BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Los diputados y las diputadas… los diputados, que esas ondas de la inclusividad no se nos dan a quienes aprendimos que diputados incluía a los de todos los sexos, géneros, filias y parafilias que, además, nos interesan bien poco, más bien nada. Bueno, pues los diputados de Coahuila ‘se pusieron las pilas’, como dice la gente joven, y decidieron entrarle al asunto de los incendios urbanos, que nos trae a todos los saltillenses, sin distinciones ni de género, estrato social o económico, respirando puras sustancias que no deberían existir, mucho menos estar en el aire, y para pronto, andan promoviendo una reforma al Código Penal para incluir como delito algo que ni siquiera estaba contemplado en el ordenamiento.
Mire lo que son las cosas, que sepamos, desde que los humanos descubrieron el fuego, han sido proclives a utilizarlo para cocinar, para calentarse, y en un desvío conductual, a quemar, ¿a quemar qué?, lo que sea que se le ponga entre ceja y ceja al pirómano. Desde hace siglos que los humanos se vienen quemando mutuamente, en guerras, linchamientos, crímenes pasionales y cuanta cosa, cualquier pretexto es bueno, sino que lo digan las miles de mujeres que fueron quemadas porque a alguien se le ocurrió acusarlas de brujas.
Acá en Saltillo recordamos algunos casos espeluznantes en los que una madre le prendió fuego a su domicilio con sus tres hijos y ella dentro, con la justificación de que no tenía dinero para mantenerlos, no sobrevivió ninguno. Ha habido casos, varios en que, para vengarse de una infidelidad, abandono u otra afrenta real o imaginada, el cónyuge o la cónyuge va y le prende fuego a la casa de su pareja sentimental mala onda, como que son demasiado frecuentes los hechos de sangre y fuego, como para que no estuviera puntualmente descrito en el Código Penal, pero bueno, así son las cosas en los congresos, medio lentas, y en nuestra opinión, también medio ineficientes.

Desde hace muchos años que nos tocó enterarnos de una reforma legislativa a nivel federal y su correspondiente en los estados, que decía algo así como que si se sumaba la pena máxima y la pena mínima, y esta no pasaba de cinco años al dividirla entre dos, el delincuente no tenía que purgar una pena corporal, vamos, no tenía que ir a calentar cemento a una prisión.
Lo recordamos de memoria, no somos abogados, pero tampoco hemos escuchado que la norma haya cambiado, ni para endurecerla, ni para alivianarla. No sé cómo eran las cosas antes, que ‘la persona juzgadora’ (¿qué le parece eso como muestra de que el lenguaje inclusivo nos corroe a todos?) imponía penas a como le diera el código o su consciencia a entender, unas económicas, otras de cárcel, pero se supone que esta reforma que le platicamos vino a poner las cosas en orden, si la suma y la división no dan más de cinco, el criminal puede caminar como si nada, pagando la multa, y yendo a firmar, eso sí.
Traemos esto a colación porque según, los diputados coahuilenses están muy ardidos, es una manera de decir, muy enojados por el tema de los incendios, sí, pero a la hora que proponen ajustar los castigos contra quienes cometan estos hechos, lo dejan entre dos y seis años… si se sigue aplicando la regla que mencionamos, seis más dos son ocho, y dividido entre dos, da cuatro, con lo que el pirómano puede salir tan tranquilo de la cárcel… bueno, eso en el caso de que le hayan echado el guante, si no, ni eso.
Ah bueno, la pena también considera multas de 400 a 800 días de multa, el equivalente a entre 11 mil y 223 mil pesos, y todavía hace una salvedad, que si se trata de incendios culposos, sea eso lo que sea, la prisión podría ser sustituida por una multa equivalente al perjuicio ocasionado, y aquí nosotros necesitaríamos aclarar si la lana de la multa va a las arcas del gobierno, o a las víctimas del incendio.

El asunto importa, porque como en muchos otros casos, las leyes y sus reformas se quedan por debajo de lo que deberían o podrían, dando la impresión de que los diputados hacen como que trabajan, hacen como que legislan, hacen como que se enojan y como que representan a los ciudadanos, en su calidad de parte afectada. Ya parece que si les hubieran quemado a uno de ellos su Suburban, su Cherokee, su cabaña en Arteaga o su domicilio en fraccionamiento privado, se contentarían con que la persona delincuente (para distinguirlo de la persona juzgadora o la persona policiaca…) pagara cien mil pesos, y quedara libre.
Porque como lo han manifestado las autoridades municipales, de alcalde para arriba y para abajo, tanto en Saltillo como en Ramos Arizpe o Arteaga, los costos de extinguir tantos más cuantos incendios en lo que va del año, han consumido importantes cantidades de dinero público, dando la impresión de que muchos de los siniestros provocados, están por encima de las cantidades que están considerando.
Eso por lo que toca a la multa, y lo que corresponde a la pena, la gran mayoría de los pirómanos son personas con escasa educación y un nivel cultural más bien pobre, dudamos que, en este caso, como en tantísimos otros, las penas de muchos años de prisión no cumplen con el objetivo de disuadir a la comisión del delito que castigan, estas razones nos hacen sospechar que la pretendida reforma al código incendiario, terminarán como letra muerta en el cementerio de las leyes sin aplicabilidad.
Eso sí, los diputados se irán muy orondos, con el sentimiento del deber cumplido, pero nada, los incendios seguirán hasta que los pirómanos de aburran o se prendan fuego solos, lo que ocurra primero.

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