BAILE Y COCHINO…
Por: Horacio Cárdenas Zardoni

Imagínese que va usted a consulta con el médico, y este le escribe la receta con faltas de ortografía, que al hablar dice “haiga”, que no le salen las cuentas de la dosis del medicamento que le está prescribiendo. De la letra fea no le decimos nada, porque es sabido que los médicos la tienen horrible, pero con que el de la farmacia le entienda, con eso basta.
Eso en cuanto a formación muy básica y elemental, lo de primaria o hasta preescolar, pero imagínese que el doctor al que está usted consultando no conozca lo que debería de fisiología, de anatomía, de farmacéutica, y de las materias de la especialidad que le está yendo uno a consultar…
Lo peor que le puede pasar es que se muera, bueno sí, pero también está la posibilidad de que su padecimiento empeore, que le hayan dado las medicinas para algo que no tiene y le provocan otra cosa que no tiene, se han dado casos, muchos.
Ahora imagínese o acuérdese si ya le pasó, que usted solicita los servicios de un abogado, y que este profesional del derecho no sabe redactar una demanda, un amparo, una petición, y que cada vez que las presenta se las rebota el secretario del juzgado, mientras, está usted en la cárcel confiado en que lo van a sacar, y gastando un dinero que espera que haga el milagro, y nada.

Piense usted en un contador, y lo sacamos a colación apegándonos al principio de que un golpe al bolsillo duele más que una patada en salva sea la parte. Uno contrata al contador no porque no sepa contar, sino porque sabe, se supone, acomodar los gastos y los ingresos de tal manera que pague uno la menor proporción de impuestos posible, o de preferencia ninguno. Esa es la verdad. Un contador hacha, que se sepa las leyes y los procedimientos, le cumplirá con creces, en cambio uno que no sepa… lo dejará encampanado, teniendo que pagar lo que no es su obligación.
¿Y sabe dónde se aprenden todas estas cosas?, exactamente, en la escuela. En la escuela donde el profesor es el primer filtro, el primer encargado en determinar si el alumno va aprendiendo las cosas que se exige que domine, o de plano no las sabe, que carece de capacidad para ello, que no le interesa, que lo que sea.
Siempre hemos dicho que los médicos, en sus consultorios, en vez de poner los diplomas de todos los cursos, congresos y seminarios a los que han asistido, deberían poner sus boletas de calificaciones, su Kardex y su certificado de estudios, con promedio. Porque los títulos más que pare informarle a la gente acerca del médico, lo que hacen es ocultarlo, porque le dan título al que cubra todos los créditos, sin importar si lo hizo con seis o con diez.
Obvio que uno querría que todo médico que lo atiende, todo contador que le lleva sus cuentas, todo abogado que lo asesora, cada ingeniero que le construye un cuarto, sea de diez, ¿pero cuántos de ellos lo son? De hecho es más probable, según una distribución normal en una campana de Gauss, que le toque en cada camino de la vida uno del montón, que uno de los mejores, y uno esperaría que los peorcitos… que a esos no les dieran el título y los mantuvieran alejados del ejercicio profesional, pero no es el caso.
Nos llamó la atención, mucho y enojosamente, la noticia de que la Secretaría de Educación de Coahuila no reprobará a nadie en este ciclo escolar. A nadie, todos los niños pasarán al grado inmediato superior, amparados, ahora sí que como dice el presidente López Obrador, en el cuento de que todos merecen una oportunidad de aprobar.
¿yo que sé?, pero si hiciéramos una traspolación simple de los resultados de la prueba PISA, esa que aplica cada tres años la neoliberal, conservadora, fifí Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, en la que vez tras vez, México obtiene los peores resultados de entre los países miembros, al sistema educativo nacional, tendríamos que solo un cinco por ciento de los alumnos merecen calificación sobresaliente en matemáticas, español y ciencia. El 60% o más, no saben nada de nada, no saben leer, no entienden lo que leen, no saben las operaciones aritméticas elementales, no tienen dominio sobre las cosas más simples de nuestro mundo, ¿y merecen pasar? Y los pasan.

Dice el secretario de educación del estado que esto no es problema, que más bien obedece a un modelo, nuevo, de educación integral, que bla, bla, bla… será que somos nosotros demasiado anticuados en estas cosas de la educación: va uno a la escuela a aprender, y aprende porque aprende, o no pasa de año hasta que lo aprenda. Duro, rudo, cruel, pero así era y así medio funcionaban las cosas.
Ahora no, ahora van a la escuela a ver si aprenden, y si no aprenden, no hay problema, que es algo integral y que lo que no le entró en la sesera producto del proceso educativo formal, a lo mejor le entra viéndolo en internet, o viendo videos en Tictoc, o Reels en Instagram, ¿uno qué sabe?, nuevos métodos educativos.
A ver si cuando le estén instalando una válvula en el corazón, el médico de seis, ese que pasó sin saber lo que debería en tercero o en quinto año de primaria, no se equivoca y la pone al revés. Lo mismo para el caso de su abogado, de su ingeniero, de su sicólogo, su contador.
La escuela es para filtrar, para que la gente alcance calificaciones mínimas para su desempeño profesional y social, si no sirve para eso igual podemos cerrarlas, o que los alumnos no acudan a ellas, total, con que lleguen a los doce años se les da su certificado, aunque no sepan nada de nada.
Mal andamos rindiéndonos a la mediocridad. Pobre de la gente que necesite un profesional en veinte años, cuando estos aprobados de lástima sean profesionales desempeñándose en un mundo para el que no están preparados por el solo hecho de que ni siquiera lo conocen.

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