El Pueblo de Xicome, donde empezó la inseguridad

Por: Dr. Eugenio Deister Mateos.

Panorama en blanco y negro de un pueblo minero en una colina, con casas y estructuras visibles en el valle.
Real de Minas, Chihuahua. Créditos: El Sol de Chihuahua.

Xicome es un pueblo imaginario ¿o tal vez existente? situado en el sur-oeste del Estado de Chihuahua, imaginario por lo que fue y representó y existente en la memoria, pues a partir de 1960 fue desapareciendo, no físicamente porque socialmente aún existe y fue creciendo en todos los ámbitos, menos en el que más lo distinguió su notoria hospitalidad derivada de una tranquilidad social incomparable e innata datando de casi a 4 siglos, de su fundación.

Pero se desencadenaron a fines de los 50s  y principio de los 60s el inicio de  violentos acontecimientos, (asesinato de un cajero del Banco Nacional de México en 1957) que la sociedad en un afán equívoco fue normalizando, así de forma inconsciente-ausencia de consciencia, está imagen y realidad de tranquilidad se fue socavando día a día, mes con mes y año con año, con la verdadera causa, vía fuertes rumores de boca en boca como suele ser, (pueblo chico infierno grande) hoy la percepción y concepto de ese tiempo de tranquilidad y seguridad ya no existe, claro si se es sincero. Ya casi nadie recuerda o quiere aceptar que se perdió, y algunos pocos que si tienen memoria, lo justifican al afirmar «eran otros tiempos» vivir en el pasado es perjudicial, además ¿a quién le importa el pasado?

Recientemente mi mente divagó, realicé un viaje en retrospectiva a hace, 66 años, a un lejano pasado, era septiembre del año 1960, yo era alumno de la preparatoria federal, llegaba a la puerta de la preparatoria diariamente a las 6:50 hs de la mañana, pues vivía en una población situada a 24 km, y junto con mi hermano tres años menor, tomábamos el camión de los mineros que salían del turno de la noche de 23:00 hs a 6:00 a.m. Alcanzábamos el camión a las 6:10 a.m en el tope de la carretera de terracería que pasaba a unos 15 metros de la entrada a la colonia donde vivíamos, llegábamos  a Xicome y dejaba a mi hermano a dos cuadras de su secundaria, y a mí a cuatro cuadras de la prepa federal, enfrente de ella se encontraba la casa editorial del periódico El Correo de Xicome, diario que salía a la venta justo afuera de esa editora a las 6:40 de la mañana, lugar en el cual yo la adquiría por cinco pesos, ese día lunes de fines de septiembre el encabezado, hablaba del asesinato de un sargento del destacamento del cuartel militar y del jefe de veladores y/o seguridad de la compañía minera de la población en la cual yo vivía.

Esta ejecución fue llevada a cabo el sábado anterior, en la carretera de terracería, en el trayecto entre dos minas de la mencionada compañía, la razón por la cual murieron juntos, tanto el sargento como el jefe de seguridad, fue porque cada sábado viajaban juntos a realizar visitas a los veladores-guardias de tres de las minas, que en apego a un convenio bilateral de apoyo otorgado por el ejército a la compañía.

A cambio la compañía apoyaba con mantenimiento del cuartel, vales de despensa y atención médica a las cinco familias del destacamento militar.

La gran pregunta del diario era; por qué asesinaron a los dos, y también se preguntaban si se tenía que alcanzar esa saña. Ya que hasta el momento se habían contabilizado 75 impactos de bala al carro en el que viajaban, lo que si destacaba era el tiro de gracia al jefe de veladores. ¡No había congruencia!,  claro hasta ese momento de las indagaciones. Lo que siguió transformó a la región, y jamás volvió a ser igual, está se fue desmoronando llevando consigo a la sociedad y  población en general, tanto en lo moral [no a esa moral  que cita la religión] sino una más contundente; la falta a la moral, que alcanza una ausencia de justicia civil y social se hizo presente de manera irreversible, dio inicio ese año, permaneciendo hasta la fecha.

Descendió esa ausencia de moral en lo concerniente a impartir justicia a los que la infringen en y de forma expedita; su descenso fue vertiginoso, en franca caída libre hasta desaparecer por completo la moralidad, y ser sustituida por la impunidad, para garantía de todo perpetuador de crímenes.

Fotografía en blanco y negro de un antiguo edificio industrial con vehículos estacionados y líneas de electricidad visibles.
Mina Prieta Hidalgo del Parral.

Es de entenderse que todo esto no lo dimensioné ese año de 1960, al leer la nota de la publicación en ese mi medio local, tenía yo escasos 15 años de edad y por cumplir ese noviembre los 16, lo que si  se me quedó grabado en la mente  ese día para la perpetuidad, fue que al ingresar a la prepa y al área de la secundaria, había gritos de cuestionamiento y acusación a un alumno de tercer año cuyo papá era diputado federal, y los rumores de su involucramiento eran insistentes, yo no entendí ni cómo ni  por qué, al salir a las 10 a.m al receso, este hijo del congresista rechazaba las acusaciones, juraba no comprender nada y menos creer que su padre tuviera algo que ver.

Yo lo conocía bien cuando el fue alumno del Instituto Francés de la Laguna  en el internado para alumnos foráneos de Gómez Palacio, Durango de 1958 a junio de 1960, población donde se ubicaba el Instituto; iba él en un grado inferior al mío en la secundaria, él se me acercó ese día y preguntó que pensaba yo? le respondí, no tengo ni idea de que se trata, eso le dio cierta tranquilidad, sin embargo ya para el otro día, el martes se publicaron las incidencias del atentado, al igual yo me enteré de otros detalles; respecto al jefe de seguridad ultimado, se comentó en casa que, además de ocupar ese cargo en la compañía minera, donde laboraba mi padre, su hijo era amigo de mi hermano menor el más chico, 7 menor que yo, y que varios de esos sábados anteriores al homicidio los dos amigos habían acompañado al jefe y al sargento en el recorrido de las minas en los cerros aledaños a nuestro pueblo.

Por alguna razón en este fatídico sábado no los acompañaron, ahora las reseñas periodísticas regionales señalaban que el jefe de seguridad  había sido hasta cuatro meses antes, agente de la judicial federal en el Estado y había renunciado o fue cesado a raíz de un enfrentamiento armado entre dos familias en las afueras de Xicome: ahí murieron varios miembros de cada familia, ese señalamiento no me sirvió de nada y tampoco a la mayoría de la población.

Días después apareció un artículo haciendo la correlación con la matanza, pues por primera vez gavilleros habían ejecutado a un miembro del ejército y sobre todo a un sargento, por esa razón urgía aclarar el incidente, porque peligraba la permanencia de la autoridad municipal, estatal, e incluso el Secretario de la Defensa Nacional. Hoy pienso, la muerte por asesinato de un sargento de la milicia en esos años era inadmisible, ¿cómo fue que transitamos a normalizar el homicidio de un militar desde ese grado, y llegar al de generales, secretarios de seguridad estatales, algún federal y hasta sub-secretarios de la Procuraduria General Federal y  Secretarios de Gobernación?

Un niño con sombrero y manta en una aldea del norte de México, con casas y caminos de tierra alrededor.
Pueblo minero de Santa Bárbara. Creditos: Publicación de Pancho Villa.

¿Será que como sociedad nos convertimos de alguna manera o muchas, en socios, de la delincuencia organizada y hoy pertenecemos a su consejo rector compartiendo el gobierno del pais?

A los siete días de la terrible matanza, cuando Xicome parecía aún mostrar consciencia, arribaron a la capital del estado; tanquetas, helicópteros, un batallón de policía montada dirigidos por un general de división, designado por el Presidente en turno y el Secretario de la Defensa Nacional, su objetivo era, «peinar» la sierra sur-oeste de Chihuahua hasta capturar a los sospechosos, en número de siete [gavilleros]. La misión exitosa,  demoró dos semanas. La sorpresa fue que ningún gavillero sobrevivió, si se rindieron tres, pero “lamentablemente se dieron a la fuga” y fueron muertos por el batallón; el pueblo sabio preguntó: ¿les aplicaron la ley fuga? La respuesta del general que dirigió la misión respondió, con una rotunda negación, entonces preguntó un periodista local de Xicome si durante ese breve cautiverio, confesaron el nombre del autor intelectual y material.  La respuesta inmediata fue: “no logramos en el interrogatorio obtener esa información!”.

Así las cosas se declaró ¡colorín colorado el cuento se ha acabado!

Pero el escaso pueblo necio, sabio, y con sentido común, se negó a aceptar esa abominable conclusión, una ignominia que ofende la inteligencia.

Pues a pesar de que se inició la voluntaria autocensura nacional, regional y local, se regaron rumores como incendio en un paraje de hierba seca semidesértico, esos que abundan en los estados norteños, que sí el autor intelectual y material era el diputado federal por Xicome, qué si estaba en contubernio con los agricultores y /o  ganaderos de la región, sucedía que varios de ellos eran miembros de esas dos familias que se habían confrontado a balazos cuatro meses antes, y es que, secreto a voces, era que los cultivos de algodón de los 50s habían pasado a la marihuana y a la amapola en los recientes cinco años, desde luego meros rumores ¡calumnias!, clamaban los dueños de los ranchos.

Una de las malas lenguas, no se sabe al día de hoy quién fue, se atrevió a señalar que la renovación del nuevo Santuario de Guadalupe de Xicome, que costó varios millones, se construyó con las ganancias de los nuevos giros de cultivo y sus productos de  comercialización emanados de la agricultura de la región.

El grito en el cielo fue inmediato, por parte de los principales comerciantes y agricultores, ya que casi todos habían contribuido a la mencionada renovación, e incluso le solicitaron al sacerdote, Abad del Santuario que dictará y  excomulgara a quienes incluso lo hubieran sugerido.

Se entrevistó en el periódico local y radiodifusora, al muy respetado clérigo, él de inmediato afirmó no conocer los elementos de la acusación y ofreció de inmediato reunirse con el contador y jefe de la obra, de manera que en un tiempo máximo de dos semanas, iba a rendir cuentas a la sociedad en pleno, por conducto de estos mismos medios de comunicación.

Dicha rendición y aclaración de cuentas no se llevó nunca a cabo, y dio pie a argumentar qué el sacerdote no quiso mentir y caer en perjurio.

El Abad pidió unas merecidas vacaciones al obispo del estado, lo cual de inmediato le fue concedido, por un período de treinta días, a su regreso, solicitó comprensión de los medios y  feligreses para dedicarse y concentrarse en los temas de la fe, prometiendo que en breve tiempo el obispo, en manos de quién recaía esa responsabilidad, entregaría su reporte al Arzobispo Regional y al Cardenal en la capital federal. Hasta donde se sabe hoy, dicho reporte no se compartió con la población local de Xicome o con los feligreses del Santuario, los cuales no lo esperaban y menos anhelaban, ya que para ellos su fe se sustenta en los lineamientos y directrices de la Arquidiócesis.

Imagen en blanco y negro de una calle de un pueblo, con edificios y montañas al fondo.

El general que dirigió la operación militar de captura y decidió el destino de los gavilleros se convirtió en breve tiempo en el gobernador del estado, el diputado federal, agricultores y comerciantes de Xicome benefactores del Santuario, permanecieron gozando del respeto y reconocimiento de la sociedad de Xicome hasta la fecha actual. El religioso Abad del Santuario murió  de cáncer de páncreas, unos pocos años después del atentado, el rumor proveniente de los pocos feligreses reflexivos, afirman que su salud se deterioró, y en realidad murió de decepción, de un corazón roto, al haber sido engañado, por ingenuo.

Al sargento ultimado, se le condecoró postmortem y el ejército otorgó una pensión completa vitalicia a favor de la familia, al fallecer en el cumplimiento de su deber militar.

Al jefe de seguridad asesinado, la compañía minera le concedió una pensión vitalicia para tranquilidad de su familia, o sea a sus deudos, pues murió en sus funciones laborales, al igual los beneficios y pago de un seguro de vida que la compañía minera de propiedad extranjera en esos años contrataba para un jefe de seguridad.

A la pregunta obligada de ¿quién los mató?, podemos equiparalo, como respuesta a lo plasmado en la obra teatral,

“¿Quién mató al Comendador?”: fue Fuente Ovejuna mi señor.

Como reflexión final: ¿representa Xicome exclusivamente una población del Estado de Chihuahua?

Tomado el nombre Xicome de la poesía, 1968 ; México, Xicome, Cómeme, del Poeta, Héctor Olea, Arquitecto, poliglota, activista, Movimiento Estudiantil de la UNAM, 1968 y amigos.

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