‘El que ya bailó, que se siente’

  BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Gerardo Márquez, no se quiere sentar después de bailar.

Pocos aprenden en cabeza ajena, de hecho podríamos decir que casi nadie. Es de esas cosas que no se nos dan bien a las personas, el aprovechar lo que uno ve, lo que uno escucha, y ni que decir de los consejos que a uno le ofrecen interesada o desinteresadamente, pero pensamos que con la buena intención de ahorrarle a uno un frentazo, pero igual, si no entienden, no entiende, y no queda más que dejarlos que se vayan de boca, si ese es su placer.

Dicen que decía Carlos Madrazo, un cacique tabasqueño de mediados del siglo pasado, lo que era una de las mayores enseñanzas del sistema político a la mexicana, por descontado, una de las más difíciles de aprender, ‘el que ya bailó, que se siente’.

Madrazo llegó a ser presidente del Partido Revolucionario Institucional, puesto que luego ocupó su retoño, que no le llegaba ni a los calcetines Donelli.

No sabemos en qué contexto desarrolló esa doctrina suya, pero tampoco nos cuesta trabajo imaginar, lo ha de haber aprendido a golpes, en vez de mediante la sabia observación, a él también le han de haber tocado bailar, y bailar, y bailar… y que cuándo se sentía que todavía podía seguir bailando un par de sexenios más, le ordenaron que se sentara, algo que ha de haber ocurrido con ese estilito tan particular de los políticos a la mexicana: o te sientas, o te sentamos, y esto sí que lo entendió a la primera.

Carlos A. Madrazo, expresidente del CEN del PRI.

A lo mejor como premio de consolación es que su hijo, Betito, a ese le concedieron la gubernatura de Tabasco como a él, la presidencia del PRI, y hasta la candidatura a la presidencia de la república, que no supo capitalizar, todo para acabar haciendo el ridículo corriendo maratones, en los que se metía sin completar la ruta. Pero Madrazo el viejo hizo escuela, lástima que nadie quisiera ir a sus clases.

Nos acordamos de esto porque encontramos una publicación en el tristemente célebre Facebook, que nos hizo recordar otros de los áureos principios del sistema político mexicano, hay tiempos de tronar los cuetes, y hay tiempos de recoger las varas, y podríamos agregar, que tiene uno suerte si no lo agarran a varazos con ellas. Por lo que le pudiera servir, se la vamos a copiar completa:

La pascua, marca el final de un proceso de Persecución, Pasión, Muerte y desde luego, la Resurrección (a quien siempre se le juró Lealtad) del Maestro, del Líder, del Predicador, de Jesús.

Proceso en el que los fieles colaboradores en su encomienda de buscar el bien a través de sus acciones y predicaciones, lo entregaron.

Un “Judas”, por unas monedas. Un “Pedro”, negándolo hasta 3 ocasiones, y su pueblo a través del “Sanedrín”, exigiendo su crucifixión ante un “Pilatos” que se lavó las manos, lo que  finalmente ocurre ocasionándole la muerte para resucitar al tercer día, resurrección que constituye la prueba que se juzgará al mundo de manera Justa, esto es, que cada quien tendrá por sus acciones y omisiones, lo que realmente le corresponde. Al celebrar nuestra Pascua despojados de esa vieja levadura de malicia y perversidad con la que actuaron los Judas, los Pedros, los Pilatos y demás, detractores de ese Maestro, líder, Predicador, guía, con una nueva masa, con pureza, verdad y justicia. GMC.

¿A que se refiere el ex fiscal de Coahuila con los Judas, los Pedros y los Pilatos?

Hasta aquí la transcripción, le agregamos unos acentillos que le faltaban y otras cosillas, pero no puede uno exigirle demasiado a alguien que está sentido, muy sentido, tan sentido que transpira dolor, sufrimiento, resentimiento, pero que no pierde la esperanza de ser llamado, o capaz, que hasta de resucitar, no al tercer día, pero sí resucitar en la nómina, y no de cualquier cosa, sino mínimo de “Maestro, líder, Predicador, guía”, o algo por arriba de eso.

Quien firma GMC no es General Motor Company, como pudiera uno pensar, sino Gerardo Márquez Guevara, uno que fuera hasta hace pocos meses Fiscal General de Justicia del Estado de Coahuila, y quien no aprendió las enseñanzas de Carlos Madrazo, en específico la de haber bailado, y que ya le toca sentarse.

De todos es sabido que Márquez quería dar el salto de la muerte, de Fiscal de Miguel Riquelme a Fiscal de Manolo Jiménez Salinas, pero no se le hizo, ni modo, es otra generación, otra región, otra manera de ver las cosas, otro planeta y hasta otra dimensión, los de ahora en nada se parecen a los de antes. Y sí, su padrino el senador hubiera querido que se quedara, pero lo pararon en seco, a los dos.

Bueno, pues ya sin la fiscalía, con la que estaba tan encariñado, pues estaba la posibilidad de aspirar a un sitio de privilegio en el Poder Judicial, no sé, algo en el Consejo de la Judicatura Federal, en la Suprema Corte, algo a su altura, pero maldita la cuarta transformación, le vino a poner, a él y a muchos como él, las peras a veinte, ¿quieres?, pues inscríbete, y si te patrocina algún poder público, pues anotan tu nombre en la boleta, en una lista más larga que la cuaresma… o perdón, más larga que una llorona publicación en Facebook. ¿Y qué creen?, que tampoco nadie le dio jalón, ni el Ejecutivo, ni el Legislativo, ni el Judicial, ni el federal, ni el estatal. Híjoles, capaz que no consigue quien le avale para un crédito en Elektra o en Coppel.

No crean, es gacho, haber volado tan alto, ser uno de los poderosos, de los inalcanzables del sexenio pasado, y hoy nadie le tira un lazo ni para incluirlo en una representación de la Pasión, él que trae la ídem a flor de piel.

¿Pero qué le decimos?, ¿de qué sirven tantos años de marquesa para no saber cómo mover el abanico?, y sí, no dudamos que Manolo le haya prometido esto, aquello o lo de más allá, nomás que se esperara tantito a que arreglara un par de cosas, pero ya ve cómo son desmemoriados los políticos.

A lo mejor el gobernador lee su publicación en el Feis, a lo mejor alguien le va con el chisme de que Gerardo está triste, pero esto es así, y tratándose del fiscal, perdón del exfiscal, después de bailar yo sí me sentaba, en lo oscurito, donde nadie me voltee a ver, donde si me buscan, no me encuentren…

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