Indigentes

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

(Fotos de Newsweek)

La nota apareció hace algunos días en medios de comunicación de la capital, y no dejó de llamarnos la atención que esto esté ocurriendo en el estado de Coahuila, en pleno siglo XXI, sobre todo cuando el discurso político de todos los partidos y gobiernos es la atención a las personas que se hallan en el parámetro denominado pobreza extrema, que desafortunadamente, obedece más a los eufemismos a los que los políticos nos tienen acostumbrados, que a una descripción estricta de lo que está ocurriendo.

Decía la nota que se ha incrementado en un161% la presencia de indigentes en el estado de Coahuila, siendo posible hallarlos en 29 de los 38 municipios de una entidad que se presume de progresista, y de ofrecer toda clase de oportunidades de empleo, claro, a aquellos que se interesen en aceptarlas, y que cumplan con los requisitos para ello, que suelen ser los esenciales, nada fuera de este mundo, pues los empleadores están más interesados en completar su plantilla laboral, que en llenar expedientes a satisfacción de alguna autoridad de esas que rara vez se aparecen para revisar.

Según la nota firmada por Magdalena Guardiola, y según las fuentes oficiales a las que recurrió, en Coahuila hay en la actualidad 434 personas en situación de calle en nueve municipios, y si se toma como referencia el año 2021, en que había 166 personas, el incremento es el citado 161%, que es lo que llama la atención.

Sobre este tema de los indigentes hay varios elementos que considerar. Para empezar con que Coahuila tiene una población de tres millones 147 mil habitantes, si pensamos que solo 434 se encuentran en lo que se ha dado en llamar situación de calle, realmente es una proporción mínima.

El asunto importa porque, por ejemplo, en los Estados Unidos se tiene estimada una población de “homeless”, personas sin una casa, que viven en la calle, es de 582,462 personas, que para una población, según el censo de 2021, de 331.9 millones de personas… nos da una referencia bastante similar a la que tenemos en el estado de Coahuila, con nuestros menos de 500 para tres millones. Podría considerarse que se trata de una mera casualidad, aunque tal vez no, y la similitud en el parámetro obedezca a una distribución similar en el comportamiento poblacional, casi como si se tuviera que dar cumplimiento a un patrón, que por cada millón de habitantes tuviera que haber una proporción dada de homeless, que rondaría entre las cincuenta y las sesenta personas.

(Foto Radio Zócalo)

Por lo menos en Saltillo, los indigentes se han convertido, o tal vez siempre han sido, parte del paisaje urbano. Normalmente se les podía encontrar en las cercanías de las iglesias católicas, fuera de las cuales recolectaban limosnas para satisfacer sus necesidades más elementales, aunque esto es un decir, porque nos tocó presenciar en repetidas ocasiones cómo los indigentes eran “clientes” de determinados negocios de comida en las distintas calles de Saltillo, a los cuales se acercaban y de inmediato eran servidos con alimentos y bebidas de los que expenden en ellos, y lo entendían tanto como una acción de caridad, que como una medida para que se retiraran de las cercanías del local, para no echarles a perder la llegada de clientes que sí pagan. Hombre, hasta cigarros hemos visto que les entregan, y se sientan un poco más allá para fumárselos con total parsimonia, casi como si nada debieran, que quizá sea esa la realidad, que nada deben.

En Europa sobre todo, y en menor medida en Estados Unidos, se suele hablar de el loco del pueblo, normalmente una persona en situación de indigencia que forma parte del paisaje de la ciudad, se lo toman los otros habitantes como si se tratara de una mascota, no se nos ocurre llamarle de otra manera, por lo general no es gente violenta, sí pueden ser algo molestos, y aunque en México y ahora vemos que también en Coahuila se ha disparado el número de personas que se ven orilladas a vivir en la calle y sostenerse de la caridad pública, que a veces sustituya con creces un salario en un empleo remunerado, pero bueno, esas son distorsiones de nuestras sociedades, sí, suelen percibir bastante dinero por el solo hecho de estirar la mano, pero cuántos de entre nosotros aceptaríamos cambiarnos por ellos, ponernos en su situación, recibir alimentos gratuitamente, con la condición de dormir a la intemperie.

Ahora que hemos tenido oportunidad de pasar por la Clínica 2 del Seguro Social, ubicada sobre la avenida principal de Saltillo, bulevar Venustiano Carranza, es notorio que hay gente durmiendo en el suelo, o en unos espacios elevados, pero en el vil concreto. A veces se trata de migrantes, no de los que piden dinero, sino de los que siguen su camino con lo poco que traen, ni dan tiempo para aceptar lo que se les ofrece, a la hora que despiertan, enrollan la cobija en la que se envolvieron, y se van para continuar su viaje, de ellos se sabe poco o casi nada, salvo que un día están en Saltillo y al siguiente ya no. En cambio hay los otros, que siendo migrantes se quedan, pero que aprovechando las distorsiones de las que hablábamos antes, perciben suficiente dinero como para vivir de aquello que puedan comprar en tiendas de conveniencia, aceptando el hecho de que ni es lo más nutritivo, ni tampoco son las que tienen precios más económicos, pero el dinero que viene fácil, igualmente fácil se les va de las manos. Con lo que reciben a diario podrían aspirar a regularizar su situación migratoria, legal y hasta laboral, en vez de persistir en situación de indigencia, en la que por otro lado, les suele ir bastante bien.

Solo de pasada conviene mencionar que existen bandas que controlan a los indigentes, no a todos, algunos de ellos sí son auténticos, pero el resto están reclutados, son adiestrados y funcionan muy bien para convencer a las personas que pasan por dónde se instalan, para soltarles algunas monedas, no en pocas ocasiones, solo les falta quitarse la camisa para entregárselas a personas que ninguna necesidad tienen de ella.

Total que no, no sabemos qué se pueda hacer con los indigentes, como tampoco sabemos qué se pueda hacer con los migrantes, con los enfermos mentales que son abandonados en las calles, con los indígenas que son explotados por vivales que los arrancan de sus pueblos, embarazan a las niñas para que tengan un hijo que pueda despertar la piedad de quienes aflojan el dinero de la limosna.

Como comentamos, vale la pena examinar la cuestión estadística, ¿es realidad eso de que por cada millón de habitantes haya o tenga que haber una persona en situación de desvalimiento, sin hogar y sin techo?, eso nos estaría condenando a ciertos patrones conductuales que escapan al análisis usual de las sociedades.

Por lo pronto cada vez son más indigentes ¿ya sabe qué actitud tomar frente a ellos? ¿darles dinero, no darles? ¿ofrecerles algo en especie, so pena que ni siquiera lo acepten o lo tiren, porque les resulta poca cosa? Lo cierto es que allí está el fenómeno y no sabemos bien a bien cómo lidiar con él, aunque está creciendo ante nuestros ojos.

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