La democracia de todos: una tacha y una mancha en el dedo

¿NUEVAS OPCIONES?

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Esta es la típica cita cinematográfica a medias. Por supuesto no nos acordamos del nombre de la película, ni del nombre de los actores, mucho menos del director, el estudio, pero medio nos acordamos del argumento, y en particular de una escena que se nos quedó grabada, los suficiente como para traerla a colación en estos días, previos a las posadas y la navidad.

Se trataba de una película de indios y vaqueros… ¿se fija como siempre al referirnos a este género comenzamos por los pueblos originarios?, no son como las de policías y ladrones, donde la ley sus instituciones están antes que los delincuentes, pero eso es otro cuento. En esta película, los indios se habían finalmente avenido a irse a vivir a una reservación, cansados de que la Caballería los anduviera correteando por las extensas llanuras de quien sabe qué estado.

En la escena importante, está toda la indiada, seria, orgullosa, soberbia, formada en lo que parece ser una tienda de raya, al llegar ante un escritorio, un blanco medio barbaján, de esos que décadas después llamarían “White trash”, les entregaba algo, y para comprobar que el supremo gobierno de Washington les había otorgado su despensa del Bienestar, les ordenaba que estiraran la mano, y en la palma les pintaba una tacha negra, con una pintura negra que debía ser indeleble.

Foto: Tribuna de Los Cabos.

Pues bien, casi seguro que era el Indio Jerónimo, al ser tratado tan despóticamente por el funcionario del Mr. Washington, y sentirse humillado con la marca de la ignominia, agarra al fulano ese del pescuezo, y le da un par de cachetadas guajoloteras antes de aventarlo cinco metros más allá. De inmediato varios soldados del Séptimo de Caballería le apuntan sus Winchester 30-30 al rejego, quien allí mismo decide que eso de vivir tejiendo canastitas para los turistas no es lo suyo, así que reúne a sus bravos, y se largan para dar la batalla, en la que sería una de las últimas y más heroicas de los pueblos indios contra los ‘chabochis’ invasores.

Todo por una tacha en la mano… Fin de la cita fílmica.

Como que después de aquel episodio histórico, suponiendo que haya sido cierto y no el atractivo producto de la imaginación de algún guionista, en la época de antes de que la inteligencia artificial metiera su cibernética cuchara en lo que nos gusta y debe gustar a los humanos, y cómo presentárnoslo para que nos cale hondo, y tanto que casi se convierta en parte de nuestro ADN, lo de la equis, cruz, tache, se ha ido elevando y elevando, al grado de convertirse en uno de los símbolos de la democracia, forma de gobierno que en México tenemos como lo máximo a lo que puede uno aspirar, hablando como sociedad y también como individuos.

Desde las clases de primaria nos dicen que la democracia es la mejor forma de gobierno, atribuyéndole cualidades que nunca le hemos visto, fuera del ceremonial que trae asociada, y eso es lo que nos deslumbra y por lo que le damos tanto respaldo.

Pero ¿qué es en esencia la democracia?, no es ni de lejos eso que dicen el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, ese más parece slogan de cualquier partido político en cualquier campaña política.

La democracia, lo que nos toca a nosotros, es solamente una tache, no en la mano, sino en la boleta, a cambio de lo cual recibimos una mancha, no en la palma de la mano, sino solo en el dedo pulgar, mancha que se quita máximo al día siguiente, y que en algunos casos ocasiona quemadas y reacciones alérgicas, pero eso es lo menos.

Foto Ola Noticias.

Es lo único que se nos autoriza a ser y hacer en cuestiones de gobierno, tachar, y ni siquiera un nombre, sino el escudito de un partido, o la foto de un candidato si es que viene así en la boleta, señal de que las autoridades electorales ni siquiera confían en que el pueblo elector tenga la mínima capacidad de leer los nombres de los candidatos, como si su solo nombre nos dijera algo de lo que nos espera cuando se sienten a gobernar.

Anécdota que no es de película sino de la escena política nacional, aquella famosísima “roqueseñal”, cuando a iniciativa del presidente de la república se elevó el monto del impuesto al valor agregado del 15 al 16%, y un senador, por Coahuila para mayor vergüenza, Roque Villanueva festejó de la manera más soez el triunfo en la votación, dejando fuera de toda duda, hasta para los analfabetos, que nos habían abrochado.

Que recordemos, ni en las campañas de presidente ni en las de senadores o diputados, los ciudadanos votamos porque nos subieran el impuesto a casi todo, volviéndonos aunque fuera un 1% más pobres, que si hubiéramos visto el futuro, nadie hubiera sufragado por ellos.

Ahora que en Coahuila está en trámite de aprobación de nuevas organizaciones políticas y partidos políticos, que desde el primero hasta el último prometen ser radicalmente diferentes de los que nos han gobernado y representado desde siempre. Lo mismo pasa con la elección federal próxima. Como lo han dicho muchos analistas, sí se votó por Claudia Sheinbaum para presidente, y luego que llegó hasta el nombre le cambió al puesto, presidenta, sí se votó para diputados y senadores, pero no se votó, porque no era la plataforma de ninguno de los partidos ganadores, que habría una elección para magistrados, ministros y jueces, que si lo hubiera sido, capaz que el resultado de la elección no les hubiera sido favorable, o tan favorable.

En el fondo lo que nos molesta es que alguien o un conjunto de alguienes, decide por todos nosotros, pero como lo disfrazan de un sistema democrático tan enredado como costoso, nos quieren convencer que las decisiones sean nuestras. Seamos realistas, hablemos de la realidad, no decidimos nada y es probable que cada vez menos, cubrimos el trámite de la tachada y la manchada, y se acabó, para el gobierno no somos mucho más que un rebaño que administrar, por supuesto, con lo menos posible.

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