El que la anda buscando, es porque la trae perdida

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

¿Quién tiene la candidatura en la bolsa? (Foto de debate)

Por alguna razón se nos vino a la memoria aquella frase atribuida a Santiago Laborde, un político de altos vuelos que en algún momento antes de la debacle de la alternancia y del casi fallecimiento del PRI, llegó a ser su presidente nacional. Decía Oñate que, tratándose de elecciones y de cargos de elección popular, y también de designaciones a posiciones en la estructura gubernamental, que el que la anda buscando, es porque la trae perdida.

Esta frase por lo general suele aplicarse a aquellos que andan haciendo todo lo humanamente posible, y un tanto también lo inhumano, para que el dedo elector, sí ese que ya no existe pero sigue vivito y coleando, se fije en ellos y los señale para poder elevarse sobre el resto de sus congéneres.

Es cierto por lo demás, es imposible de comparar la actitud de quien sabe que tiene una candidatura o una designación en la bolsa, que aquellos que andan tras precisamente eso, y es que la certeza y la seguridad nunca han sido las cualidades distintivas del sistema político mexicano, al contrario, parece que se regodean los políticos de arriba, los que deciden, en tener a sus subalternos en ascuas, pendientes de cada una de sus palabras y gestos, casi de sus estornudos, en los que buscan la señal de que finalmente, han resultado favorecidos, o que todavía no, les toca seguir haciendo talacha partidista, a ver si con suerte, en algún futuro la selección, recae finalmente en ellos.

Pero también la frasecita tiene aplicación en la medición de la conducta de los electores, que como le costa a todo grillo, y a bastantes periodistas y analistas de la cosa pública, son bastante veleidosos.

Puede un tener la mayor de las certezas y resulta que a la hora buena de emitir su voto, los ciudadanos se inclinan por alguien totalmente distinto a aquel al que le habían manifestado sus simpatías. ¿Cuántas veces las encuestas, las meta encuestas, las encuestas de encuestas, no dan por triunfador a alguien de cierto partido, y resulta con que al final, le negaron el voto. Y como ya pasó la elección, y comienzan a desatarse otros intereses y otros temas, el análisis queda para otro momento, o quizá para ninguno.

Es de llamar la atención que en los comicios recién pasados, había tres o cuatro candidatos que como una de sus actividades principales y cualidades de que presumen, era la de ser influencers, youtubers, instagramers o algo así. Los partidos que los postularon pensaron que por esa característica, la de nadar en redes sociales como delfinas en las urnas del Estado de México, tendrían un número importante de sufragios, en comparación con candidatos más tradicionalistas, y hete aquí que no, los electores salieron con que también ellos son muy tradicionalistas, sí, las redes sociales están muy bien para echar chacota en ellas, pero para llevar una cara bonita al congreso, hay su diferencia. Por eso es por lo que es tan complicado el tema de la información electoral.

De las cosas que vimos en esta campaña, del lado de la Alianza, o más bien del lado del PRI, porque es el PRI el que siempre ha echado mano de esos recursos, fue el extremado celo que puso la estructura partidista para tratar de vaticinar el resultado de la elección ¿cómo?, presionando, algunos opinarán que de más, a sus simpatizantes y militantes.

A lo mejor está bien, y somos nosotros los que andamos con pruritos que no vienen al caso, puede ser, también a nosotros se nos van las chivas a veces, pero también es una realidad que vimos gente nerviosa, muy nerviosa, hasta enojada, de tanta presión a la que la estaban sometiendo.

Desde siempre hubo aquellas tristemente célebres listas, eran una verdadera lata porque había que anotar aparte del nombre y dirección de la persona, el seccional al que pertenecían y el número de la credencial de elector, como si este le sirviera de algo a alguien y pudiera hacer algo con él, ah y el número de teléfono y su firma.

Primero la lata de andar molestando a familiares, compañeros de trabajo, amigos, conocidos, algunos de quienes lo hacían con gusto por compartir preferencia partidista, pero otros ponían cara de circunstancias, se hacían del rogar, y así como había quienes doblaban las manos para ser apuntados en la famosa sábana, había otros que de plano decían discúlpame pero no, a veces acompañado de una explicación y otras ni siquiera eso, y el resentimiento se quedaba para mucho tiempo.

Aquellas listas las llevaba el meritorio con muchísimo entusiasmo con su contacto en el partido, quien si acaso les dedicaba una mirada de lo más superficial, solo algún morboso o morbosa repasaba los nombres de los que llevaba, usted sabe cómo son las cosas en los pueblos ¿no me digas que conoces a fulano o a fulana? Fue mi compañero desde el kínder, vivía en mi misma cuadra, o alguna referencia por el estilo, pero luego de tanto papel, terminaban metiéndolo en un folder cada vez más gordo. Según esto, de allí seguía un análisis, el cual no nos consta pero nos imaginamos, se restringía a, ver cuántas hojas había, eso lo multiplicaban por el número de renglones, y ya con ese dato “duro” se apersonaban con el candidato para decirle: aquí está, señor candidato, estos son los votos que tenemos seguros para la elección.

Ya con eso en la mano, el candidato se sentía confortado con ese colchón de sufragios seguros, hasta donde algo así puede ser seguro, tranquilidad que le duraba hasta la siguiente crisis, y de nuevo a apretarle a la estructura, de coordinador de campaña para abajo: más simpatizantes registrados, más votos comprometidos, más listas, más todo.

Sabemos que la política es una guerra de nervios, el candidato y los que están cerca de él, tienen todo por ganar y mucho por perder, es entendible que estén preocupados por el triunfo o la derrota, ¿pero porqué transferir esos nervios a los votantes?, como que es una presión que no le representa ningún beneficio, una satisfacción infinitesimal a quien emite su sufragio por el partido, y a quienes con trabajos les dan las gracias, eso cuando se acuerdan o su bonhomía se los dicta, que no es demasiado frecuente.

Como le decíamos líneas arriba, nos consta que a la gente, a su gente la pusieron de punta. Ese domingo 4 estuvieron duro y duro con que hicieran las llamadas, las cuales diligentemente hacían, y usted sabe cómo son las cosas, todos somos iguales ¿no conozco el número?, no contesto, y si contesto, ¿qué quiere, porqué tiene mi teléfono, no me moleste? Para colmo repartieron los nombres a como les dio dios a entender, otra cosa hubiera sido si fueran los conocidos que cada quien aportó.

Está bien el entusiasmo, pero no hay que exagerarlo, porque terminan molestando, dejando un feo sabor de boca y con escasas ganas de volver a participar en una elección apoyando de esa manera ¿lista?, ¿plataforma?, no, disculpe, no puedo.

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