BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Fue Vicente Fox Quesada el que, en alguna ocasión memorable, manejó la idea de que sí, su gobierno cobraba impuestos y quería incrementarlos, pero tuvo la gracejada de decir que el dinero que la gente aportara vía contribuciones, le sería devuelto copeteado.
A la gente le cayó en gracia, y de alguna manera se desactivó la inconformidad con ese pretendido aumento de impuestos, la verdad no nos acordamos si ocurrió o no, lo más probable es que sí, para esa clase de cosas, el gobierno no pierde nunca, pero a la población le agradó el concepto, o quizá la descripción de copeteado.
Yo no sé qué se imaginó cada quien. Copeteado llegó seis años después Enrique Peña Nieto, como una mala broma del destino. Pero en su momento la gente se imaginó algo así como un barquillo o un vasito de nieve, diferentes de los barquillos de cajeta que son tan populares en nuestra región por lo sabrosos, pero esos siempre nos los venden al ras, haciéndonos nosotros la ilusión de que el barquillo está lleno hasta el fondo del dulce de leche, cosa que rara vez ocurre, en cambio los helados… esos sí suelen servirse con copete, rebosantes, además de que los buenos heladeros nos dan el espectáculo adicional de apachurrar bien el producto, de tal manera que quedamos con el convencimiento de que este sí, llega hasta abajo, y además, está compactado lo más que se puede, con lo que estamos obteniendo lo justo por nuestro dinero, si no es que un poquito más. Ahí nada como los niños, que empalagados, nos dicen que ya no se pueden acabar el helado, y les decimos que para la próxima vez pidan una bola menos.

Bueno, pues así con lo de los impuestos. Salvo aquella ocasión de Vicente Fox, la tónica ha sido siempre que el gobierno se lleva nuestro dinero, el dinero con el que forzadamente contribuimos, para supuestamente devolvérnoslo en forma de obras y servicios públicos, en una palabra, en una mejor calidad de vida para cada uno de nosotros y para el conjunto social, nótese que a propósito evadimos las referencias a un bienestar, pues esa palabra quedó tan quemada el sexenio pasado, como lo fue la de solidaridad en la época de Carlos Salinas de Gortari.
Solo por completar el expediente, es obligado referirse a las quejas recurrentes de la iniciativa privada coahuilense, y a veces del propio gobierno del estado, que mencionan que de cada peso que se lleva la federación de impuestos cobrados a las empresas y particulares coahuilenses, nos regresan una fracción decimal a través de participaciones y otras modalidades de distribución de recursos presupuestales. En opinión de los que hablan, es injusta la repartición, como injusta es también la práctica de darle menos a quienes más aportan, por más que nos expliquen sexenio con sexenio, que es una obligación de los estados federados, que los más ricos económicamente, apoyen a los menos favorecidos, para lograr paulatinamente elevar su nivel de bienestar, para alcanzar mínimo un promedio nacional, y deseablemente, llegar a donde estamos los que hemos logrado indicadores razonablemente elevados.
Pero esta política, que tiene décadas de haberse implementado, que han aplicado por igual presidentes emanados de partidos de centro, los del PRI, de derecha, los del PAN que tuvieron dos sexenios consecutivos el poder presidencial, y ni que decir de los de izquierda, que sintiéndose Robin Hood, buscan quitarle, por la buena o por la mala, a los ricos para distribuirlo entre los pobres, y por sus servicios se quedan con una cantidad que los ubica como los más vulgares entre los nuevos ricos, las redes sociales están infestadas de ejemplos de esto que les platicamos. Esta política, decíamos, no ha rendido, ni de lejos los resultados esperados, de forma tan recurrente, que ya varios deberían estarse preguntando si realmente vale la pena perseverar en esa práctica, o se hace necesario pensar en algún otro modelo.

Porque Guerrero, Oaxaca, Chiapas, siguen siendo los estados con mayores índices de pobreza y abandono, mientras que entidades como Nuevo León, Chihuahua y recientemente Coahuila se han venido revelando como las más dinámicas y productivas, y lo hacen con su dinero, ya que el de gobierno federal escasea bastante. Quizá la diferencia es que no se esperan para hacer las cosas la ayuda del centro, y es entonces cuando vienen y nos quitan, nos recaudan pues, para dárselos a los que carecen de iniciativa… dejémoslo en eso, porque si no, al rato vienen y nos censuran como la ha ocurrido incluso a gobernadores.
Ahorita no se habla ya de eso. Pero tuvo su buen auge el sexenio pasado, nos estamos refiriendo a la necesidad de contar con un nuevo pacto federal, uno que sea verdaderamente justo, y satisfactorio para las partes involucradas, a saber los estados federados, y la federación, el gobierno central o federal. El gobierno de la república es el que se lleva la mayor parte de los recursos, supuestamente porque tiene que pensar y ejecutar un plan de beneficio para la totalidad de la población, sin discriminación de nadie, por ninguna razón, mucho menos política que cualquier otra.

¿Se acuerda de aquel grupo de gobernadores, donde llevaba la voz cantante, Miguel Riquelme? Bueno, pues poco a poco se fueron disgregando, conforme los mandatarios terminaban su sexenio, y el siguiente no se pronunciaba por perseverar en lo planteado. Que sepamos el que más lejos llegó fue el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro Ramírez, quien llegó a formalizar en una carta dirigida al Congreso de la Unión y a la Presidencia de la República, que su estado abandonaba el pacto federal por lo ya dicho, por injusto. Pero lo hizo faltando un par de meses, cuando mucho para concluir su administración. Ya después que concluyó no supimos nada, al parecer a las calladas el gobernador entrante se puso al tiro con el federal, y el discurso aquel de una mejor distribución pasó a mejor vida.
Ahora que se está discutiendo el presupuesto 2026, vale la pena recordar que durante todo el sexenio pasado Coahuila prácticamente no recibió ni una sola obra federal de importancia, ya no digamos grande o mediana, ni siquiera chica. Aun acciones obligadas de mantenimiento quedaron muy por lo bajo de lo que es el estándar. Así nos fue a nosotros y así le fue a muchos estados, decían entonces que porque las prioridades eran otras, aeropuertos, refinerías, trenes, que resultó que tampoco se fue allí el dinero. A nivel de rollo sí, en verdad mucho menos.
Pero con todo lo vivido, y padecido en los pasados seis años, vale la pena recordar que al menos como planteamiento, alguna vez Vicente Fox dijo que la obligación del gobierno era ni más ni menos que, ese dinero que le cobraba a la población de impuestos, se lo regresara no solo íntegro, sino copeteado, con un plus, con un adicional que hiciera que la gente no pensara que con los impuestos la están robando, como es el sentir de tantos en estos tiempos.

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