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Por: Héctor Barragán.-

A últimas fechas destaca sin que sea motivo de orgullo, la noticia de la gran cantidad de tomas clandestinas de hidrocarburos, especialmente en Coahuila, así como la confiscación de combustibles robados, mientras de recientemente se publicó que la deuda de PEMEX sigue siendo pavorosamente elevada lo cual es motivo de molestia generalizada.
La sospecha de participación de personal corrupto de la petrolera nacional es pertinente, dada la peligrosidad de la apertura de tales tomas y la gran cantidad de ellas que se detectan en diversas entidades federativas.
De otra parte la opinión pública coincide en que los gobiernos Federal en primer término, los estatales y por supuesto los municipios, carecen de recursos para inversión.
Y sin embargo quienes así piensan han dejado de considerar la alta frecuencia de casos de desvíos de recursos públicos hacia particulares, que comentaban antaño y aparecen a la vista de muchos.
Las pérdidas económicas de PEMEX son indudablemente gigantescas, como también las obligaciones de pagar los intereses de su enorme endeudamiento, en tanto los robos y recuperación arrojan cifras desfavorables, por lo que la exigencia de ejercicio de autoridad y supervisión son urgentes e inaplazables.

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