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Saltillo para ricos

   

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Nos sorprendió, quisiéramos decir que gratamente, pero más bien todo lo contrario, una nota aparecida en los periódicos de Saltillo hace pocos días. El delegado del INFONAVIT decía con todas sus letras que no, en la capital de Coahuila ya no había vivienda barata para los trabajadores, simplemente a los desarrolladores de fraccionamientos no les sale, no les interesa, no les reditúa construir para ese segmento de la población que vive, o se las ingenia para vivir, con ingresos menores a los diez mil pesos mensuales.

Muchas veces nos hemos preguntado, aquí mismo en estas páginas, ¿cómo le hace la gente para sobrevivir con los exiguos salarios que pagan las empresas?, se nos antoja una verdadera proeza el estirar los pocos cientos de pesos que pagan, para comprar todo lo que hace falta para llevar una vida razonablemente cómoda, o déjese lo cómoda, que esté por encima de la línea de la penuria.

Hemos hecho cuentas aquí, comparando lo que cuesta, por ejemplo una barra de pan Bimbo, un refresco de 600 mililitros, una bolsa de papas industrializadas, ya para no hablar del indicador universal que es una hamburguesa “Big Mac”, que se utiliza en muchas partes del mundo para estimar la relación horas necesarias/compra de la tal hamburguesa. No, resulta que si se compra uno las papitas, o dos gorditas, o dos tacos, o una torta, más su respectivo refresco, porque está prohibido por el mismo sistema económico llevar un vaso y llenarlo de agua de la llave, eso no le conviene a nadie, ni al que se la toma, ni mucho menos a los que venden embotellada y la fabrican.

Uno ve a los proveedores de todo tipo de marranillas en las oficinas públicas, y también negocios privados, los días de quincena cobrando cantidades fuertes de dinero, a veces del 10 o del 20% del sueldo que cobraron los que durante la semana o la quincena le entraron con buen diente a los antojitos, a los cuales es casi imposible resistirse. Súmele a eso lo del transporte, ir y venir al trabajo usando el transporte público es costosísimo para la población con ingresos del nivel que lo requiere, aunque los que están un poco mejor no les sale más barato, llenar el tanque de gasolina de un carro es muy caro en proporción con el ingreso, y eso que todavía no comenzamos a hablar de detalles como surtir la despensa, pagar la renta, comprar una casa…

Con un ingreso de diez mil pesos, según el delegado del INFONAVIT, cada vez es más difícil para el trabajador aspirar a comprar una casa de lo que es el nivel más bajo “de las que manejan”, de entre 350 y 550 mil pesos. ¿Y pues cómo no?, si de ese dinero hay que comprar todos los satisfactores que se requieren para medio irla pasando, lo que queda es bien poco, difícil que se pueda destinar ese escaso remanente a hacerse de un patrimonio, y no porque uno no quiera, sino porque no hay quien se lo acepte.

Pero somos de la idea de que lo que está fallando, para no variar, es el sistema, que aun en países como este que cuando no ha sido de izquierda ha sido paternalista y proteccionista, campea a su gusto y conveniencia.

Comenzando con lo que comemos y bebemos, era para que por todos lados hubiera bebederos, los había cuando éramos chicos hace bastantes años. En Estados Unidos los hay en tiendas, los hay en parques, en la vía pública, uno oprime el botón y sale agua potable y purificada, ¿en México?, en México hay que hacer negocio, y aun las personas más modestas tienen que adquirir sus “botellines” de agua, que por supuesto que son bastante más costosas por comparación con el precio que paga uno por el agua entubada que llega al domicilio, digamos, varios miles de veces.

También está la posibilidad de llevar una botella de plástico, una cantimplora como las que nos mandaban a nosotros a la escuela; lo mismo con el “lonche” el costo de un bolillo más la untada de frijoles, de margarina, o mermelada es mucho menor que lo que pueda uno comprar en las tienditas y cooperativas. Pero a uno lo ven mal, si le manda preparado el lunch al niño, mejor que lleve dinero para seguir moviendo el sistema, y de por allí comienza el vicio.

Nos habla el delegado del INFONAVIT de los desarrolladores, a los que no les conviene construir “viviendas baratas”, y pues sí, ¿cuánto se lleva de utilidad un constructor por una casa de medio millón de pesos, le gusta la mitad, el 40%?, claro, ninguna empresa constructora, para el caso ninguna empresa es hermanita de la caridad, no es entonces de balde que lo que están vendiendo y lo que está comprando el trabajador, es mucho más caro que la mera suma de los costos de los materiales, está allí una ganancia que no es poca, y que es el motor de que existan como negocio.

Siguiendo el patrón de los alimentos que puede uno elaborar, del líquido que puede uno acarrear desde su casa para abaratar el costo de alimentarse en el trabajo o en la escuela, algo así debería hacerse con las casas.

Dijimos hacerse, pero la expresión correcta debería ser recuperarse, porque así se hacían las casas antes, ¿las de quiénes?, las de generaciones y más generaciones de seres humanos, nuestros ancestros. Lo que sí es ineludible es el costo del terreno, que también en nuestro Saltillo y en sus municipios conurbados ha entrado en el ámbito de lo prohibitivo, hacerse de unas pocas decenas de metros cuadrados de terreno, y ahora sí, ir fincando a cómo va uno pudiendo, no echando mano de las grandes empresas constructoras para realizar la casa de ensueño que todos quisiéramos, sino de poco a poco, auxiliándonos entre vecinos, entre familiares, entre comunidades.

Así se hacía antes, hay antecedentes de que en un solo día se levantaban las paredes, de madera o de piedra, se hacía el tendido del techo por los vecinos que daban la bienvenida a la nueva familia o pareja, y ya lo que se iba agregando era de poco a poco, pero lo que es el pie de casa, eso se hacía de volada, lo importante es que quienes iniciaban una nueva vida, no carecieran de ese mínimo patrimonio que es tener donde meterse.

¿Cuándo se perdió eso?, pues cuando irrumpió la oportunidad de hacer negocios grandes y gordos con la necesidad de la gente, hasta esa sabiduría perdimos, la de cómo construir unas paredes, como aislarlas, cómo tender un techo para cubrirse desde el principio, sin tener que vivir esclavizado pagando renta, que a eso precisamente equivale, una esclavitud moderna. Lo peor de todo es que las cosas, lejos de mejorar, van a empeorar todavía más en el futuro próximo.

Cada vez los fraccionamientos estarán más lejos, las casas más caras, la calidad más baja, las mensualidades eternas, aun aquí mismo en Saltillo, donde las casas mal hechas del centro y de los barrios se ve que las hicieron sus habitantes con la poca o mucha ciencia que tenían, su trabajo y sus ganas. ¿dónde van a vivir los futuros obreros de Tesla y sus empresas subsidiarias?, como no sea que los quieran expulsar hasta General Cepeda o Parras, y eso mientras no se conviertan en sitios donde los directivos construyan sus casas de descanso. Ante eso ni modo, no nos quedará más que volver a acarrear piedras y ponerlas unas sobre otras.

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