RETRIBUCIONES

Por: Luis Enrique Morales.-
Por allá del año 2022, Ricardo Mejía Berdeja, motivado por la pérfida ambición de querer ser gobernador de Coahuila, bajo la batuta del gobierno federal, se decidió a entrometerse en el conflicto del agua parrense, prometiendo resolver la disputa entre campesinos y empresarios, la cual atañe al Pueblo Mágico desde hace casi un siglo.
El entonces subsecretario federal de Seguridad, estableció una mesa de diálogo entre ejidatarios, empresarios, la Conagua y la Procuraduría Agraria, y fue tanta su ambición por la gubernatura que por poco y consigue un acuerdo entre las partes… hasta que López Obrador decidió darle la espalda y escoger al ya difunto Armando Guadiana como su candidato coahuilense por la gubernatura.
Tras su derrota al interior de Morena y su renuncia obligada en la Subsecretaría, a Mejía Berdeja se le olvidó por completo que existía Parras de la Fuente. Dejó varadas las ilusiones de ambas partes, quienes, ya cansados del pleito y la discordia, vieron como aquel acuerdo que estaba a tan solo algunas firmas, se desvaneció en el aire junto a las aspiraciones mundanas de su desaparecido mediador.
Mejía dejó colgados tanto a campesinos como empresarios. Los dejó tirados. No hay forma más clara de decirlo.
El pueblo no olvida, y Parras aún no ha olvidado al traidor que los abandonó. Y qué se podía esperar de él. Es el mismo que abandonó a Morena y al presidente López Obrador, todo por querer ser candidato, lanzándose por el Partido del Trabajo para restarle votos a la Cuarta Transformación. ¿Y todo para qué? para un mísero 13% de los votos, siendo arrasado por el 57% de Manolo, hoy gobernador de Coahuila.
Así es la naturaleza del diputado federal, quien acudirá hoy a Parras de la Fuente a dar otra vez discursos de “yo fui, yo hice, yo casi lo logro, yo puedo”, pero la verdad, de ese entonces y de ahora, es que él no pudo, y no hará nada, ni por Parras ni por Coahuila, que no le abone a sus intereses y a su bolsillo.

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