BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni.-

Bueno, luego de años y años de promesas, de las típicas dilaciones en el cumplimiento del proyecto, y no nos extrañaría enterarnos pronto de que todavía le están debiendo una buena cantidad de dinero a los constructores y proveedores, se inauguró la que pomposamente han llamado Ciudad Judicial de Saltillo.
No deberíamos hacer chistes al respecto, pero ¿se imagina de veras lo que sería una ciudad poblada por puros profesionales del derecho, abogados defensores y ‘personas juzgadoras’ además de las castas inferiores que le dan sustento a estos dos, los principales componentes de la justicia en nuestro país?, a lo mejor no sucede nada, si aplicamos el precepto de que dos leznas no se pican, pero también hay la posibilidad de que aquello se convirtiera en uno de esos experimentos en que encierran a un determinado número de ratas y estas acaban matándose mutuamente. Pero bueno, era eso que llaman ‘un gran anhelo’, y ahora que lo tienen, no queda más que desearles que ‘disfruten lo votado’, utilizando la expresión tan en boga por estos tiempos.
No tenemos el gusto de conocer la flamante ciudad judicial, y acá entre nos, preferiría irme al sepulcro sin que me hayan dado un tour VIP por las instalaciones de los distintos juzgados, créame que así estoy muy bien, no le voy a reclamar a Mery que no me haya mandado invitación al jolgorioso aquelarre.
Pero eso no obsta para que no le señalemos un par de pecadillos que le vemos al proyecto ahora concretado. Por principio de cuentas, yo no sé qué le ven a la Carretera Saltillo Arteaga, que todo el mundo quiere instalarse sobre ella que a estas alturas es lo que sea, menos una vía rápida. Allí encontramos la universidad pato por excelencia, la Universidad Autónoma de Durango, para la cual no hay tanta bronca para llegar, pero para regresarse… ir a dar la vuelta hasta el siguiente puente, ya llegando a los límites de Arteaga, donde por cierto está el campus de la Universidad Autónoma de Coahuila, que no encontró un terreno más cercano, más plano en Saltillo y al que no hubiera que gastar en una línea de camiones, como si fuera la Narro. Por allá mismo está la Auditoría Superior del Estado, que quedó de vecina de la Ciudad Judicial, a lo mejor mandando un mensaje de ‘pórtate bien, o te mando con los de junto’. Si ya está saturado ese tramo de carretera, espérese que va a ponerse mucho peor todavía, necesitando quizá otros tres carriles por sentido, mismos que no hay dónde poner.
Lo que se me hace más criticable del edificio que ya dije que no conozco, es que les valió el tema del estacionamiento. Yo no sé, pero estoy segurísimo que no, a la hora que solicitaron la licencia de construcción a la dirección de desarrollo urbano, quien los atendió en la administración pasada les dijo ‘sí cómo no, lo que ustedes gusten ¿prefieren venir por el plano autorizado o se los mandamos a su domicilio?’, cuando lo que debió preguntar es: ¿cuántos empleados tiene, cuántos visitantes esperan cada día?, y derivado de la respuesta ¿cuántos cajones de estacionamiento están contemplando en el proyecto?, quede claro que todavía estaban con los planos rigurosamente enrollados sobre el escritorio.
Y pues con la novedad de que, según las notas de prensa, en la ciudad judicial trabajarán, es un decir lleno de optimismo, algo así como ochocientas personas. Bueno, o más bien malo, terriblemente malo, porque según las mismas fuentes, en el estacionamiento hay solamente ciento ochenta cajones, de los cuales habrá que descontar unos veinte que son exclusivamente para los jefazos, y el resto…

El resto tendrán que peleárselo entre los empleados y los visitantes.
Las mismas notas de prensa daban cuenta de que se estima que diariamente acudan a la Ciudad Judicial alrededor de mil personas, y aunque no lo dicen, lo más probable es que acudan en su propio vehículo, habida cuenta de que hoy por hoy, la mentada edificación está lejos de todos lados, salvo de la mencionada ASE, la delegación del Bienestar y el cuartel de la Guardia Nacional, el antiguo hotel Camino Real.
Mil ochocientos vehículos para ciento ochenta cajones ¡qué bonita y qué precisa proporción!, aunque claro que puedo estar equivocado, y que no sean mil los carros que vayan a diario, como tampoco que los 800 trabajadores acudan a laborar todos los días, más bien será excepción cuando todos estén presentes y contados. Pero lo mismo, a lo mejor nomás hay 750 empleados y mil quinientos visitantes…
¿Realmente alguien se imagina a un juez, a un secretario, a un actuario yéndose en transporte colectivo hasta allá?, yo la verdad no. Tampoco me imagino a un señor abogado, o señora abogada trepándose al Lobus, dándole machetazo al transporte de estudiantes y trabajadores de la UAdeC. Y sí, habrá trabajadores de menores ingresos, acusados y acusadores, los testigos, que sí lleguen en taxi, pero la verdad sea dicha, el grueso de quienes lleguen a la ciudad judicial será en carro.
Nunca supimos si era cierto o una leyenda urbana aquello de que en los avisos clasificados de los periódicos solicitaban abogados con bicicleta, bueno, a cómo va a estar el estacionamiento en la refulgente ciudad judicial, capaz que hay que revivir eso, a lo mejor les beneficia en su salud, si no los atropellan por ahí.

Deja un comentario