Una idea «Trenebunda»

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

De nueva cuenta estamos con nuestros traumas: a la hora en que al presidente de la república se le ocurrió la brillante idea de reactivar, esa es la palabra que utilizaron, siete líneas de ferrocarril, no mencionó a Saltillo. ¡Una vez más el gobierno federal nos deja fuera de sus proyectos!, nos deja fuera del progreso, nos deja abandonados a nuestros propios medios, ¡que gran tragedia!, y a nosotros que nos corre tinta por las venas en vez de sangre, se nos ocurre preguntarnos ¿y de veras es tanto como dicen, una tragedia?, al contrario, diríamos nosotros estar contando nuestras bendiciones, concretamente que el presidente Andrés Manuel López Obrados no nos contemple entre sus consentidos, beneficiarios, carne de cañón, y demás, porque para él, todos los mexicanos, excepción hecha de los coahuilenses a los que no nos toma en cuenta para nada, son piezas en su tablero de ajedrez político.

Haciendo algo de historia, de historia personal propia y compartida por bastante gente de nuestra generación, pues sí, allí estaba el ferrocarril “El Coahuilense”, que hizo la ruta de Saltillo a Piedras Negras por un lapso bastante corto, diez años a partir de 1988, que ni nostalgia debería causarle a nadie, y “El Regiomontano”, que este sí, fue mucho más duradero, pues operó de 1882 hasta 1997, cuando se dio la privatización de los Ferrocarriles Nacionales y se abandonó por parte de sus compradores el servicio de transporte de pasajeros, para dedicarse exclusivamente al traslado de carga.

El Coahuilense nunca lo tomamos, el Regiomontano alguna que otra vez. Ambos eran servicios de transporte para cierto nivel social hacia arriba, no eran lo que pudiera llamarse un medio de transporte para las clases populares, pero bueno, de lo que se está hablando de momento es del restablecimiento del servicio de pasajeros, suponemos que en algún momento se comenzará a tratar el asunto de si va a ser de tercera, segunda, primera, especial, de lujo, o los célebres polleros.

Tomar el Regiomontano en la estación de Buenavista en la Ciudad de México era el comienzo de un viaje que duraba algo así como quince horas de recorrido, en una época en la que, por carretera, viajando en automóvil, se recorrían los 850 kilómetros en algo así como diez horas, ya había su diferencia. En ambos casos podían ocurrir retrasos, eso es algo fortuito y casi obligado en las carreteras y con los trenes mexicanos, pero si todo iba como se debía, el tren tardaba un 50% más de tiempo que el carro o el camión.

Habrá gente que viaje estrictamente por placer, que no le importa ni la hora de salida ni la de llegada, ni el tiempo de trayecto, pero estos son principalmente escritores, porque lo que es el común de pasajeros, los que van por trabajo, y sobre todo los niños, que solo por aquella frasecita que pasa de generación en generación de “ya llegamos”, se tienen ganados varios años de estancia con todo pagado en el purgatorio, y en casos extremos, en alguno de los círculos del infierno.

El transporte de Saltillo a México y de regreso está, para la mayoría en función del tiempo, pero también en función del costo. ¿Era más barato viajar en tren que en camión o venirse en su propio carro?, de esto sí que ya no tenemos datos, pero salvo la conveniencia de que si viajaba uno de noche, y tenía dinero para un camarote, podía darse el lujo de dormir, más o menos cómodamente, hacer sus comidas calientes en el vagón restaurante, pero las otras opciones, más económicas, realmente no eran tan placenteras, llegaba uno molido, torcido, sudado, hambreado, cansado en una palabra. 

¿Pero, por qué nos estamos centrando en la competencia del tren con el carro?, desde hace décadas que existe también la opción del transporte aéreo, y allí sí que el ferrocarril no tiene nada que ofrecer en comparación, salvo que estos no tienen accidentes de aviación, como aquellos no se descarrilan, una por otra.

El vuelo de Saltillo a México, cuando lo hay, es de una hora, más los tontos ¿dije tontos?, sí tontos tiempos de espera a que obliga la aerolínea y la autoridad aérea, total, representa un par de horas, más el tiempo de traslado, y aquí sí que los saltillenses sufrimos por el asunto de ser el pato feo de las ciudades del norte, porque aun con las conveniencias de ubicación, mercado y demás, las líneas aéreas gustan de viajar de Monterrey a México, o a Houston, o a Guadalajara o a donde sea, y a la capital de Coahuila la tienen en el total olvido, solo usan el aeropuerto Plan de Guadalupe cuando hay mal tiempo o alguna otra clase de problema en el Mariano Escobedo de Monterrey, allí sí, las pistas locales les vienen al puro pelo.

Aun con la hora y media de traslado, una hora de espera y la de vuelo, es mucho más cómodo el traslado vía aérea entre Saltillo y México para los saltillenses. Mucha gente que trabaja y vive en esta o aquella parte, hace el traslado semanalmente o con mayor periodicidad, claro, con las situaciones y complicaciones normales, pero si se desmañana para tomar el primer avión de la madrugada, está en México antes de la hora del tráfico. Que es caro… pues depende, a veces hay unas ofertas sorprendentemente económicas, y a veces se dejan caer con unos precios de escándalo, pero de que conviene más, es innegable.

Si nos dijeran: se va a reactivar el Regiomontano, y van a estar en su destino de ida o regreso en quince horas… es más, se la ponemos barata, porque dicen que quieren invertir, o que alguien invierta miles de millones en convertirlo en una vía de alta velocidad, con trenes ídem… de todos modos va a estar difícil que los ejecutivos, las familias, la gente que viaja pues, se avenga a usar un medio no solo obsoleto, sino literalmente olvidado.

Que el presidente les está haciendo mano de cochino a los empresarios que tienen las concesiones: o presentan un plan para reactivar el tren de pasajeros, o se las quitan, y le entra el multiusos Ejército a hacerse cargo del proyecto final del sexenio lopezobradorista. Y pues para pronto que no quieren soltar un negocio en el que han invertido cantidades ingentes de dinero, aceptaron presentar un proyecto para contentar al presidente, y tenerlo así a su gusto de enero hasta que se acabe su mandato, pues es el plazo que graciosamente les concedió.

Desde nuestro punto de vista, lo del trenecito no es ningún problema grave, si acaso un poco molesto. Quizá López Obrador lo que quería era fregarlos bien y bonito, pero el negocio del ferrocarril es uno que tiene doscientos años o más de funcionar. ¿Sabe cómo lo haría yo, y cómo lo harán los concesionarios?, muy fácil: ¿quieren un vagón de pasajeros, dos, tres, diez? Nomás engánchenlos, no están exigiendo ruta exclusiva ni vía para ellos solos ¿o sí?, entonces solo con enganchar el vagón de camarotes, el carro restaurant, los de primera, segunda y tercera, hasta les podrían hacer el favor de acomodarlos no muy cerca de las locomotoras por aquello del ruido y la vibración, ni tampoco atrás de las tolvas que lleven algún material que huela feo o sea demasiado polvoso.

Pero bueno, todo esto es hipotético, no creemos que el sexenio dé para tanto ya, para reactivar las siete líneas de ferrocarril exigidas por el presidente, para bien o para mal, nos pasan por alto, démonos de santos.

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