El deleznable chapulineo legislativo

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Los ingenieros, bueno, los científicos que desarrollaron ese método, le llaman ingeniería reversa. Es algo bastante complejo, y por supuesto para que funcione como se espera y como lo ha venido haciendo en múltiples casos debe aplicar procedimientos muy bien establecidos, si no para otra cosa, para no regarla, no romper algo que luego no pueda repararse.

Hoy la ingeniería reversa es una maravilla, ¿y cómo no iba a serlo, si cuando les cae algo entre las garras a los ingenieros, hay la posibilidad de desentrañar una cantidad enorme de secretos industriales, militares, de materiales y cuanta cosa, que por otros medios, espionaje incluido, costarían una fortuna, o de plano no se lograrían obtener?, por eso le han metido dinero a desarrollar los procedimientos.

Recordamos el caso quizá más relevante de lo que se conoce ahora como ingeniería reversa. Se relaciona con el caso del piloto Viktor Belenko, quien desertó hacia los Estados Unidos en 1976, llevándose lo que entonces era la joya más valiosa del arsenal aéreo de la Unión Soviética, un avión caza Mig 25. Pese a las exigencias, amenazas, negociaciones de parte de los soviéticos para que se les entregara el avión, aunque se quedaran con el piloto que seguro sería juzgado y ejecutado como traidor, los estadounidenses se tomaron su tiempo para hacerlo, quede claro que nunca dijeron que no lo iban a hacer, pero no antes de examinar a detalle el aparato. Y tan lo examinaron, que según crónicas de la época, se los devolvieron a los rusos… en cajas, luego de haberlo desensamblado parte por parte, pieza por pieza, hasta su mínima expresión.

De esa manera los norteamericanos conocieron, se apropiaron de la tecnología de sus enemigos, fuera para copiar lo que les fuera útil, y aunque no, para desarrollar aviones y armas con que neutralizarlo de la mejor manera en caso de enfrentamiento. Mejor regalo no les pudo dar Belenko a los vecinos, con eso se ganó su protección y hasta la ciudadanía. Por cierto, y aunque pocos lo recordaran, Viktor Belenko falleció el año pasado a los 76 años de edad, luego de una vida totalmente alejada de los reflectores, que con todo derecho se ganó.

Bueno, pues la ingeniería reversa también tiene, o debería tener aplicaciones en las ciencias sociales, particularmente en las ciencias políticas, para tratar de entender por qué pasan las cosas que pasan, o más bien cómo es que llegamos a donde estamos, y los hechos que precedieron ese estado de cosas.

Nos interesa como teoría y como posible práctica, porque en este inicio de año acabamos de presenciar, ser víctimas sería lo más correcto, de los enésimos casos de chapulineo político, refiriéndonos a lo acontecido en el congreso del estado de Coahuila, en la inauguración de la Sexagésima Tercera Legislatura, a la que no llegan todos los que deberían llegar.

Los hermanos Flores son muestra clara del deleznable chapulineo político en Coahuila.

¿Deberían llegar?, efectivamente, los que deberían llegar porque estas personas fueron electas por el pueblo en las urnas en el mes de junio de 2023, como sus representantes, y resulta que un par de ellos, si no es que en cualquier chico rato se les suman más, deciden no asumir el cargo por así convenir a sus intereses, ¿está feo llamarles mezquinos intereses?, realmente nos importa poco.

Durante meses, si no es que años, se dedican a buscar un puesto, concretamente ese puesto de elección popular, lo ganan porque lograron convencer a los electores de que, de todas las pocas o muchas opciones que se les presentaban en la boleta, y todavía más antes en el proceso interno, si lo hubo, y en la rebatinga previa, eran los mejores perfiles para desempeñarse en el congreso como diputados, y con la mano en la cintura, con el moño colorado y la manita puesta aquí, como diría Chava Flores, piden licencia.

Esto desde nuestro punto de vista es una falta de respeto, es una bofetada a Juan, Diana, Patricia, Roberto, y los cientos o miles de personas que sufragaron por él y no por cualquier otra persona, habiéndose comprometido como seguro lo hicieron en uno o varios de sus discursos y documentos, a aceptar la encomienda y no abandonarla durante los tres años de su duración. Y no. resulta que eso que querían, no era lo que realmente querían, así que quieren otra cosa.

Que no somos ingenuos, esto no es ninguna novedad, deserciones el mero día de asumir el cargo hemos visto muchas, y todas y cada una de ellas nos han caído en la punta del hígado, allí donde se junta con el páncreas, allí mismito, y es que el mensaje que están transmitiendo es que los electores, desde el primero con apellido que empieza con A hasta el último que comienza con Z, les valen sorbete… o no, porque no pocas ocasiones la defección tiene el objetivo de buscar otra posición política, unas de designación en el gabinete del gobernador, o al Congreso de la Unión, que por esas cosas del calendario que en Coahuila no termina de unificarse con el de la federación, permiten al que recién resultó electo postularse para un puesto que perciben como superior, no tanto en relevancia para nada y para nadie, sino por la tallada que le da a su ego.

Sí, ser diputado federal o senador es más que ser diputado local, aun presidente de la legislatura, pero si de lo que se trata es de representar, lo mismo lo hacen en un congreso que en otro, e influyen más en el local que en el federal, pero cada quien y su gusto por este tabique y no otro que les queda chico todavía sin cobrar la primera quincena.

Somos de la opinión que la legislativa es una carrera atractiva como pocas, o podría serlo. En Estados Unidos hay representantes y senadores que se reeligen por treinta años o más, más bien los reeligen sus electores respaldando el trabajo que realizan por ellos, ¿Quién va a saber más, un legislador con décadas de experiencia, o un advenedizo que al rato va a querer ser alcalde, gobernador o presidente?

En México ya hay la posibilidad de que se reelijan los diputados, bueno, pues el primer requisito para merecer ese privilegio ha de ser el de cumplir con su período, acudir a las sesiones, y ya luego las iniciativas presentadas y aprobadas. Pero no, es demasiado pedir.

Comenzamos hablando de la ingeniería reversa. ¿Cómo ocurrió, Qué pasó para que alguien que fue electo al congreso se decida a aceptar el llamado del gobernador para ocupar un espacio más o menos bueno en su gabinete, para buscar una alcaldía o una diputación federal? ¿Se vale que utilicen la campaña de diputado local como mero escaparate para exhibirse, mientras consiguen otra nominación y se lanzan a otra campaña?, si lo que quieren es que los vean, que se pongan en una plaza o consigan un programa de televisión.

Nosotros, ciudadanos, deberíamos hacer ingeniería política reversa, para advertir quienes nos van a traicionar al no terminar, al no empezar siquiera con su responsabilidad, ya nos han visto la cara demasiadas veces, y la verdad, no resulta nada agradable.

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