TELEGRAMA // Héctor Barragán

Es aproximadamente la idea de la sabiduría pasajera de la abuela, sobre las consecuencias, repercusiones de las acciones de cada quién, cuando se suman en grandes cantidades. Y es el caso de la compra de automóviles para uso particular.
Hacerse de auto implica una inversión importante para cada bolsillo, para adquirirlo, pero lo de menos es tal inversión, si se suman los gastos de combustible, lubricante, llantas, servicios, estacionamientos, infracciones, accidentes, limpieza.
Las molestias per congestionamiento,-
la contaminación ambiental, la contribución a la inflación por los gastos incurridos, los gastos por financiamiento a los productores o distribuidores, en fin, una serie interminable de perjuicios a todos los usuarios individuales y a la colectividad entera.
Bancos y productores son responsables de facilitar la adquisición de las unidades y por supuesto que los gastos coadyuvan al funcionamiento acelerado de las economías locales, estatales y generales, lo mismo que autoridades deben prever con recursos insuficientes los servidores de transporte público, la vialidad en igual condición y estacionamientos sin recursos ni espacios, pero así están las cosas.
Les transportistas a su vez deben aportar vehículos y servicio a precios razonables y cantidades suficientes, previo acuerdo con autoridades para tener medios de hacer negocio a precio razonable para el desarrollo de su medio de vida y sin perjuicio de los sufridos usuarios.
Bien planteado el asunto es difícil y requiere de la participación y contribución inteligente y bien intencionada de todos los grupos participantes, pero vale la pena todo intento porque satisfaría a miles de personas.

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