Morena «ganará» todos los espacios en la elección del Poder Judicial

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Pues ahora sí que no hay plazo que no se cumpla ni mal que dure cien años… ¿o cómo era?, el caso es que por mucho que deseáramos que la elección judicial no ocurriera nunca, o por lo menos se dilatara en el tiempo y en el espacio como lo dispone la teoría general de la relatividad, se va acercando peligrosamente, quedándonos escasas semanas para decidir lo conducente…

¿Y qué es lo conducente, si es que hay algo que pueda llamarse o considerarse así?, la cosa es complicada, al menos en nuestra opinión.

Para empezar, estamos acostumbrados los mexicanos, mal acostumbrados probablemente, a que en las elecciones generales, las que corresponden a los poderes ejecutivo y judicial, la dinámica es la de votar por este o aquel partido político, por esta o aquella coalición de partidos políticos, y en casos muy especiales, por lo rara vez que ocurren, por candidatos independientes. La elección judicial no es así, o al menos esa es la disposición legislativa y administrativa del Instituto Nacional Electoral, está expresamente prohibida la participación de los partidos políticos en el proceso electoral…

¿Se imagina lo que hubiera sido, o lo que será si para la elección judicial de 2027 y posteriores se abre la participación a los partidos, que cada uno de estos esté habilitado para postular a aspirantes a los cargos de jueces, magistrados y ministros?, aquello sería o será de lo más folclórico, porque para bien o para mal, en el momento presente, el factor ideológico está al margen… esa ha sido parte de la tónica con la que se ha pretendido atraer a la población a las urnas, ofreciendo la garantía de que los partidos se mantienen alejados, que no participan, que no inciden en ninguna de las fases, y que incluso los aspirantes se mantienen ajenos a la parte ideológica, que priva en cada uno de los partidos y coaliciones.

¿Pero realmente se han mantenido al margen?, la pregunta importa, porque al menos como nos lo platicaban desde que estudiamos a Aristóteles en la preparatoria, se nos decía que el hombre es un animal político, como queriendo decir que es prácticamente imposible disociar este componente de la vida social, de la existencia general de toda persona, entendida y vista como ciudadano. En este sentido, lo obvio es que el aspirante, o candidato al puesto de juez por el distrito equis o ye, traiga en su bagaje personal un conjunto de ideas, compromisos, excepciones y todo lo demás que conlleva la pertenencia, o si no la pertenencia, la simpatía por tal o cual ideología partidista y lo contrario, el rechazo, desprecio y hasta odio por lo que ofrecen los partidos antagónicos a aquel que es de su preferencia.

Comenzamos mal, por lo menos las tres ministras que se apuntaron para repetir en la Suprema Corte de Justicia de la Nación tienen una abierta filiación por la cuarta transformación, no decimos su ideología, porque once años después de fundado MORENA, todavía nadie puede decir cuál es su ideología, como no sea la de hacerse del poder mientras se hacen las víctimas y piden que los traten de pobrecitos. Ya de por allí, hay un vicio de origen, que nos sospechamos, eventualmente, significará que las decisiones de los jueces, ministros y magistrados se podrán ver afectadas por esta preferencia ideológica.

Sí, en el pasado se hablaba de la justicia diferencial para ricos y para pobres. Para los ricos, que podían movilizar abogados y aceitar los engranes del sistema, la justicia venía más o menos rápido, que tampoco es que fuera como un milagro de velocidad, en cambio para los pobres, que carecían de esos elementos, la justicia se dilataba por años.

¿Qué cabe esperar?, ¿Qué la opción preferencial por los pobres, copiada por MORENA de la iglesia católica, va a influir en los juicios, en los jueces, en determinar quienes son los culpables y quienes los inocentes? Esto importa, y mucho, pues la justicia puede comenzar, pronto, a tener un sesgo que afecte el concepto mismo de lo que es justo y lo que no lo es. Puede ser también que las cosas cambien solo de forma y el fondo siga siendo el mismo, los que tienen con qué, muevan al aparato judicial, y los que no, se esperen, ¿o qué, dejará de tener vigencia aquel deleznable, pero tristemente cierto principio de que con dinero baila el perro, aplicado siempre en tribunales y juzgados?

No vamos a pensar que un ciudadano como usted o como un servidor conozca a todos, ni siquiera a una minoría de los candidatos a jueces y demás, pero de algunos capaz que podemos haber escuchado su nombre, y este asociado a algún partido político, a alguna organización política, no profesional, puede darse el caso, por lo menos en los pueblos no muy grandes, o con gente que se ha hecho notar. ¿Esto inclinará el voto a su favor, solo porque el nombre nos suene, o por el contrario, pensaremos que si nos suena de algo, no ha de ser por nada bueno?, recordemos que estamos hablando de justicia, y a esta solo se le va a ver cuando las cosas andan mal, nunca cuando andan bien.

En fin, no es más que una columnita más para expresar nuestras dudas de lo que se nos viene con la velocidad de una locomotora, de la que para colmo, no podemos quitarnos de enfrente.

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