El pasquín y lo sagrado del papel

BAILE Y COCHINO…//Horacio Cárdenas Zardoni

Nosotros venimos de cuando la prensa era esencialmente escrita, y por consiguiente, impresa. Claro, ya había lo que entonces conocíamos, ingenuos de nosotros, como los medios electrónicos, lo que es la radio y la televisión, sin embargo, aun quienes se dedicaban a la parte noticiosa en estas modalidades, no dejaban de buscar, tener y mantener aunque fuera un mínimo espacio en la prensa escrita, pues la idea, todavía acendrada en esta generación digital, es que las palabras, como las ondas radiofónicas o televisivas, se las lleva el viento, en tanto que lo que está impreso queda para siempre.

Para quienes hemos trabajado en periódicos y revistas que se imprimen, sin menospreciar en ningún momento las versiones electrónicas con todas las virtudes que tienen y de las que hacemos uso extenso, siempre tendremos un respeto insoslayable por el papel, o como quizá lo diría Catón, por el papel del papel.

Para las empresas o personas que disponían de una prensa, la maquinaria en la que se imprimen los periódicos, los que no teníamos ese equipo los mirábamos con una envidia monumental, la diferencia entre quienes ‘tienen la vida hecha’, y quienes tienen no solo que ganársela, sino que ir a pagar a una empresa para que nos imprimiera el periódico, ¿y usted cree que fiaban?, ni ahora ni nunca, el papel moneda, siempre tan escaso, lo cambiábamos por papel periódico, esperando que se vendiera y nos pagaran las facturas de publicidad.

Cuando a un periódico grande le caía una publicidad grande, tenían los encargados que ponerse a hacer números ¿meto otro folio, meto otra página, y cuánto me cuesta eso en papel?, que llenarla con notas es siempre el menor de los problemas, a veces salía ganancia, a veces apenas, y otras de plano no, pero había que sacarla y ni modo. Nada que ver con los medios digitales, que pueden tener la extensión que usted quiera para texto, aderezada con decenas de imágenes, y no representa más que un costo mínimo en bytes una nota de cuatro párrafos que un artículo de 20 páginas o un tratado de 400.

Todas estas reflexiones sobre cómo eran las cosas antes viene a cuento porque, en ocasión del primero informe de gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo como presidente de México, nos fueron a retacar de pasquines la cochera de la casa, con información relativa al evento que tuvo lugar allá en la Ciudad de México, del cual aparentemente no podían permitirse el lujo de dejar pasar sin publicitarlo de la manera más amplia posible.

Hasta donde sabemos, existen o existían restricciones respecto a la forma y sobre todo, en cuanto a los tiempos en los que un funcionario de gobierno puede publicitar sus actividades y más que eso, su imagen personal entre la población. ¿Quién sabe?, con eso de que ahora hay lo que han dado en llamar un nuevo poder judicial federal, capaz que aquellos ordenamientos han dejado de tener validez, o ya no ser parejos para todos, ¿qué sabe uno?, en un descuido a los de MORENA no les ponen restricciones y a los demás sí, a las mujeres no y a los hombres sí, en función de la no violencia política de género o cualquier otro pretexto.

Acá no hubo incumplimiento como tal, el pasquín, el folleto, se repartió, y como dice una nota en la portada, ‘tiene carácter institucional y fines exclusivamente informativos’, ah y su distribución es gratuita, faltaba más, del 25 de agosto al 6 de septiembre, o sea seis días antes del primero de septiembre, día del informe, y seis días después.

No le voy a presumir de vivir en una casa de frente amplio opositor, tampoco en una vivienda choricera de estilo Saltillo, con tres metros de frente y doscientos de fondo, es una casa normalita, razonablemente proporcionada desde el punto de vista arquitectónico, bueno, pues alguien de quienes repartieron los pasquines titulados ‘La transformación avanza’ decidió que mi casa merecía un ejemplar por cada medio metro lineal en el frente, me dejaron como diez ejemplares.

No sé si lo hicieron pensando en que soy simpatizante del morenismo, o al contrario, para que no siéndolo, me viniera un entripado de muerte, o quizá que el boiler se me apaga seguido y necesito un periódico para prenderlo, o que envuelvo carne o pescado en el periódico, realmente no encuentro razón para que me hayan retacado de pasquines. Luego nomás por vicio periodístico, me fui a asomar a las casas vecinas, las de al lado y las de enfrente, y oh sorpresa, también pude comprobar allí que habían sido beneficiados con otro medio kilo de papel periódico cada una, no halla uno ni qué pensar…

No es la primera vez, esto nos sucede a veces con los volantes, los de las pizzas, de los plomeros, los del sushi y las hamburguesas, que dándoles flojera a los repartidores, avientan por montones, y así acaban más pronto, otra cosa sería si repartieran mil volantes, de a uno por uno, tendrían que recorrer mil casas para terminárselos. Esto hablando del eslabón último de la cadena, el menos dedicado, digamos al partido, pero arriba de ellos seguro había un supervisor, y arriba un coordinador, y así la típica escalera de responsabilidades, que yo no sé dónde se rompe o dónde falla, porque su gente de hasta abajo, desperdician los pasquines que da gusto.

Comenzamos diciendo que el papel, para los periodistas, es sagrado, definitivamente no lo es para quienes editan La Transformación avanza, ¿cuántos se leen de los que imprimen, uno de cada diez, uno de cada veinte?, vaya un desperdicio de papel, de energía, de esperanzas, todo por entregárselos a chavos que lo que quieren es acabar rápido la chamba, deshaciéndose de ellos en media hora, lo que debía durar ocho o diez.

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