Acuérdate de los acuerdos

BAILE Y COCHINO…

Por: Horacio Cárdenas Zardoni.-

¿Se acuerda hace algunos años, cuando el municipio de Arteaga saltó a las primeras planas de los periódicos nacionales y de varios países del mundo, ocupando también espacios importantes en los noticieros televisivos, y en los aun incipientes noticieros virtuales?, muy probablemente no, y eso será no porque la cuestión no sea importante, sino porque constituyó una vergüenza para la profesión periodística y para las empresas de medios de comunicación, que no quieren ni acordarse ellos, ni que nadie más lo haga.

El asunto fue este, una señora, habitante del pueblo que ni siquiera era mágico todavía, de Arteaga, saltó a la fama porque dijo que… estaba embarazada, lo cual no es ninguna novedad en un mundo sobresaturado de seres humanos, pero lo que sí lo era, es que dijo que estaba embarazada de octillizos.

De repente Coahuila, México y cierta parte del mundo se volvieron locos ¿cómo era posible que una mujer fuera a dar a luz a ocho escuincles de un solo golpe?, la especie humana no es muy proclive a los partos múltiples, que desde luego se dan, pero más como una excepción que como regla.

Los que se consideran normales son los alumbramientos de gemelos, pero ya más de tres se considera excepcional, y bueno… ocho, estaba casi para ser incluida en el libro de récords Guinness.

Es cierto que con los tratamientos de fertilidad que se han puesto de moda últimamente, los partos múltiples se han vuelto más comunes, pero también, se quedan en los dos o en los tres, nada tan espectacular como un octeto.

Luego la historia se puso más interesante, pues la señora vivía en condiciones de pobreza extrema, se advertía un nivel educativo muy bajo y una inteligencia poco para presumir, pues con más ganas se interesó la gente en el caso, muchos fueron los que se manifestaron con ganas de ayudar, con dinero, con pañales, alimento, con becas, y cuanta cosa, para que nada les faltara a los ocho niños que estarían por nacer.

Aquello duró una semana o más, hasta que a alguien se le ocurrió preguntar ¿bueno, y qué dicen los médicos?, ¿quién es el médico que la está tratando y en qué servicio de salud?, y ¡oh sorpresa! y vergüenza, de todos los que se habían colgado de esa noticia, nadie se había ocupado de corroborar que fuera cierta, es decir, que la señora realmente estuviera embarazada.

De hecho nadie lo dudó por su apariencia física, bastante rotunda, pero una comprobación documental, un eco que enseñara a la audiencia, algo, de eso, nada.

Ya luego comenzaron a dudar hasta de la salud mental de la presunta, aunque también hubo sospecha de una maquinación fraudulenta, todo para querer tapar el hecho de que se les habían ido las patas, perdón por el tecnicismo, a todos los colegas, por no comprobar el elemento principal de la nota, que hubiera de veras un embarazo y que este fuera múltiple.

No vamos a mencionar a Joaquín López Dóriga, pero hasta él se fue de bruces con este caso, al que tanto jugo creyeron los medios que le iban a sacar, y nomás nada. A enterrarlo.

Viene a cuento la anécdota porque la semana pasada el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación finalmente dictaminó que respecto del caso ventilado ante el Instituto Nacional Electoral, de un pacto entre el Partido Revolucionario Institucional, el de Acción Nacional y el entonces candidato a la gubernatura y hoy gobernador, Manolo Jiménez Salinas, realmente no había nada que decir, nada que tuviera un interés jurídico electoral para ninguno de los actores involucrados.

Marko Cortés y Alejandro Moreno. Acuerdos.

El que metió las cuatro patas allí fue Marko Cortés, presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PAN, quien hizo la acusación pública de que el gobernador coahuilense no estaba, o no había honrado el pacto que había firmado, él en su calidad de ejecutor, pues asumiría el poder ejecutivo del estado, pero auspiciado por la dirigencia del Partido Revolucionario Institucional. Aquello fue como lo de la señora, algo de lo que no debió hablarse, en primera instancia porque no debió existir, como documento escrito, y luego nadie debió salir a decir que no le habían cumplido con lo pactado.

Realmente hay que ser muy ingenuo. Toda la gente que pacta busca fijar las condiciones de su participación, si estas no le convienen, tan simple como que no le entra. No vamos a decir que la negociación sea sencilla, más bien al contrario, sobre todo tratándose de partidos políticos que durante décadas han sido antagónicos y que si ahora se han juntado es porque les salió un enemigo más fuerte que se los llevó de encuentro a ambos, si no existiera MORENA o no fuera tan poderosos, el pleito entre perros y gatos, entre priístas y panistas, seguiría existiendo como siempre, sino es que habría escalado en los niveles de odio, del discurso y hasta los hechos.

Hombre, si hasta los niños, a la hora que se reparten los roles y las responsabilidades en un juego, dicen esto me toca a mí y esto te toca a ti, luego vienen las explicaciones, yo soy el dueño de la pelota, yo soy el único que trae celular, el cargador es mío, yo soy el que mete goles, mi papá es el que nos trajo, todo entre en la negociación, hasta cosas que a los de fuera tomarían como motivos para sonrojarse, todo sale a relucir.

Ahora en una negociación política, no solo aporto mi membrete, también traigo tantos más cuantos votos, yo me encargo de neutralizar esto o aquello, tu encárgate de lo de aquí y lo de allá. Caray, pensar que lo que ocurrió con Manolo y las dirigencias partidistas del PRI y el PAN, era la primera vez que pasaba, es una ingenuidad.

Lo único gacho que podría reclamárseles, y se los reclamaron, es que no invitaron al PRD, a lo mejor porque les dio lástima lo poquito que les iban a dar, en proporción directa a lo que ellos iban a aportar, claro, ni para que llamarlos a sufrir mortificaciones desde antes.

Lo que dictaminó el Tribunal, ratificando lo que opinó el INE sirve como precedente. De aquí en adelante los pactos adquieren carta de legitimidad, ya que no de legalidad, porque carecen de ella, pero en todo caso debe reconocerse su existencia, por más que se guarden su contenido, y esto más por la vergüenza que les signifique a unos y otros lo que conceden y lo que piden, lo que negocian y lo que valoran.

Okey, se ventiló, Marko Cortés quedó como su cara, mostrándose como un político indigno del nombre, que nomás no sabe o no entiende las reglas del juego y que terminó perjudicando el desempeño que tendrá la coalición en Coahuila en los próximos comicios. De que los pactos seguirán existiendo, como han existido siempre, no le quepa ninguna duda, lo que sí hay que hacer es, como en las familias “bien”, enseñarle a sus grillitos que hay cosas que no se dicen delante de las visitas, así sea para que no nos saquen los colores a la cara.

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