TELEGRAMA // Héctor Barragán

En sus mejores momentos los demagogos eran los honorables conductores de los pueblos, con el don de la palabra, fluida y grata a muchas personas, pero plenas de buena voluntad, sinceridad hacia los buenos propósitos con la comunidad.
Al igual que otras palabras se modificó su sentido hacía justamente lo contrario, personas de buen decir, pero de mal obrar, engañosas y sin embargo convincentes a su vez.
Le normal que engañen a los demás y pasen por encima de las personas, de los derechos que con buena cara ofrecieron respetar y cumplir, hacer efectivos a sus oyentes y subordinadas.
Capaces de mover multitudes, especialmente a gente vigorosa, pudiente económicamente y conectada con las inversiones en armamento y dispuestas a la acción.
De manera que luego de convencerlas de la violencia, después de convencerles de sus derechos sobre terrenos y propiedades ajenas, aún lejanas y por ello más ajenas, moverán y seguirán haciéndole, multitudes debidamente proveídas de armamento al menos, equipo y vestido para la destrucción y seguidos, al triunfo seguro de los capitalistas reconstructores.
Tal es el panorama de los invasores, que continúan en actividad, pese al avance de los siglos y supuestamente de la inteligencia y civilización. Nombres, son demasiado mencionados, conocidos y odiados.

Deja un comentario