BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni

El gobierno de la república y el gobierno de Coahuila se vuelven a subir al trenecito del Shale como la alternativa de solución a los grandes problemas energéticos de México, pero no solo eso, sino también como medida casi casi mandada del cielo y enterrada en la tierra, para salir de los todavía más graves problemas económicos de la nación, y ya de pasadita, para afianzar una soberanía e independencia nacionales que están cotidianamente en los discursos de la presidenta Claudia Sheinbaum, pero que en la práctica no tienen el menor respaldo.
Es de llamar la atención, suponiendo que a alguien le interesara eso, que estas declaraciones rompen, o romperían porque tenemos nuestras serias dudas de que haya la mínima posibilidad de que se lleven a la práctica con la amplitud y con la urgencia que sería exigible, con la política energética que ha mantenido México durante los últimos ¿Qué le gusta, cien años?, y con todo que en este tiempo, hayan ocurrido dos o tres de las transformaciones que citara el dilecto historiador morenista Andrés Manuel López Obrador, lo cierto es que si acaso hubo voces que se levantaran para que hubiera una política energética racional y verdaderamente nacionalista, la alta burocracia jamás consideró que valiera la pena invertir en eso.
Tal como lo decimos, México importa gas natural. Aproximadamente el 75% del gas que se consume en el país, se importa de los Estados Unidos, que están, no podría ser de otra manera, felices de tener un cliente literalmente al otro lado del río, y que no tiene la capacidad de producir su propio energético, y si se decidiera a importarlo de alguna otra parte del mundo, los costos serían muy superiores a lo que le significa seguirlo recibiendo por los gasoductos que para eso están tendidos desde Texas hasta los principales centros de distribución en territorio mexicano.
Cada vez que ocurre un distanciamiento, problema técnico o fenómeno natural, y hay la más velada amenaza de que los Estados Unidos pudieran limitar o suspender el suministro de gas a nuestro país, se desempolvan los expedientes de lo débil que es la infraestructura energética de México en materia de gas.
Para cualquier país sería un escándalo que haya almacenadas reservas de combustible para día y medio, luego de transcurrido el cual, no habría ni para calentar un café, mucho menos para encender el boiler para bañarnos. Y eso en el extremo de que no limitaran el uso del poco gas disponible para ‘asuntos estratégicos’, porque nos sospechamos que eso es lo que pasaría, se lo guardarían para lo que sea que consideran importante, el café y la ducha presidenciales, por ejemplo, y el resto de los mexicanos que se coman crudo lo que encuentren en el refrigerador, si es que no se ha echado a perder, porque resulta que la mayor parte de la electricidad se genera ni más ni menos que quemando gas.

Solo para darnos un quemón, ahora que a Cuba se lo está llevando Pifas con la prohibición de los Estados Unidos de venderle y entregarle gas a la isla, nos enteramos que ellos tienen reservas energéticas para seis semanas ¿y México para 36 horas?, voy a creer que los camaradas cubanos tengan mayor visión estratégica que acá los talentosos burócratas, y aquí no le voy a cargar la mano a ninguna tribu particular, porque han sido priístas, panistas y morenistas por igual a los que les ha valido crear una infraestructura razonablemente adecuada para almacenar el gas, que hemos quemado alegremente por más de un siglo.
¿Cuánto gas hemos enviado a la atmósfera, quemado y sin quemar?, sería imposible de calcular, pero baste saber que el gas natural viene asociado al petróleo crudo, cuando se extrae este, sale el otro, pero como no les interesaba aprovecharlo y nunca desarrollaron la infraestructura para ello, y como del crudo obtenían recursos económicos que no habían ni imaginado, adiós al gas, al fin que ni huele ni se ve.
A lo mejor, es pura especulación vacía, crudo y gas salen al 50 y 50%, o más de este, o más de aquel, pero así venían, juntos, de hecho gracias al gas, los pozos adquirían una presión que no tendrían si el líquido denso, casi sólido, estuviera solo, encima les facilitaba la extracción.
Bueno, pues ese gas era fácil de extraer, salía solo, como solo sale de las minas de carbón, por comparación, el gas shale es bastante más complicado de obtener, requiere mucho más proceso e inversión en químicos y equipos, todo para venir a toparse con el mismo cuello de botella, que es que no hay tubería suficiente para llevarlo de los campos de explotación a los centros de almacenamiento y distribución, los cuales tampoco existen ni cuentan con tanques del tamaño que uno se los imagina, para darle viabilidad a esto que sigue siendo un sueño guajiro, y lo seguirá siendo hasta que inviertan cantidades enormes de dinero, que por si fuera poco, se topa con la prohibición gubernamental de invertir en energía, y la inexistencia de dinero público para lo mismo.
El hubiera no existe, pero el gas natural era mucho mejor negocio que el Shale, y lo dejaron ir al aire, lo otro les costará tanto que volvemos a plantear las mismas dudas que en 2015, sin dinero en cantidades industriales no saldrá shale ni para pagar los costes de exploración, mucho menos para una explotación a gran escala, como la que predicen y con la que nos engatusan y se engañan solos.

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