¿Dónde quedaron las vacunas?

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Foto: New York Times.

Hace dos semanas, quizá un poco más al momento que salga publicada esta nota, el secretario de salud del gobierno federal anunció que el asunto de la vacuna contra el Sarampión, estaba resuelto, que no pasaría de quince días para que estuviera disponible en el país, y no solo eso, sino que podrían acudir los padres y madres de familia con sus hijos menores de dos años a que se las aplicaran.

Esa era la promesa, ese era el compromiso, ¿y qué cree?, pues que la tal vacuna no ha llegado, y en las instituciones del sector salud en el estado de Coahuila no saben para cuándo pueda estar disponible. La gente nomás menea la cabeza diciendo ‘que novedad’.

La historia se remonta a inicios del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, o probablemente a la administración anterior, la de Enrique Peña Nieto, en que el gobierno comenzaba a jugar con la idea de ¿para qué tanta vacuna, si el país tiene años que no registra un solo caso de Sarampión, de Tuberculosis y así, de otra serie de enfermedades contra las que estos biológicos protegen desde hace décadas?, ya con Peña Nieto comenzó a haber un déficit en el suministro de vacunas, no las compraba el sector salud, no llegaban a las clínicas, hospitales y centros de salud, nos tocó ser de esos padres de familia que recorrían cuatro, cinco hospitales hasta encontrar uno en el que la vacuna, por lo demás gratuita, estuviera disponible. A veces la prometían, siendo lunes, para el miércoles, o siendo jueves, para el lunes siguiente, según los tiempos de entrega de cada institución, y sí, alguna gente reportaba que cuando habían regresado, la vacuna ya estaba disponible y asunto resuelto.

Ah, pero con la llegada de la cuarta transformación, las vacunas fueron de los tantos medicamentos, de las tantas ‘claves’ como gustan los burócratas de la Secretaría de Salud de llamarlas, que dejaron de comprarse en cantidad suficiente para toda la población que pudiera necesitarlas.

Las vacunas fueron utilizadas por el expresidente como armas políticas.

Con las vacunas la cosa es muy simple, la regla dice que ‘todos los niños, todas las vacunas’, que es poco menos que un mantra, en el cual se ampara la protección a cada uno de los integrantes de una sociedad. Pero ponga que siempre haya algunos niños que no puedan ser vacunados, o que sus padres se nieguen por alguna razón a protegerlos de esa manera.

Para eso los epidemiólogos y otros especialistas han determinado que para evitar un brote, o peor una epidemia, un equis porcentaje de la población debe estar vacunada. Este porcentaje puede varias, pero por lo general se ubica en un 90%, lo que da pie a que, aunque un niño se enferme, no haya contagios que se conviertan en una situación incontrolable.

Con López Obrador se cancelaron aquellas famosísimas Semanas Nacionales de Vacunación. Literalmente echaban a la calle a médicos y enfermeras, a estudiantes de medicina y enfermería, internos y prestadores de servicio social, a vacunar a toda persona que requiriera alguna vacuna de las contempladas en el esquema de vacunación, que tampoco nunca ha sido exhaustivo, pero sí estaba considerado como uno de los más completos en todo el mundo.

Que costaba caro, en dinero de nuestros impuestos, claro que sí, pero siempre es más barata una vacuna que un tratamiento que puede durar años, o toda la vida. De allí que el gobierno mexicano, a pesar de las crisis económicas recurrentes, nunca abandonó el Programa Nacional de Vacunación, hasta el sexenio pasado en que le recortaron recursos hasta niveles críticos, y que para el siguiente año, la presidenta Claudia Sheinbaum simplemente lo desapareció, ya no existe, lo incorporarán, según dicen, a otras estrategias ‘más eficientes’, pero aquel modelo al que tantos nos apegamos, de esperar que llegaran los de bata blanca para para vacunarnos de lo que fueran que nos hacía falta, eso olvídelo, ya no lo habrá quien sabe hasta cuándo, pero amenaza con ser bastante tiempo.

Sarampión en México. (Foto: Secretaría de Salud de Michoacán)

Pero regresando a lo del Sarampión. Es muy probable que la epidemia que afecta a México en este momento haya tenido su origen en la frontera con Texas, donde a principios de año se registró un brote importante, sí, pero allá le echaron ganas y terminó por controlarse, tan es así que si hubo muertes estas fueron mínimas, y de unos meses para acá ya no se han reportado nuevos casos, en cambio en México… lo que en Texas fueron 200 casos en total, en nuestro país ya sobrepasó los veinte mil contagios,  con más de cincuenta fallecimientos.

Por supuesto a las autoridades sanitarias mexicanas no se les ocurrió poner sus barbas a remojar, cuando se dio el primer caso en Texas, era cosa de poco tiempo que brincarla la linde para adentrarse en México, y mire que lo ha hecho.

Eso pasa cada vez que uno se compromete y le pone fecha, que allí estamos nosotros todos para exigir ¿bueno y qué pasó con las vacunas?, el gobierno nos explicó que las vacunas se habían tardado porque vienen de la India… y es que la fábrica cambió de domicilio su planta… sí, la cambiaron por el negociazo que estaban haciendo con México, pero ¿y que no había proveedores más cercanos, más dispuestos, más prontos aquí en México o aquí en América? No, se fueron por lo bara, bara, con la sospecha siempre presente de que haya un negocio medio sucio detrás.

Por lo pronto sentarse a esperar, y seguir esperando, y ni dónde poder comprarla por aparte, porque hasta eso, no dejan que nadie más la venda, solo queda esconderse de un posible contagio.

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