TELEGRAMA
Por: Héctor Barragán

Entre las decenas de miles de preguntas aportadas para integrar los debates, por cierto debates muy restringidos, faltaron las más importantes, el cómo haría cada quien labor por atender; el con qué (por si piensan aumentar la gorda deuda cuyo costo limita considerablemente la disponibilidad de dinero) con quiénes, para dirigir y administrar, supervisar y como hacer que el grueso de la población contribuya con información y algunas labores, sin cuyo concurso no habrá resultados suficientes, sistema de estímulos y sanciones para acelerar el trabajo manejados rigurosa y honradamente con igual propósito.
MANIFESTACIONES Y MARCHAS.
Pruebas irrefutables de que existe libertad de expresión y algo de democracia, ambos procedimientos sirven para perder el tiempo y hacerlo derrochar a miles de personas ajenas al propósito de obtener la justicia, que normalmente no logran y en ocasiones contadas logran rebasar.
Medio de hacer mella en la autoridad es la posibilidad abierta de que en una sencilla manifestación o petición se adhieran muchos más y entre ellos elementos perjudiciales y delincuentes que provocan daños, robos, desmanes, agresiones, ofensas, sumamente onerosos y peligrosos, sin que a nadie se responsabiliza ni obligue a resarcir. Es decir que haya tolerancia para el vandalismo y el ocio forzado para los particulares que pagarán de alguna manera a la sociedad y sufrirán en su patrimonio.
Con tantos medios de registro de caras y hechos, no hará falta elaborar un reglamento para el registro de promoventes y participantes para exigir reparación de daños y cobrar como sería de justicia y equidad, pero se recuerda que en los Municipios había la obligación legal de solicitar permiso de llevar a efecto alguna serenata, en ánimo de tener control.
Poner orden en esto ayudaría a recuperar el que no se imparte en la actualidad en los hogares y consecuentemente las escuelas carecen de autoridad para imponerlo. Pero en fin, ahora es otro mundo.

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