Jueces sin rostro

BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni.-

Un juez sin rostro en un tribunal, con un fondo de madera y asistentes en la sala.
Jueces sin rostro. Foto: Muro político.

Como la gran novedad se publicitó, así hay que entenderlo, la idea que traen en el poder judicial del estado de Coahuila de la habilitación de jueces sin rostro para la atención de ciertos casos que ameriten la protección de la figura del juzgador, de las personas juzgadas.

Desde el punto de vista más puro, este asunto ni siquiera debería estar a discusión. Al menos en una democracia, pero también en cualquier otro sistema de gobierno que se precie de ejercer el poder conferido o agandallado de la manera que sea, la persona juzgada tiene el derecho inalienable de conocer a su juzgador, a aquella persona de la que depende su presente y su futuro, quien además, no actúa por su propia voluntad, sino investido de los poderes que le confieren las leyes vigentes en el país, o como en este caso, las del estado de Coahuila.

Bueno, primero que nada hay que aclarar que no se trata de la figura de jueces sin rostro, que se puso de moda en Italia ante el peligro que representaba para quienes juzgaban a los integrantes de las distintas familias de la mafia de aquel país, que durante un tiempo por allá en los años setenta del siglo pasado se dedicaron a ejecutar a quienes dictaban sentencia condenatoria contra sus miembros más relevantes.

Aquello se había convertido en una guerra de nervios y en un régimen de terror, un juez, un secretario, un testigo, podían sufrir atentados contra sus vidas o contra las de sus familiares, para inclinar su voto a favor o en contra de alguien de importancia que estaba siendo juzgado, después de que había sido detenido y de que se había armado un juicio en su contra. Tampoco es que lo hicieran para sacar a cualquier jefecillo o sicario, era para la gente del primer círculo de las familias, que tampoco se trataba de quemar la pólvora en infiernitos.

La estrategia del estado italiano funcionó, y así lograron la declaración de culpabilidad de algunos prominentes capos, y que sus jueces siguieran vivos. Al rato el asunto perdió interés, y para países que viven asolados por la delincuencia organizada, como el caso de México, se ha venido hablando de eso, de que individuos ‘sin rostro’, eufemismo para decir que su identidad no sea conocida por la persona que está siendo juzgada, y de esa manera lograr un estricto apego a la ley en los juicios, sin presiones de ningún tipo.

Estatua de la Justicia con la balanza, junto a una figura de un juez con mazo, en un fondo oscuro.
foto: El CEO.

La idea ahora es utilizar las herramientas de la inteligencia artificial para lograr el mismo efecto, que el acusado no conozca a su juzgador… asunto que en mi opinión es más una táctica propagandística que un intento por mejorar el funcionamiento del poder judicial estatal.

La inteligencia artificial, en su estado actual, perfectamente podría llevar un juicio con todos los elementos que se le proporcionaran del lado de la parte acusadora. Con permiso o sin permiso, han tenido ya acceso a todas las leyes vigentes y anteriores aplicables, lo mismo que a las sentencias de casos juzgados previamente, todo lo cual está computarizado y disponible cuando se trata de asuntos concluidos, que pudieran servir como precedente.

Pero además, la IA tiene la capacidad de contrastar todos aquellos recursos que presente la defensa con ese cúmulo de información aplicable, lo cual logra en fracciones de segundo, determinando elementos que un ser humano no podría, si no por otra cosa, por la falta de tiempo para leer, estudiar, analizar e interpretar miles de fojas de casos que pudieran servir de referencia.

Esto pagando una suscripción a cualquiera de los agentes de inteligencia artificial disponibles en el mercado, pero si lo que se ha planteado como parte de la noticia es lo que se va a usar, es un desperdicio enorme. Sí, porque se dice que la IA lo que hará será crear un avatar del juez o de la jueza, distorsionar su voz para que no sea identificable, y repetir lo que la persona juzgadora diga… eso lo hacen cien aplicaciones gratuitas de teléfono celular, disponibles en Apple Store o Google Play.

No, de lo que estamos hablando es de la suplantación completa de la persona juzgadora por algo que, ya en este instante, tiene una capacidad superior de lectura, análisis, memoria, contraste, y demás que pudieran ser necesarios para un profesional de las leyes. Siendo como son los jueces ¿de veras cree que se conformarían con que les leyeran los labios e imitaran sus gestos?, a los dos días ya le habrán dejado los casos enteros, mientras ellos hacen cualquier otra cosa. No podríamos pronosticar en este instante si la justicia sería mejor servida de esa manera. Eso estará por verse.

Pero lo que importa es lo otro. Si de lo que se trata es de proteger a los jueces… ¿también van a ocultar la firma, también van a hacer perdedizo su nombre, se lo negarán al procesado y a sus abogados?, si pensamos en un escenario de película, que ocurre en la realidad, con el puro nombre lo localizan y actúan en su contra, ya no previo a un juicio, sino en venganza por una sentencia…

… ahora que si se trata de que no conozca a nadie ni sepa nada, lo mismo podrían sentenciarlo desde que lo agarran, no muy distinto de la aplicación de la ley fuga… pero síganle con sus grandes ideas…

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