Amor por los ausentes

TELEGRAMA//Héctor Barragán

Foto: Blog del fotógrafo

Terminar con la muerte un prolongado matrimonio es un verdadero martirio, con sus penas, alegrías y múltiples satisfacciones que, con el tiempo y recordar, hacen consuelo por tantas cosas y vivencias alegres. Igual la ausencia del menor de los hijos con más cierta convivencia y no abundante comunicación, le quedan recuerdos y testimonio de una grandeza de espíritu y comprensión de origen desconocido, pero seguramente divino, bellas piezas de arte y testigos de trabajo dedicado y minucioso, que también aminoran el dolor de una pérdida irreparable.

La tercera ausencia será temporal, según se ofrece, pero no deja de ser dolorosa. La pequeña nieta en la búsqueda de mayor cultura y experiencias, parte con largos miles de kilómetros alejada y en otra patria. Regresará seguramente con mayores luces y simpatía que hoy posee y probablemente con mayor verbo también que el suscrito que poco habla, según expresión del maestro universitario Don Raúl Llanes Lerma.

Todo viene de un destino que se desconoce pero es irremediable y con certeza obedece a designios superiores.

Que prosiga la consolación y la comprensión para cada ausencia y sirva de enseñanza y purificación de los espíritus. Y que los pensamientos y recuerdos prosigan engrandeciendo el amor por los ausentes.

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