La plaza liberada

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Atrás quedaron las demandas ciudadanas para liberar la Plaza de Armas.

Una de las primeras decisiones y acciones implementadas por el gobernador Manolo Jiménez Salinas fue la reapertura al público de la plaza de armas de Saltillo.

Pocos fueron los medios de comunicación que lo comentaron. Donde sí hubo opiniones, no las suficientes en nuestra opinión, fue en las redes sociales, y es que para bien o para mal, era poca la gente interesada en si el que era uno de los paseos por excelencia de los habitantes de la capital, estuviera abierto o estuviera cerrado. Y no porque Saltillo esté dotado de plazas públicas y parques por todos lados, lejos de ello, pero lo que sucede es que el clima es tan poco amable en nuestra ciudad, que invita poco a pasar el rato al aire libre, si a eso le agregamos que lo que es el centro histórico de Saltillo tiene pocos habitantes permanentes, pues no, la plaza de armas no es un destino predilecto de la gente de estos tiempos, en épocas anteriores sí lo era, pero entre una cosa y otra, se había perdido, lo habíamos perdido.

Todo fue que los profesores de la Coordinadora de Trabajadores de la Educación del Estado de Coahuila se posesionaran de una parte, mínima hasta eso, de la plaza de armas, para que el entonces gobernador Miguel Ángel Riquelme Solís tomara la decisión de, primero que nada desalojarlos, y después de eso, poner vallas permanentes para que ni ellos ni ningún otro grupo de presión volviera a ocuparla.

Todavía recordamos una entrevista que se le hizo a Fernando de las Fuentes, que entonces despachaba como secretario de gobierno del estado, quien dijo que no, de ninguna manera se trataba de impedir el uso de la plaza por parte de los saltillenses, que lo que se estaba haciendo era proteger a la población, pues el gobierno estatal, con el concurso del municipal, estaban participando en un proyecto de remozamiento de la plaza de armas, que ameritaría una seria intervención del espacio, además de la inversión de muchos millones de pesos.

Que si la gente le creyó al Diablito de las Fuentes o no, ese es otro cuento, lo que sí fue un hecho es que la plaza permaneció cerrada, como también que nadie dio un zapapicazo para arreglarle algo a la tal plaza, ni en las partes de adoquín, ni en las de mármol que se pusieron en tiempos de Rogelio Montemayor, ni en las jardineras, ni a las estatuas de las ninfas, ni a la fuente, ni nada.

Fueron varios años, quizá tres, quizá más, en que los saltillenses vivieron privados de su plaza, la más tradicional de todas, quizá la más bonita, dependiendo del gusto de cada quien, pero el hecho es que la voluntad de un gobernante, se impuso sobre el deseo de miles, de que estuviera abierta.

Aun los eventos obligados, como el grito de independencia del 15 de septiembre, se vieron afectados por esta decisión gubernamental, se llegó al extremo de que la ceremonia efectivamente se daba en el balcón central del palacio de gobierno, pero sin público para vitorear a los héroes que nos dieron patria y libertad, según el rito anual, se grababa y se transmitía, pero nada de gente.

El caso es que llegó Manolo y de entrada deshizo el entuerto, pero lo hizo a las calladas. Un día la plaza estaba cerrada, Riquelme era gobernador, al siguiente la plaza estaba abierta, Manolo era el nuevo gobernante.

Creo que esa fue la mejor estrategia para resolver el asunto, no decir nada, no declarar nada, que la gente se fuera dando cuenta por sí misma cuando pasara por allí, o corriendo la voz, pero nada de hacer un asunto potencialmente complicado desde el punto de vista político.

No se trataba ni de decir que su antecesor se había equivocado, que el Diablito le había jugado el dedo en la boca a reporteros y ciudadanos, y que Manolo estaba rompiendo con el pasado, tomando sus propias decisiones, pero sin enfrentamiento.

Retiro de vallas en la Plaza de Armas. (Foto de Vanguardia)

El hecho que lo estemos tocando en este momento, transcurridos seis meses del hecho, viene a cuento porque es algo que en primera instancia no debió ocurrir, lo del desalojo de los profesores en su calidad de demandantes de solución a sus demandas, y el consiguiente cierre de la plaza, que por si fuera poco dio pie a una época en la que abierta y no tan abiertamente, la gente estuvo convencida de que con el gobierno estatal no se podía hablar, ni negociar, ni nada.

El gobierno actual abre la plaza, repetimos que a las calladas, como si no hubiera pasado nada, y en efecto mucha gente será de la opinión de que efectivamente no sucedió mayor cosa. Pero el mensaje que se transmite es que al contrario, la plaza de armas vuelve a ser de los saltillenses, y que están comprometidos a llevar a cabo la talacha política para que no se llegue al extremo de tener un nuevo enfrentamiento físico y verbal entre policías y ciudadanos, que devenga en la cancelación del acceso y paso por la plaza.

Tarde, lo reconocemos, pero está saldada la deuda con la historia reciente de los saltillenses en su relación con sus gobernantes. En el caso en que las cosas vuelvan a ponerse tensas, confiamos en que la capacidad política y de negociación logre salvar la situación antes de caer en excesos que, estos sí, no deben ser olvidados por nadie.

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