a la calle les leyó la cartilla, nada de home office, había que estarse allí, donde el jefe los viera, debían dedicarse no ocho horas sino de cuerpo entero a la empresa, entre otros detalles que lo menos, parecieron exagerados, y la gente, que motu proprio daban eso y más, por las malas no, así que le renunciaron en masa. Twitter todavía está en que si levanta vuelo o cierra, nomás no se entienden con el nuevo patrón.

Y bueno, tardado pero aterrizamos en México, en el norte de México y en el proyecto que estuvo en el aire de que Tesla estableciera una “megaplanta” para la producción de automóviles eléctricos en nuestro país, tan moderna y grande como las que tiene en Estados Unidos, China y Alemania, si no es que aun más ambiciosa en cuanto a tamaño y producción.

Desde que se comenzó a manejar la versión, no hubo estado que no soñara con la posibilidad de que su territorio fuera el elegido por los directivos de Tesla, con la intervención directa del dueño o sin ella.

El ser elegidos entre 32 significaba un reconocimiento como pocos a las ventajas económicas de esa entidad por sobre las de cualquiera otra. Todo bien hasta allí, la sana competencia, no tan sana, entre los gobiernos estatales y municipales, y la mano negra de la federación moviendo sus hilos para atrapar a la empresa, que obvio, se dejó querer.

En días pasados Samuel García anunció, con elementos o careciendo de ellos, que la planta de Tesla era para Nuevo León, algo que no gustó a López Obrador, quien recomendó que se ubicara en el sureste, Tabasco para más datos, o en Hidalgo, o Estado de México, cerca de su faraónico Aeropuerto Felipe Ángeles, y allí andaban de la greña con eso, hasta que Elon Musk, que es el dueño de la inversión le dio a escoger al Presidente entre Nuevo León y La India. Obvia fue la decisión que tomó.

Y nosotros preguntamos ¿realmente queremos una planta de Tesla aquí?, decimos aquí por la cercanía de Saltillo con Monterrey, y el detonante de viejas y nuevas empresas que abastecieran a la planta armadora. ¿Realmente nos gusta ese estilo de hacer negocios, de tratar a los empleados, de lidiar con la competencia, de convivir con las ciudades y poblados vecinos?, sí, de que habría una mayor derrama económica, eso es obvio ¿pero a qué costo?, ¿seríamos más felices viviendo “la vida loca” que imponen las líneas de producción más eficientes del planeta, en las que las personas son meros engranes?, lo dudamos mucho.

Cierto, a todo se acostumbra uno, hasta a ser una pieza de un mecanismo, cobrar por ello, y al rato ser sustituida por una pieza nueva, cuando hayamos agotado nuestra vida útil. ¿eso es lo que nos enamora de Tesla?

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