BAILE Y COCHINO… // Por Horacio Cárdenas Zardoni

Tenía yo un cuate que era arquitecto, y que había trabajado en la Secretaría de Obras Públicas del gobierno de Coahuila. Él fue quien me habló por primera vez, quien me ilustró más bien, porque yo no tenía ni la más remota idea respecto al tema ese, que existía una disposición de las autoridades federales y estatales para delimitar el crecimiento de Saltillo a lo que llamaban la Cota 1800.
Le digo, uno medio ignorante, o ignorante y medio, ni idea tenía de lo que era una cota, ni tampoco del número asociado, como no fuera que tenía que haber una 1,799 y una 1,801, ya ve como es uno de simplón, cuando no sabe de qué se está hablando.
Ya luego me dijo el arqui que la cota se refiere a la altura sobre el nivel del mar, Saltillo se halla a 1,550 metros sobre el nivel del mar, y que la cota 1,800 se había establecido como límite del crecimiento de la ciudad, no pensando en su expansión, llamémosle lateral, sino por tratarse de un valle, que no se extendiera por los cerros aledaños.
El asunto no era entonces de cuidado del medio ambiente, aunque ya había algunos avances en la declaración de reservas federales y estatales, que tampoco es que estuvieran muy amenazadas, al menos no en la misma proporción en que se encuentran en el momento presente, que casi seguramente será mucho mayor en el futuro.

Sí es cierto que habíamos visto en otros estados, unos mojones, unas estructuras no demasiado grandes, pero lo suficiente como para que nadie pudiera decir que no se habían fijado en ellas, que tampoco pudiera ser fácil de destruirlas o robárselas, y que tenían un letrero que no admitía discusiones: prohibido construir de este lado… eso tenían los mojones, que si los veía uno del lado habitado no decían nada, pero si les daba uno la vuelta, allí estaba bien claro el mensaje. Quienes los plantaron no consideraron necesario especificar en qué artículo de qué ley establecía los límites, pero quedaba fuera de toda duda de que, si a alguien se le ocurría violar el ordenamiento, vendría la autoridad con toda su fuerza para echarlos fuera.
Invasiones las ha habido siempre, de personas que carecen de un sitio donde vivir, pero en algún momento los gobiernos han tenido que poner límites, para que el crecimiento no sea anárquico, más de lo que ya lo es. En Saltillo ha habido casos de fraccionamientos que se edificaron en área prohibida o protegida, citando la cota 1,800 u otra disposición oficial, y se ha obligado a los fraccionadores ilegales, a tirarlos a su costa. Pero la presión existe, y hay que estar al alba, sobre todo porque se trata de zonas por las que no demasiada gente va, como tampoco la autoridad.

Ahora que se está hablando, y más que eso, que se está ya trazando lo que será el Arco Vial, al pie de la Sierra de Zapalinamé, para conectar la carretera 57 Saltillo México con la 40 Saltillo Zacatecas, habría que ir examinando el papel que jugará esta nueva vialidad en la expansión o no, de la mancha urbana de la capital coahuilense.
La verdad es que el proyecto se emprende tarde, ya hay colonias muy cerca de donde se ubicará, y al parecer dos, Lomas de Lourdes y Teresitas se hallan en el paso, o después de él. Lo ideal es que se hubiera construido en la época en la que todavía no había allí áreas habitacionales, y que sirviera como límite artificial de la ciudad, al menos en ese punto, coincidiendo por unos pocos metros, de la citada cota.
Pero no se hizo y se pretende emprenderlo hasta ahora, como suele pasar con todo en este país, las decisiones siempre van a la zaga de las necesidades, y no antes que ellas. Pero seamos optimistas, más vale tarde que nunca.
El problema es que, en nuestra ciudad, una nueva vialidad no se entiende como una obra que conecte un punto con otro de manera segura y rápida, sino como una invitación para establecer todo lo que se pueda poner a la vera del camino: fraccionamientos habitacionales, parques industriales, zonas comerciales, y cuánto negocio se pueda uno imaginar… de un lado y del otro. Ha ocurrido con todas las que quiera usted mencionar, el libramiento Flores Tapia, por ejemplo, se ha convertido en una calle, ancha, con bodegas, encierros, fábricas, lo que se le ocurra, más hacia la ciudad, Los Pastores, Colosio, Moctezuma, la que quiera mencionar.
El peligro es que se quiera ver el Arco Vial como lo mismo, una oportunidad para el desarrollo urbano, en vez de como un límite para el mismo, cuando menos del lado que dé hacia la sierra, del que da hacia el poniente, no hay problema, o al menos, no tanto problema, de momento.
Igual, todo será cosa de dejar las cosas bien claras, tener la adecuada vigilancia. Y es que la tentación será mucha, y los negociantes son especialistas en caer en ella.

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