Cosas de bibliotecas

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Pero los libros… los libros no tienen capacidad de decisión, son meros objetos, los cuales tienen un claro fin educativo o recreativo, o incluso pueden ser utilizados como decoración… (Foto El Siglo de Torreón)

La nota apareció en El Siglo de Torreón hace unos pocos días, de esas veces que se cumple aquella máxima de que no es el reportero el que busca la noticia, sino la noticia la que le cae en las poderosas garras al reportero, a quien entonces no le queda otra que poner en juego todas sus artes maléficas para extraerle todos sus aceites esenciales a la información.

En esta ocasión el afortunado, o el perjudicado, según el punto de vista de cada quien, fue Saúl Rodríguez, de El Siglo, quien cubrió una nota de esas que a ciertos espíritus les hace retorcerse de justa furia, aunque por supuesto también habrá a quienes les haga lo que el proverbial viento al proverbial Juárez. La nota venía cabeceada estricta y asépticamente: Biblioteca de UVM termina en recicladora; lote fue vendido a particular… y pues sí, para eso son las cabezas de las notas, para decir de qué se trata todo el asunto, con lo cual ya decidirá el lector si acepta adentrarse en una información que pinta entre desagradable y tenebrosa, o declina por desinterés, o al contrario, para no enterarse de eso que ya calificamos de desagradable o peor.

A nosotros no nos toca más que comentar amargamente sobre el asunto. La historia comenzó por allá en el mes de noviembre del año pasado, cuando la dirección del plantel emitió un comunicado dirigido a sus estudiantes, en el cual se les informaba que a partir del mes de enero de 2025, dejaría de prestar servicios educativos en el campus Torreón. Incidentalmente, la razón que dieron para el cierre del campus fue “un nuevo enfoque en la prestación de los servicios educativos de la UVM en el país”, lo que nosotros nos permitimos interpretar como un ajuste en su modelo de negocios: no le están sacando suficiente dinero a los estudiantes, que tampoco son suficientes, pues a la goma, literalmente, borran la sede del mapa nacional, como previamente le habían dado igualmente cran a la sede que tenían en Monterrey.

Pero claro, como son muy responsables del supuesto compromiso que tenían con los alumnos, después de todo una carrera universitaria es un asunto de cuatro o más años, no se les puede dejar así nomás tirados, está el ofrecimiento de que pueden seguir estudiando en otro campus… ¿qué importa que el más cercano esté en Saltillo, a 270 kilómetros de distancia, con lo que implica eso de costos de traslado a vivir en otra ciudad?, o un esquema de acompañamiento, hasta el mes de julio de 2025, a los que decidan quedarse en Torreón o su zona conurbada, luego de lo cual, cada quien jale para donde le venga en gana.

Bueno, eso como antecedente. La Universidad del Valle de México, institución que presume de haber sido fundada en el año de 1960, y que para los entendidos de esa clase de cosas, nunca perdió su carácter de ser la universidad ‘patito’ por excelencia, ahora está el tema de la biblioteca, el cual las mismas autoridades de la institución podrían zanjar de manera tajante: si no nos interesan los alumnos, muchísimo menos nos interesan los libros, y allí sí, nos callarían la boca, pero no es tan simple.

Porque efectivamente cada alumno, de acuerdo a sus posibilidades económicas, a su interés de continuar con su formación académica, tomará la decisión de cambiarse a otra institución educativa en la región Laguna o fuera de ella, aunque dudamos que alguien quiera aceptar el seguir estudiando en la UVM, dados los antecedentes fresquecitos de que con la mano en la cintura los dejan sin universidad y háganle como quieran o puedan.

Pero los libros… los libros no tienen capacidad de decisión, son meros objetos, los cuales tienen un claro fin educativo o recreativo, o incluso pueden ser utilizados como decoración… antes de caer en su último destino potencial, el de ser enviados a la recicladora, para que se recupere el papel del que están fabricados, y pueda ser utilizado para cualquier otra finalidad.

Quede claro, no conocemos personalmente a nadie en lo que fue y dejó de ser la Universidad del Valle de México campus Torreón, pero tampoco nos hace falta mucho para saber qué clase de gente son, gente que no tiene cariño por los libros. Esto se nos hace particularmente extraño para personas que laboran en el campo de la educación, pues la principal herramienta de quien se dedica a esto, son precisamente los libros, y hete aquí que aparentemente, a nadie en la UVM le interesó el destino que pudieran tener los acervos de su biblioteca, y machaco, como tampoco el destino de sus ahora exalumnos despreciados y forzados.

¿Qué hubiera hecho yo, de rector, director, administrador, contador, encargado de la biblioteca?, pues considerando que los libros tienen un valor intrínseco, el saber contenido en ellos, de interés para quienes se estaban formando en determinado campo intelectual en calidad de alumnos, o los otros, que impartían su saber, en calidad de profesores, pues yo hubiera organizado un ‘open house’, y decirle a todos los muchachos: órenle, los estamos dejando sin escuela, pero llévense los libros que quieran, que así con ese regalito, las penas y las molestias serían menos… pero no.

Todavía recordamos haber visto un reportaje de Paco Ignacio Taibo II, sí el escritor, sí el del Fondo de Cultura Económica, que al fallecimiento de su papá, Paco Ignacio Taibo, puso un puesto en la glorieta del Metro Insurgentes, en la CdMx, y allí regaló los libros de su biblioteca. La biblioteca de PIT, que había sido director de la sección cultural de El Universal por años, era enorme, y no encontró mejor destino que regalar tantísimos libros a quien se acercara por uno.

Bueno, pero estamos hablando de otra clase de gente, que le concede a la educación, a la cultura, a los libros, un valor muy superior a lo que puedan obtener vendiéndolos como papel para reciclar.

Todos los libros de la UVM pudieron ir a dar a decenas de bibliotecas de preparatorias o secundarias, sobre todo planteles públicos. Otros tantos pudieron ir a las bibliotecas públicas de la Red, en calidad de donación, pero no, ni en su lecho de muerte los propietarios ni los directivos de la UVM serían capaces de dejar ir un centavo, que pudieran negociar con el reciclador.

Así la educación en Coahuila, una mancha de esas es difícil, si no es que imposible, de borrar.

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