BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Luego de tantos años de periodistas, tendemos a repetir algunas ideas y conceptos, incluso algunas frases y citas, ¿qué le vamos a hacer?, mal que bien nosotros sí tenemos un cierto bagaje cultural y algunas pinceladas de ideología, no como otros… pero pedradas aparte, sirva esto para repetir aquella máxima de Winston Churchill, quien con el cinismo que lo caracterizaba, pero no exento de razón, sentenció que la democracia es un malísimo sistema de gobierno, pero los demás son todavía peores.
¿Quién sabe?, a lo mejor la que vivía la Inglaterra de Churchill, una especie muy rara, para nosotros, de democracia parlamentaria monárquica realmente era un sistema de gobierno funcional, uno que satisfacía a la población de su país en aquel tiempo, y que bueno, si a esas vamos, ochenta años después sigue funcionando razonablemente bien, pese a que no tienen empacho a tumbar gobiernos y ministros con una frecuencia sorprendente.
Nosotros acá en México dizque vivimos en democracia, dizque vivimos en una república, dizque tenemos un sistema representativo… porque la verdad de las cosas es que desde hace tiempo y cada vez más, nos da la impresión de que esos sustantivos son meros membretes que le cuelgan a una forma de gobierno que ni es democrática, tiene poco de republicano y de representativo, pues realmente nada para enorgullecerse, para que el ciudadano Juan o Lorena o Jair digan ese es mi diputado, aquel es mi senador.
Si nos los llegáramos a topar, cosa muy poco probable porque no frecuentamos ni de lejos los mismos sitios, lo más probable es que ni los reconociéramos, pues las fotos no hacen justicia a su humanidad, y para el caso de los plurinominales… no sabemos ni sus nombres, sus antecedentes, nada, aunque nos podemos imaginar que forman parte del selecto grupo de poder, que se mueven todos juntos como banco de peces que van a meterse a una red de pescador.
Y bueno, también lo hemos comentado aquí, haciendo eco de opinadores, académicos y analistas mexicanos y de otros países, la democracia cuesta, y si nos ponemos a comparar, cuesta más que otros sistemas políticos.

Nada más de pensar lo que cuesta una elección federal en México, en comparación con una sesión del parlamento británico, una asamblea del Partido Comunista Chino o del fenecido Politburó, lo de nosotros es un dispendio escandaloso. Mientras que allá un grupo de notables levanta el dedo y por eso queda decidido quien se hace cargo del gobierno, acá hay que instalar cientos de miles de casillas, imprimir, distribuir, contabilizar millones y millones de boletas para ver quien se convierte en el nuevo inquilino de Palacio Nacional, proceso repetido para los estados, los municipios y los congresos.
Está bien, si para algo sirve la democracia, hablando solo de la mexicana, es para que no nos matemos entre nosotros decidiendo quien nos debe gobernar. Que de todos modos las matazones están de a peso, por motivos políticos, económicos, o los que sean, pero si no hubiera la oportunidad de una contienda en supuestas condiciones de igualdad, tenga por seguro que estaríamos mucho peor todavía.
En cuanto a eso, está justificado el gasto en la democracia, nos sirve, o servía, para mantener la estabilidad social y lo que han dado en llamar gobernanza de un tiempo para acá, que tampoco es cien por ciento efectiva, pues hay amplias franjas del territorio nacional que más parecen tierra de nadie, en que a las autoridades electas o a quienes quieren llegar a serlo, los matan sin ninguna consideración.
Pero una cosa es que la democracia tenga un costo razonable, apegándonos a la teoría económica del costo beneficio, y otra que se abuse de este esquema, tanto del concepto de democracia, como del costo de la misma. Por lo pronto estamos más que espantados con la amenaza de que la elección inventada para el año que entra, la que tendrá que ver con la primera elección del poder judicial, a la que nadie lo ha dicho, pero habrán de seguir otra, tiene un costo fuera de toda proporción, siendo la comparación inmediata la del proceso electoral de este mismo año.
Está claro que la elección más importante para México es la presidencial de cada seis años, a la que se agrega la renovación de las dos cámaras del congreso de la Unión, y como en este 2024, la elección de nueve gubernaturas y un buen número de congresos locales y municipalidades. Cara pero justificada, esta ¿pero la entrante?

Nos comenzaron barajando una cifra, totalmente sacada de la manga, 3 mil 500 millones de pesos. Mucho o poco, si no hubiera querido Andrés Manuel López Obrador destruir el Poder Judicial y vengarse de su presidenta Norma Piña, no habría necesidad de presupuestarlo, juntar el dinero y gastarlo. Pero luego nos salieron con que no, no eran esos 3,500, sino el doble, siete mil millones… entonces ya nos pareció que esto era una vacilada, una vacilada muy costosa por lo demás. ¿en qué pretenden gastarse esas cantidades ingentes de nuestro dinero, porque es el que sale de nuestros impuestos?, nadie nos aclara, pero eso.
Todo para que la última noticia que tenemos es que ya el Instituto Nacional Electoral, su comisión temporal de presupuesto, ya calculó que la elección del Poder Judicial, para la que hay que renovar 881 cargos, cuyos titulares actuales ya anunciaron que no le entran al mañoso proceso, costará 13 mil 205 millones de pesos, casi el cuádruple de la estimación inicial. Así nada más.
La pregunta aquí es si el ciudadano común y corriente está de acuerdo en que la elección de ministros, magistrados y jueces contribuye al mejor funcionamiento del gobierno, y que el procedimiento sea el costoso de apelar al voto directo de la población. Nosotros tenemos nuestras dudas. Serias dudas.
Ya tenemos la experiencia de que cuando la elección es intermedia, vota menos gente que cuando hay que elegir presidente o gobernador, ahora ¿elegir juez?, ¿elegir juez entre una lista de nombres que no conoce ni de oídas ni de nada?, nos parece que es como dice aquel viejo dicho, de que le van a hacer el mismo caso que las llamadas a misa, todos las oímos, pero si podemos evitarlo, no vamos.
El país está en vías de gastar un dineral en un proceso electoral innecesario. Desde luego que había que meterle mano al Poder Judicial, pero no de una manera tan burda como sustituir con licenciados que iban pasando y que tuvieron la suerte, o el padrino para salir electos, no es lo más funcional, y encima costará un dineral que podría usarse para mil cosas de veras relevantes.
Elegir juzgadores es un lujito que dicen republicano, que ni siquiera queremos darnos, pero así y en tantas cosas, deciden por nosotros sin preguntarnos.

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