¿Por qué hasta el tercero?

Baile y Cochino…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Dice en alguna parte de la biblia que los designios de dios son insondables, lo que traducido, o como nos lo han explicado gente de la iglesia, es que a lo mejor lo que nos falta es capacidad para entender qué es lo que está ocurriendo y por qué, o tan sencillo como que no hemos sido invitados a conocer el significado de las cosas que nos intrigan, lo cual nos hace sentir hasta cierto punto discriminados, pero esto no es algo que suela preocupar mucho a los que saben las cosas y guardan los secretos.

A otros que les da por ningunear a la población, son los políticos y los burócratas.

Esto que le contamos ocurrió por allá en 1990 y todavía nos da urticaria, era secretario de Hacienda Pedro Aspe Armella, como parte del gobierno de Carlos Salinas de Gortari, y a algún reportero se le ocurrió cuestionar al pomadoso funcionario respecto de tal o cual medida que había tomado la administración pública, que resultaba en una afectación directa en los ingresos de la población, en su poder adquisitivo y capacidad de consumo, a lo que Aspe respondió que esas cosas de alta política económica estaban muy por encima de la capacidad de comprensión del hombre de la calle… okey, en aquel tiempo no había esas cosas de la inclusión, dejó fuera que una mujer, de la calle o de su casa, pudiera entender lo que no dejan de ser sumas y restas de pesos y centavos, como tampoco de la comunidad LGBT que ya existía, pero que nadie hacía sujeto para que el gobierno le explicara por qué del golpe bajo a sus finanzas personales y familiares.

Ahora resulta que quienes pagamos los sueldos de los gobernantes, desde el mismísimo presidente de la república hasta el mismísimo barrendero que limpia la calle y el que avienta las bolsas de basura al camión de la ídem, somos nosotros los ciudadanos, pero no se nos concede la capacidad para saber y entender qué es lo que va de la cuestión gubernamental.

Claro que los ciudadanos, sobre todo los que pagamos impuestos, sabemos que el dinero no alcanza para nada, expresión que oculta la triste realidad de que hay que disponer prioridades entre todas las cosas que se necesitan, en función de la capacidad de realizarlas, y antes que eso, la posibilidad de financiarlas. El ideal para todo gobierno, de cualquier época, sigue siendo el atender en igualdad de circunstancias las necesidades de la población.

Todos pagamos impuestos, en la medida de nuestros ingresos, y en función de ello debemos recibir una proporción equivalente de bienes y servicios de parte del gobierno. Hasta allí todo correcto.

Donde ya no es tan entendible para nadie es cuando la gente comienza a darse cuenta que muchas veces paga mucho más de lo que recibe a cambio, preguntándose con toda razón, ¿y a dónde fue a parar el dinero que yo entregué para el sostenimiento del gobierno y de la sociedad?

Allí es donde comienzan las explicaciones, algunos dirán que es donde comienzan a dorarnos la píldora al establecer prioridades de unos sobre otros, contraviniendo la famosa frase de la futura clásica contemporánea, de gobernar sin distingos. Entonces qué procede para los gobiernos ¿hacer un poquito para cada ciudadano, o programar las obras y servicios en respuesta a la aportación que cada grupo social, si no es que cada persona, hizo al gobierno vía impuestos?, son cosas que nunca quedan claras y nunca son fáciles de resolver, y también podemos decir que rara vez dejan a todo el mundo conforme.

Específicamente ahora que el gobierno municipal de Saltillo se decidió a entrarle a la obra más grande de todo el trienio, por su costo, que es la rehabilitación del bulevar Venustiano Carranza, a la que se destinarán, de inicio, cincuenta y siete millones de pesos, cabe preguntarnos, con fines políticos, antropológicos, o mera curiosidad de esa que mató al gato, ¿y por qué hasta ahora?

A nadie se le escapa que estamos en el tercer año del trienio, en del cierre, el de consolidación, y es cuando José María Fraustro tomó la decisión de tirar la casa por la ventana en el equivalente a la novena entrada, si se tratara de un partido de beisbol.

La gran obra del trienio se realiza como parte del tercer maratón de obras, modalidad usada por la administración municipal para efectos de presentación a la sociedad, no fue en el primer maratón, ni en el segundo, que corresponden al primer y segundo año de gestión, se manda hasta el tercero y eso después de la mitad del año, cuando tienen todos los funcionarios un pie en el estribo, por ponerlo en términos bastante coloquiales.

Si quería sacársele raja política a la obra, la hubieran realizado en la primera parte de este año, comenzando en enero, no que se pudiera usar como propaganda política, pero la gente vería las máquinas trabajando y eso por sí solo induce al voto. Ahora que si es por la necesidad de la obra, esta hacía falta hace diez años, hace seis y hace dos y medio que comenzó este trienio ¿por qué esperarse tanto?

También pueden alegar que había otras obras más importantes, o que tenían más años pendientes… a los políticos siempre les gusta mencionar el número de habitantes que se van a beneficiar de tal o cual obra, así el último puente que anunciaron, por allá por el rumbo de Mirasierra y nuevo Mirasierra, dijeron que será benéfico para trece mil quinientos habitantes o algo así, ¿a cuántos beneficiará una obra sobre Venustiano Carranza?, probablemente a dos o trescientos mil personas. Que a lo mejor es que no había dinero y ahora sí hay, puede ser, pero como que no se sostiene la hipótesis, pues los tres maratones han contado más o menos con sumas similares.

En fin, solo es un caso más de lo insondable de los designios que los políticos tienen para con sus gobernados, la verdad, nos preocupa cómo juegan con nosotros, otra cosa sería si se nos explicaran porqué se toman esas decisiones y no otras.

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