Una voz del Socavón, hechos reales del 58

Por: Dr. Eugenio Deister Mateos.

Con especial dedicatoria a las banales autoridades gubernamentales y empresariales.

Derrumbe de mina en Parral. (Foto pixabay/temática)

El otoño de 1958 en la región minera del sur de Chihuahua se aproximaba, al igual que los últimos tres años, prevaleciendo otro año de terrible sequía y sus secuelas; las presas al 5% de su capacidad acuífera, el ganado de los pequeños y medianos productores de ranchitos rurales muriendo día a día de sed e inanición, pues sin agua no hay forraje y sin forraje no existe alimento.

Los niños de estos ranchitos terminaron insolados, con hambre y desnutridos. Las terribles consecuencias de la sequía de tres años. Ya que la fuente de vida: las reses son, el  ingreso económico y alimento familiar que fue desapareciendo.

Desde luego que las sequías  son frecuentes y  duran años en esta región, al igual acontecen en el resto de los estados del norte, o sea novedad no son y tampoco lo son los dantescos sufrimientos de los vulnerables de escasos recursos, y sin embargo predomina  la crasa banalidad gubernamental, que jamás desarrolla proyectos de prevención respecto a conservación de agua e Irrigación destinados a sembradíos y hortalizas.

 Contamos en México con un ejemplo más cercano, del cómo se lleva a cabo con gran éxito desde hace siglos en condiciones climáticas adversas  en muchos países, me refiero a los consabidas prácticas de los menonitas, esos bien conocidos vecinos rurales y agricultores de varias poblaciones del estado de Chihuahua. Estas condiciones de aridez afectan la superficie terrestre y el subsuelo, ya que lo vuelven frágil y quebradizo y peor aún cuando aparece de manera súbita y prolongada la precipitación pluvial, la intensa lluvia que termina de golpe con la sequía, permite que se filtre el agua a las capas profundas del subsuelo como es a los recubrimientos de tierra de los socavones creados en  las minas, debilitando su estructura haciéndolos propensos a colapsos y derrumbes.

Así las cosas, a principios de septiembre de 1958 en la región minera del sur de Chihuahua apareció de sopetón la lluvia como históricamente sucede en estos lares, los torrenciales aguaceros anunciando el fin de la sequía, que bien puede ser temporal, por unas semanas o prolongada por tres meses ininterrumpida, mañana, tarde y noche, como lo fue en éste año del 58.

Si en el entonces pueblo de Santa Bárbara, Chihuahua, en 1958, las minas y la colonia habitacional para empleados de confianza llamada Tecolotes, pertenecían a la ASARCO, American Smelting and Refining Company, que hoy pertenecen a otro grupo corporativo.

Santa Bárbara. (Foto Fundamental)

En ese inicio de septiembre del 58 paralelo a las primeras lluvias torrenciales se venían escuchando ruidos intermitentes muy fuertes al interior de una de sus minas, y unos 10 días después caída de tierra y escurrimientos de agua en algunos de los diferentes niveles de la mina, en particular dentro de los de menor profundidad, también moderadas sacudidas, temblores de tierra durante el descenso del personal al interior de la mina y en el trayecto de los primeros 30 a 50 metros del malacate, es decir del «elevador» que se emplea para ascenso y descenso al interior de la mina.

Derivado de estos hechos el gerente de la unidad minera convocó a una reunión con el superintendente y el asistente de la mina afectada, citó también al geólogo, al jefe de ingenieros e ingenieros topógrafos para determinar la profundidad y extensión del daño a  la superficie del área de riesgo externa, es decir la circundante a la mina.

En sí, se refiere al cerro en cuyo interior se encuentra la mina. Todos los convocados coincidieron que procedía llevar a cabo el estudio externo de la mina donde los ruidos al interior resonaban y se extendían por la superficie del cerro abarcando decenas de metros, tanto en su cima como en una de sus laderas, y asi procedieron dos días después, durante una pausa, una tregua de un par de horas que otorgaron las lluvias, siendo asi viable la  revisión y estudio programado, momento en que acudieron los convocados provistos de sus instrumentos, enseres y personal de apoyo.

Eran las 11:00 horas del día. Se colocaron de manera estratégica alrededor del centro de riesgo. el de mayor intensidad percibida de temblor y ruido emitido por la superficie de la tierra, procediendo a  asignarse entre si unos 50 metros de distancia, en primera instancia a partir de ese bien identificado centro y señalados sus puntos cardinales: norte, sur, este y oeste, se colocaron los ingenieros topógrafos, para determinar la extensión del área de riesgo en cada uno de los puntos.

En  segunda instancia el geólogo, el superintendente asistente, y el jefe de ingenieros se colocaron con sus instrumentos sismógrafos mecánicos;  (detectores de ruido y temblores) caminando del centro hacia una distancia de 25 metros del mismo eje crítico, cada uno en sentido diferente al otro para definir así la dirección de irradiación sismográfica de mayor peligro acorde al registro, el gerente de la unidad minera y el superintendente de la mina se colocaron al torno de un restirador de planos en la cima del cerro para supervisar los trabajos, a las 11:45 horas, aproximadamente, es decir 45 minutos después de los inicios de la actividad,  se escuchó un aterrador ruido seguido de un intenso temblor y movimiento de todo el cerro, la tierra del centro crítico se colapsó y hundió, acompañado de un masivo derrumbe de tierra que se fue extendiendo en ola en  toda  dirección, todos corrieron despavoridos, sin rumbo fijo, repentinamente el derrumbe se detuvo salvo en sentido sur, en ese corrían el  superintendente asistente, el geólogo y el jefe de ingenieros, lo más dramático  fue que los que permanecían en tierra firme observaron como de los tres que el derrumbe parecía perseguir, dos de ellos desaparecieron de inmediato, uno se perdió de vista en la polvareda, dos veces reapareció y a la tercera cayó inerme como fardo en tierra firme, se había salvado, el saldo fue, dos empleados de confianza extranjeros desaparecidos, un empleado de confianza mexicano sobreviviente.

Planta concentradora de mineral. (Foto: Alberto Quiñones.)

De inmediato se notificó  a la  matriz ASARCO, a las compañías mineras; ASARCO, Parral, San Francisco Mines of Mexico, San Francisco del Oro Chihuahua, Eagle Pitcher, Parral, el terrible derrumbe de parte del cerro compuesto de millones de toneladas de tierra cayó hacia el área del interior de la mina, creando un gigantesco socavón al cual nadie se atrevió a acercar y menos asomar.

De hecho todo esto se informó, más la aterradora desaparición de los dos ingenieros extranjeros, y para colmo y hacer todo más angustioso y complicado, la lluvia reapareció, se convirtió súbitamente en diluvio, que duró tres semanas ininterrumpido.

De inmediato y de manera sorprendente las tres compañías, dos de Parral a 25 km de distancia y la de San Francisco del Oro a 15 km, acudieron todas en auxilio permanente (tres semanas) trabajando con su personal minero y máquinas de excavación, sumados a la ASARCO local, Santa Bárbara, laboraron sin cesar mañana, tarde y noche bajo el diluvio para intentar rescatar con vida a los desaparecidos.

Las condiciones climáticas no podían ser más desfavorables, la presencia del lodo permanente se convertía en fango, las máquinas excavadoras se atoraban, se perdía tiempo valioso vital para los desaparecidos, los obreros mineros redoblaron su intensidad, trabajaban tres turnos a pico y pala, a las dos semanas de búsqueda, de esfuerzos titánicos descubrieron bajo piedras enormes el primer cuerpo, hecho trizas, una semana después se localizó el segundo cuerpo en un escenario aterrante, ya que apareció cuando un minero logró identificarlo al verlo por un espacio entre piedras apiladas, ubicado en un recoveco, en un espacio de cuatro paredes, al cual accedieron los mineros del rescate a punta de trituradoras manuales y golpes de picos, a través de una pared compuesta de piedras de menor tamaño y  peso, el cuerpo encontrado mostraba signos de que había fallecido en estado consciente por asfixia, pues eran evidentes los daños auto infligidos.

De esta forma terminó la desgarradora odisea, tres semanas posteriores al derrumbe de parte del cerro al interior de la mina.

Estoy seguro, amables lectores, que ustedes, al igual que yo podemos intentar, solamente intentar, imaginar el tono de la desgarradora voz de esta persona irremediablemente atrapado y sin oxígeno, por lo tanto mi cuento de la semana pasada en el cual mi relato describió el posible destino de 65 personas que bien pudieron haber fallecido de la misma manera, inhumana y enloquecedora.

Les quiero comentar que mi historia se refería a mi interpretación de cómo habrá sido la muerte de los mineros atrapados y fallecidos en Pasta de Conchos, en febrero de 2006, los cuales permanecen enterrados en una tumba sellada por toneladas de escombros en ese socavón  que los responsables de sus muertes quieren que olvidemos.

Mi relato de hoy, se basa en hechos que conocí y de los que fui testigo en el momento que sucedieron, al igual los documenté ya que en 1958 yo contaba con 14 años de edad y vivía en San Francisco del Oro, Chihuahua.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ofrecido por WordPress.com.

Subir ↑

Descubre más desde El Demócrata

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo