BAILE Y COCHINO…
Por: Horacio Cárdenas Zardoni.-

No tiene caso internarla 2.0. Fue a principios del mes de octubre que publicamos una columna que titulamos “No tiene caso internarla”, las circunstancias nos obligan a actualizar la información de la peor manera posible.
En aquella ocasión comentábamos que una derechohabiente, quien repetidamente había recibido puras negativas a sus peticiones de ser atendida por el cáncer que padecía, se había estado tratando la enfermedad de manera particular, algo bastante común entre los trabajadores en activo y entre los jubilados que tienen el servicio médico de las llamadas Clínicas del Magisterio, pero que dada la gravedad de su estado, y que requería cierto tratamiento específico para el dolor asociado al cáncer, y mero cuidado hospitalario, había recibido el peor de los tratos, al acudir a solicitarlos.
Olímpicamente el médico que la dizque valoró, o a lo mejor en la Clínica de la 38 entienden valorar no desde el punto de vista médico sino económico, administrativo y contable, le dijo que no, que estando como estaba, totalmente invadida del cáncer, lo único que le quedaba por hacer era irse a su casa, a esperar tranquilamente la muerte. Nada de medicamentos, nada de una habitación en el hospital, nada de atención de un médico general, un internista, el cuidado del personal de enfermería, nada de nada.
Y pues tenemos la pena de decir que el día 2 de este noviembre, en pleno día de muertos, la paciente finalmente falleció. Producto seguramente del cáncer que padecía, y producto también de la negligencia de la institución obligada a prestarle la atención debida, primero para detectar su padecimiento, ya que no para prevenirlo, para tratar hasta donde la ciencia médica y la técnica pudieran combatirlo, y en última instancia, ofrecerle los cuidados a los que todo ser humano, pero sobre todo, todo derechohabiente que ha cotizado durante décadas, tiene el derecho a esperar.
Probablemente en su balance contable de este mes de octubre la Clínica del Magisterio de Saltillo haya salido un poco menos quebrada que de costumbre. Quizá si hubiera atendido a la paciente, ¿qué tanto cuesta una habitación en la Clínica, la supervisión de enfermería durante su estancia, digo, ya que no le iban a hacer prácticamente nada, dado lo avanzado de su padecimiento?
Créame que no iba a ser tanto dinero, dinero que además ella había cotizado, y si contaba con el mentado coaseguro, o si se apegaba al amparo otorgado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, más elementos tenía para reclamar el servicio en condiciones de calidad, independientemente del costo.

Pero no, a los médicos parece que los tienen allí para ver cuánto le pueden ahorrar al Instituto, y hay que decir que lo logran, ni siquiera son para darle al paciente la receta para que vaya y la surta en una farmacia privada, ¿qué tal si alguien de la prensa se da cuenta?, mucho peor entonces, mantener a los enfermos y sus familiares en la ignorancia de lo que podría curarlos, salvarlos, o por lo menos paliar sus dolores.
Hace mucho tiempo que la realidad nos enseñó que era mentira eso de que la prensa es el cuarto poder. Que desde las páginas de un medio de comunicación, desde alguna pantalla o desde algún medio electrónico se puede mover la conciencia de las personas, sobre todo tratándose de autoridades, invitarlas con datos a hacer su trabajo. No, la prensa sí sirve para documentar los hechos, cuando todavía hay remedio, y para cerrar expedientes, cuando ya no lo hay.
En algún momento llegamos a esperar que viendo los hechos expuestos en la prensa, los directivos de la Clínica del Magisterio iban a reconsiderar el caso… a valorarlo, dándoles por su lado, desde el punto de vista contable, a ver maestra, su estancia costaría tanto por día, esta parte le corresponde sin costo alguno por ser derechohabiente del Servicio Médico del la Sección 38 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, pero estos, y estos, y estos otros gastos, tendrían que correr por su cuenta, ¿cómo la ve, está usted de acuerdo?, pero nada. Los políticos y los burócratas de ahora han entendido que es más fácil hacer como que la virgen les habla, no darse por enterados y que el mundo ruede.
Y claro que podríamos dejar descansar el caso, si hay algo que sobra, son temas para comentar en las páginas de los medios de comunicación, montones de notas que nos afectan tan periféricamente, que realmente no nos ocasionan ningún efecto, ni bueno ni malo, o sí, nos alteran emocionalmente, pero solo un poco.
Pero situaciones como esta merecen ser conocidas por todos aquellos a los que les pueda suceder, si es que tienen el dudoso privilegio de ser derechohabientes de la Sección 38 del SNTE, y objeto de sus truculentos negocios de subrogación de servicios que debería prestar la propia clínica, y por el gran público, porque quede claro, todo el dinero que se mueve en las clínicas del magisterio, en el sindicato de maestros, en sus organismos inventados, es dinero público, salido de los impuestos que paga la población, y por el que tiene el derecho, otra vez, de esperar el mejor de los productos, en este caso, la atención médica para quienes los educan a ellos, a sus hijos, o que para el caso de los jubilados, que los educaron a ellos en décadas pasadas.
Desde luego que sabemos que la atención médica es cara, pero lo es más por la corrupción que ha surgido en torno y dentro de los organismos encargados de otorgarla a la población derechohabiente. Hay entidades que tienen tabulado cuánto se puede gastar en el padecimiento de un paciente determinado, no que conozcamos de primera mano esas tablas, pero estamos ciertos que tienen clasificados a los pacientes de conformidad con ciertos parámetros que ni nos enteramos, pues solo ellos los conocen.
Los que están hasta arriba son obviamente los propios empleados de la clínica, entre ellos se cuidan, luego siguen sus parientes, con los que se maneja cierto tipo de trueque o intercambio de atenciones, para cuando se necesiten, pues no se presentan al mismo tiempo más que rara vez, luego sigue la gente influyente en las instituciones que aportan dinero para el sostenimiento, y de allí para abajo hasta llegar a los jubilados, que habrán sido más o menos importantes en su momento, pero que ahora son vistos como una carga por el servicio médico de la 38, pues se cumple que a mayor edad, mayor demanda de atención, medicamentos y lo demás.
Regresando al caso que nos ocupa, nadie en la Sección 38 ha de estar compungido por lo ocurrido, sí, murió una paciente que debió ser atendida allí, pero al menos ya no regresará a exigir lo que no le iban a otorgar por no estar en la lista de los privilegiados en los que se gasta sin límite. Tampoco va a haber una investigación, y si alguien lee esta nota en el hospital, le darán un manazo al médico negligente, y por atrás lo felicitarán por haberles ahorrado unos centavos extra.

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