TELEGRAMA//Héctor Barragán

La temporada de lluvias, tan esperada, llegó con violencia, encontrando los drenajes obstruidos, los canales naturales invadidos por obras y materiales de ambiciones constructores y desperdicios vertidos per multitud de necesidades, ocasionando daños e inundaciones que la autoridad no pude prever y resolver, a pesar de su buena voluntad y auxilio económico.
Los estudios sobre la ecología por lo regular no son tan convincentes como debieran para evitar desastres y perjuicios que la autoridad debe prevenir por convencimiento o fuerza, pero por lo visto, le es imposible garantizar la seguridad de regiones enteras, el orden para ocupación de vías que la naturaleza exige periódicamente ni evitar el desorden sobre les desperdicios que inutilizan los drenajes, sistemáticamente.
Exceden los volúmenes de agua de lluvia y no se aprovecha cabalmente a sabiendas de que en tiempos es estio su carencia es abrumadora. Se habla de almacenarla solamente cuando sobra, pero sin acciones decisivas para resolver el problema, de manera semejante a las medidas para evitar su contaminación o purificarla para un uso industrial agrícola.
En fin, bienvenidas las lluvias, que reconfortan la escasa vegetación de esta región y moderan las elevadas temperaturas que la ambición humana ha venido produciendo desde hace siglos, pero acelerada en los recientes decenios.

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