¿Dónde quedó el inservible y costoso Programa Estatal de Derechos Humanos de Rubén

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

El Programa de Derechos Humanos sirvió de tapadera a Rubén Moreira para saquear al Estado.

¿A que no sabía usted que existía un Programa Estatal de Derechos Humanos?, o bueno, que existió un programa con ese nombre durante la segunda parte del sexenio de Miguel Ángel Riquelme Solís, no podríamos decir si durante la administración de Manolo Jiménez Salinas el gobierno del estado haya renovado esta estrategia, o la haya relegado al arcón del olvido, o de plano desechado como una mala broma de la que si nadie se rio en su momento, vuelta a contar hace todavía menos gracia.

Pues sí, allí donde lo oye, existió un Programa Estatal de Derechos Humanos, al cual se le puso apellido numérico 2019-2023, a lo mejor porque ya sospechaban que luego de esa fecha, una de dos, o los derechos humanos en Coahuila estarían a todísimo mecate, haciendo innecesaria la existencia de una intención gubernamental declarada de entenderse del asunto, o lo estrictamente contrario, que por no haberse avanzado nada, se dejaba dormir el asunto en la dependencia oficialmente encargada del asunto por ley.

Seguro que usted ha escuchado aquella canción que dice que De Cocula es el mariachi, de Tecalitlán los sones, de San Pedro su cantar, de Tequila su mezcal, y bueno, los derechos humanos son, o eran de Coahuila, porque cuando uno que fue gobernador, pero antes de eso diputado federal Rubén Moreira Valdés, quería significarse por algo, y no se le ocurrió nada más lucidor y barato que convertir al estado, en el rollo escrito y en el discurseado, como el estado de los derechos humanos.

Pues bueno, Rubén ya no era gobernador, pero su sucesor y pupilo le debía, así que se mantuvo el asunto ese de los DH como una cuestión, no precisamente prioritaria, pero sí algo que se podía sacar a orear de vez en cuando, presumirla, y de pasada, que sirviera como tapadera para un gasto desproporcionado, al cual nadie le exigiría demasiadas cuentas, ¿o qué van a observar unos pocos centavos, cuando lo que está en juego son los derechos humanos de la pobrecita gente del universo entero, califiquen como humanos o no?

El caso es que lo que no existió en el sexenio de Moreira, Riquelme consideró que era una gran idea, una de esas que no se les ocurre durante los dos primeros años, pero que luego alguien le sugiere, alguien que puede hacerle manita de puerco, y entonces de volada, a lanzar un Programa Estatal de Derechos Humanos.

De entrada lo que se nos ocurre preguntar, a toro pasado, muy pasado, es ¿por qué le asignaron la ejecución del mentado Programa no a la entidad orgánica dedicada por ley a eso, a saber la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, una con vínculo directo a la Comisión Nacional y con las comisiones de las otras 31 entidades federativas?, ni idea del por qué, el asunto es que se brincan a la Comisión, que también depende de la administración pública y los presupuestos estatales, y lo asignan a un área que ni fu ni fa, la tristemente célebre Academia Interamericana de Derechos Humanos, chipote que sobresale como tumor en el organigrama de la Universidad Autónoma de Coahuila, de la que ni siquiera se puede decir que dependa, porque la realidad es que, como sigue bajo el fascista protectorado de Rubén, desde la Cámara de Diputados y el Partido Revolucionario Institucional, se manda sola.

Y tan se manda sola que quienes la administran no se sienten con la obligación de nada, otra vez el chantaje de que cuidan a la pobrecita gente sus derechitos humanos, y entre esa nada está el pequeñísimo detalle de que ni siquiera identifica a una unidad administrativa responsable de la implementación de políticas públicas que garanticen la aplicación de los derechos humanos en el estado de Coahuila.

Esto traducido al español vernáculo quiere decir que sí, los integrantes de la Academia, desde su gurú Luis Efrén, hasta el último y la última habitante de la ‘Casa Morada’, y especialmente ‘Las Chicas del Cubo’, tendrán las mejores ideas del universo conocido, pero nomás no aterrizan en nada concreto, entendiendo por esto, que pese a los cuarenta o más millones de pesos que cuesta mantener el esperpento morado este, no logran mejorar la condición de derechos humanos de ningún humano.

Vaya a creer que digo esto por puro aborrecimiento, bueno sí, pero no, porque lo estoy tomando casi textual de un documento del Poder Legislativo del Estado de Coahuila, específicamente de la Auditoría Superior del Estado, que se llama Evaluación al Programa Estatal de Derechos Humanos 2019-2023.

En este documento se recomienda -¿ya para qué?- mejorar la operatividad de los programas, que permitiera un mayor impacto en las poblaciones objetivo… ¿pues cuál impacto y en cuál población objetivo?, porque repetimos, jamás salen de sus lujosas oficinas, moraditas, para hacer algo de utilidad, lo que la auditoría llama la generación de valor pública, además de los obligados mecanismos de transparencia y rendición de cuentas.

La conclusión más lapidaria del análisis es que es “la Comisión de los Derechos Humanos del Estado de Coahuila de Zaragoza es quien debería de encabezar el diseño y la implementación del Programa Estatal de Derechos Humanos para las futuras administraciones, partiendo del marco legal señalado en la Constitución Política del Estado de Coahuila de Zaragoza…” después de eso no habría que agregar nada más, salvo que la auditoría poco menos que se declaró incompetente en evaluar la eficacia de las políticas públicas en la materia ya que no se logró siquiera identificar una Matriz de Indicadores para los Resultados del Programa, sepultándolos con la aseveración de que “no fue posible verificar la lógica y congruencia en el diseño del mismo, así como su alineación con la planeación del desarrollo estatal y nacional, la consistencia entre el diseño y la normatividad aplicable, las complementariedades o coincidencias con otros programas, la claridad, relevancia y pertinencia de sus objetivos y metas, la efectividad en la transparencia y rendición de cuentas, la asignación de recursos presupuestarios y cómo estos se alinean con los objetivos del Programa, y el correcto diseño y uso de indicadores de desempeño y del sistema de monitoreo y evaluación.”

Con eso solo bastaría no para la cancelación de todo lo que tenga que ver con el programa estatal de derechos humanos y el área que lo administró, la Academia Interamericana, sino para que sean llamados a cuentas de lo no hecho, pero sí gastado a todo lujo, deberían devolver desde el primero hasta el último centavo.

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