BAILE Y COCHINO…
por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Hasta hay una canción de Joaquín Sabina que dice
Ese tipo que va al club de golf
si lo hubieras visto ayer
Dando gritos de «Yankie go home»,
coreando slogans de Fidel.
Hoy tiene un adoquín,
en su despacho,
del muro de Berlín.
Ese mismo que tanto admiró
la moral estilo soviet.
Por un catorce por ciento cambió,
la imaginación al poder.
Desde que a Hollywood,
llega una línea,
del metro de Moscú.
Esa es la versión poética, hay otra mucho más realista y amarga, la de algunos académicos, a quienes vimos respirar por la herida cuando decían que a los 18 años todos los jóvenes son revolucionarios, pero los que lo siguen siendo a los cuarenta son unos… y allí agregue usted la palabra que más le ofenda, y tanto que el editor pueda sentirse tentado a censurarla, de tan dura, descarnada y grosera que es la verdad.
Viene a cuento el asunto porque por estos días la Universidad Autónoma de Coahuila vive una modesta asonada de jóvenes revolucionarios, a los que desde mi particular punto de vista, les falta sustancia. Un poco como aquella definición, si no recordamos mal, de Carlos Castillo Peraza, cuando se refirió a los miembros del panismo acá en el Estado de Coahuila, que por aquellos años vivía una revuelta que más parecía cáncer, luchando contra sí mismos, que eran como un molusco sin concha.
¿Cómo es un molusco sin concha?, eso habría que preguntárselo a algún biólogo marino, que nos diera las características de los seres de este filo del reino animal, y al viejo líder cuáles de esas transfería a los panistas de aquellos años noventa, pero a la luz de los años transcurridos, y viendo lo que venía pasando antes y lo que ocurrió o dejó de ocurrir después, había un panismo aguerrido en el estado, que al menos en algo contribuyó al triunfo de dos candidatos que llegaron a presidente de la república.
Lo importante para el caso que estamos comentando es saber si los moluscos pueden seguir vivos cuando no tienen concha, o si ésta les es indispensable para su sobrevivencia. Lo decimos por el caso de algunos seres que se apropian de las conchas abandonadas por otros, expulsados o fallecidos, que las dejan, y que, como todo en la naturaleza, más pronto que tarde son aprovechadas por alguien.
El movimiento estudiantil que por algunos días tomó los dos cuerpos de bulevar Venustiano Carranza, impidiendo el tránsito de norte a sur y de sur a norte, en supuesta protesta por la elección de rector de la Universidad Autónoma de Coahuila, de alguna manera nos recuerda lo del molusco. Son blandos, carecen de una estructura ósea interna, su supervivencia depende de la protección que les ofrece su concha, y están expuestos a los elementos y depredadores.

Nos llamó la atención la oportunidad con la que se dio el movimiento. Los tiempos de la sucesión en la rectoría de la UAdeC estaban dados desde hacía años. Los calendarios suelen ser muy claros, por más que se puedan presentar variaciones, de acuerdo a la convocatoria que emita el Consejo Universitario, que tampoco vamos a ser ingenuos, lo hace a propuesta del rector anterior y presidente exoficio, y aunque quisiera no puede prolongarse indefinidamente.
Si había un proceso en marcha ¿qué ganas de intentar descarrilarlo?, eso más que un ataque a la Universidad, lo era al gobierno del estado, al que se intentó presionar para que lo cancelara o lo difiriera en tanto se resolvía el conflicto artificialmente creado.
La opción para los integrantes del movimiento, como para cualquier otro universitario, incluyendo a aquellos con pretensiones de aspirar a la rectoría, era muy simple: movilizar a todos sus simpatizantes y a todos los que estuvieran en contra del candidato único, mover a todos los apáticos, ya ve que también empiezan desde chiquitos para convertirse en los abstencionistas del futuro, para que se pronunciaran para lograr su objetivo de que el consejo universitario llamara a nuevas elecciones, y ahora sí, atendiendo al resultado, incluyera algún otro conjunto de reglas para salvar aquellas que motivaron la protesta.
Pero no, lo que querían era reventarlo, que desde la oficina del gobernador o desde la secretaría de gobierno dijeran, vamos a suspender el proceso mientras se calman las aguas.
A nivel de pura especulación ¿cuál era la probabilidad de que Manolo Jiménez u Óscar Pimentel, o los dos, consideraran que esa era la mejor opción para solucionar un conflicto que además, se limitaba a unas pocas decenas de personas, no todos ellos universitarios inscritos, y cuya única estrategia era la toma del bulevar Carranza, por demás, más exitosa que la que había sido la tónica durante décadas, posesionarse de plaza de armas, pues la vía es la principal de Saltillo, y causa un perjuicio a decenas de miles de personas.
Total que decidieron que no, la universidad decidió que no, el proceso seguiría, se tomarían las medidas de seguridad para evitar cualquier incidente, y de los resultados obtenidos, se procedería a evaluar la nueva situación, con rector electo y luego con rector en funciones.
¿Y qué hicieron los protestadores durante este tiempo, largos días, todavía más largas noches, sobre todo en fin de semana? Nada…
Era para que estructuraran un pliego petitorio, como si su papel, como el de tantas otras protestas de tantos otros movimientos antes que el suyo, fuera el de pedir o exigir, y no el de proponer y ofrecer. Cada uno por su cuenta, metido en su tienda de campaña, por equipos, en conjunto, en cónclave, en asamblea, era para que hubiera salido no uno, una docena de documentos explicativos, teóricos, formulaciones ideológicas, líneas de acción, vías discursivas, ¿qué se yo?
Y nada. Tecleamos estas líneas cuando nos enteramos que unilateralmente el grupo de protestosos había decidido cancelar la reunión con las autoridades para días más tarde, brincando el fin de semana, que al parecer, ya le agarraron gusto a dormir en el fresco de la noche saltillera en las escaleras de rectoría, donde sí que sopla el aire y cala el frío, como si las inclemencias del tiempo y el desvelo activaran las neuronas como para emitir algo en concreto que argumentar ante las autoridades universitarias que se llevaron la sorpresa de la posposición, y no que estuvieran felices de aventarse otra plática insustancial.
Y como comenzamos, sí, está bien ser revolucionario, es obligada parte de la formación universitaria y del desarrollo intelectual, pero hay que tener algo contra qué protestar, la protesta así vacía los ha dejado en una evidencia de lo más lastimosa, dejándoles solo el recurso, como dicen ellos, de pedir perdón y retirarse calladamente.

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