
Por: Héctor Barragán
Los aranceles que promueve el Presidente de los norteamericanos, al acero, aluminio, productos de consumo necesario, que necesaria y aritméticamente promoverán la inflación, que deteriora el poder de compra particularmente de los menos favorecidos, es algo injusto, inhumano y de cierta manera criminal.
En particular los proyectados sobre las remesas de los migrantes resultan ilegales, inequitativas, por tratarse de personas que perciben los salarios más bajos y tienen que destinar parte de sus ingresos a enviar a sus familiares parte de ellos. Por descontado queda que pagan impuestos a los Estados Unidos por cuanto consumen, posiblemente la diferencia o resto de lo que envían a su país, tal como han hecho desde que arribaron a esa nación, contribuyendo al desarrollo tan grande que han contribuido a crear, el más importante de la historia humana.
En vez de gratitud, reciben del Presidente Trump un trato ofensivo, insultante con frecuencia, agresivo e intimidatoria, en ocasiones luego de haber laborado 20 o más años, cuan- do en cualquier otro país en unos cuantos años se reconoce el esfuerzo y buena conducta, para asimilarlos a su ciudadanía.
Los mayores impuestos, llamados o no aranceles, son inflacionarios cuando repercuten en los aumentos de precios de las subsistencias, habitación y vestido, algo que los jefes de las finanzas y gobiernos deben considerar. La justificación de gravámenes que se paguen por quienes reciben los mayores ingresos, de la fuente que sea, especialmente las actividades ilegales.

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