BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni.-

Hace muchos, pero muchos años vimos por televisión un reportaje de motociclistas, en él el entrevistado, un típico motero de esos greñudos, que no se cuecen al primer hervor y quedan duros en el segundo, decía que, según su experiencia, solo existen dos tipos de motociclistas, los que se acaban de caer, y los que se van a caer. Si a esas vamos, lo más probable es que una persona pueda pertenecer a ambos grupos sin romper ningún principio estadístico.
Lo de las motocicletas, como también lo de las bicicletas es un asunto de suma importancia en estos tiempos, ya que las ciudades hace mucho tiempo que perdieron su capacidad de crecimiento en lo referente a los espacios para que circulen y se almacenen los vehículos en los que se transportan, o intentan transportarse sus habitantes.
La población de México, como la de prácticamente la totalidad de los países del mundo, no para de crecer, como efecto de ello, los espacios requeridos para que viva toda esa gente nueva, que se suma a los que ya están, no cesa de extenderse, y como es obvio, se hace indispensable disponer de medios de transporte para que las personas se muevan de uno a otro lugar dentro del propio ámbito urbano que ha elegido, o más puntualmente, en el que le ha tocado vivir, porque aunque dizque somos cada vez más libres, lo cierto es que cada vez se dificulta más la movilidad de los individuos para residir en el lugar de sus sueños o aspiraciones.
Hay una teoría y un modelo en el que se plantea que todo lo que uno pueda requerir en su vida, pueda encontrarlo a no más de quince minutos de su sitio de residencia. Para quienes han, hemos tenido que emprender éxodos diarios para ir y regresar al trabajo, ese es un ideal que cuando lo hemos tenido más cerca, apreciamos como el oro, pero desafortunadamente quienes planean los centros de trabajo, los escolares, las diversiones y demás, rara vez tienen en cuenta este detalle de la cercanía.

Como ellos no tienen que ir a diario a los sitios que diseñan, ni se van a quedar a habitar allí, se les hace fácil, o a lo mejor no tanto, simplemente siguen la misma dinámica de siempre.
Por eso es por lo que seguirán necesitándose medios de transporte, cómodos, seguros, económicos, y que satisfagan el ego de la gente, esto no se puede pasar por alto tampoco, pero de preferencia que ya no tengan cuatro ruedas, porque no hay en las calles espacio para que se muevan ni se estacionen.
Lo peor que se puede hacer, es lo que hemos estado haciendo estos últimos años, tan pronto abrimos una nueva calle, la llenamos de carros, comercios, negocios, que dificultan la circulación, haciéndose necesario otra vez, hacer más calles, más avenidas, que solo sirven por un tiempo limitado a tanto carro que hay.
Por eso es por lo que muchos opinan que el futuro debe ser en dos ruedas, que los vehículos de dos ruedas son los que deben perfeccionarse para lo que hoy se le pide a los carros, la seguridad, la comodidad y que sean bonitos. Que ya los hay, algunos, pero lo cierto es que sus conductores no se sienten con la suficiente seguridad para andar por las calles de las ciudades compartiendo el espacio con vehículos tan grandes, por no llamarles tan monstruosos, que sus conductores tienen problemas para ver que está uno allí en una bicicleta, en una moto, o simplemente parado.
La seguridad es el principal impedimento para que prospere la evolución de las cuatro ruedas a tres o a dos, incluso hay algunos de una sola rueda, pero esos en lo personal, me parece que son palabras mayores, es más fácil caerse de un monociclo que de una bici o una moto, creo yo.

La idea de escribir esta colaboración se me ocurrió luego de leer una nota de un accidente ocurrido aquí en Saltillo, en el que un motociclista pasó por un bache que estaba lleno de agua, resultó que estaba más grande y más profundo de lo que calculó, perdió el control y allá fue a dar al suelo, fracturándose una pierna. En un carro de cuatro ruedas, uno puede caer en el mismo bache y fuera del enojo, del probable daño a la suspensión o carrocería, o a la llanta, no debe pasar a mayores.
Lo cierto es que entre la convivencia con otros vehículos (con sus conductores acorazados) y el estado de las calles, sobre todo de las ciclovías, andar en un vehículo de dos ruedas es un riesgo que muchos sienten que no vale la pena. La disyuntiva es seguir perdiendo el tiempo en los embotellamientos, sufrir una agresión de la que la estructura del vehículo no lo pueda proteger, y blindarse en un par de toneladas de acero solo para cumplir con la función esencial, y que debería ser muy simple, de transportarse.
No sé, se me ocurre que el municipio pudiera declarar algunas calles, colonias, ‘amigas de las bicis’, con todas sus calles libres de baches y estorbos que pongan en riesgo la movilidad, que los automovilistas estén comprometidos a dar el paso y el espacio, la preferencia es más, a los vehículos de dos ruedas, importa poco si los lleva un rico, un pobre, un trabajador, un repartidor, todos debemos tener derecho al espacio urbano.
Pensémoslo, si ahorita está el tráfico insufrible, medio aliviado por las obras que se acaban de inaugurar acá en Saltillo, ¿Cómo estará en cinco o en diez años?, lo mejor sería comenzar desde ya, a evolucionar a un modelo de ciudad en el que quepamos todos y podamos movernos todos.

Deja un comentario