El último eslabón para que se haga la luz

BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni.-

Un trabajador de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) mide un medidor eléctrico con un multímetro.
Créditos: Mediotiempo.

Ah, la Comisión Federal de Electricidad, empresa mexicana de clase mundial… eso es lo que dicen ellos, pero la verdad es que sí, es una empresa cien por ciento mexicana, en lo que corresponde a su incapacidad para cumplir con el doble objetivo de toda empresa pública, la de resolver un problema social, y la no menos importante de generar ganancias, dinero que en teoría debe reinvertirse en aumentar la capacidad instalada para el presente y el futuro, e incrementar la calidad.

La triste realidad es que, la CFE es la única empresa, que nosotros sepamos, y mire que andamos de chismosos en todos lados, que en vez de buscar la venta de cada vez más energía, para recibir mayores ingresos y con ellos financiera proyectos siempre crecientes y más ambiciosos, por el contrario, recomienda limitarse.

De hace por lo menos cincuenta años es aquella campaña publicitaria que decía: ahorre un poco, afloje (o apague) un foco, imagínese qué tan vieja será, que no recomendaba utilizar los apagadores, sino aflojar la bombilla para que dejara de hacer contacto, eso sí con el debido cuidado, porque siendo incandescentes, se llevaba uno cada quemada… pero bueno, esas cosas se aprenden a la primera.

Y dijéramos, eso ya pasó a la historia, porque en todos estos sexenios, hemos tenido gobiernos neoliberales, tecnócratas, panistas, neo priístas, para desembocar en este experimento enloquecido que es la cuarta transformación, y no, nomás no se ha visto que haya una política de estado para que la Comisión Federal de Electricidad deje de operar en números rojos, y reportar ganancias al estado mexicano.

Tampoco recordamos que haya una política gubernamental para incrementar significativamente la capacidad eléctrica. El último que planteó algo así, fue Felipe Calderón Hinojosa, al principio de su sexenio, sí, antes de declararle la guerra al narcotráfico, que con bombo y platillo anunció la construcción de diez inmensos proyectos eléctricos, entre ellos dos nuevas plantas carboeléctricas en la región carbonífera de Coahuila, todo para que para el final de su sexenio saliera con que los proyectos se cancelaban, pues con la crisis económica que vivía el mundo, México incluido, salía sobrando ese exceso de capacidad energética… ajá, sí, como no.

En Internet, sobre todo en la burlona red social ‘X’ repiten mil veces al día ese famoso video en el que la presidenta Claudia Sheinbaum, doctora especialista en energías, sale diciendo que la mejor manera de ahorrar en el recibo de luz, era apagándola… no pues sí, para eso no hace falta un doctorado, y ni siquiera la primaria completa. Así es como funcionan las cosas en el país.

Retrato de una mujer hablando, con un micrófono y un logo de la CFE en el fondo.
Claudia Sheinbaum. Créditos: Primera Plana Digital.

De la CFE hay demasiadas cosas que decir, la gran mayoría de ellas malas, pero de una que nos hemos enterado en los últimos días tiene que ver con lo que sería el último eslabón de la cadena del servicio eléctrico a los consumidores finales: la instalación del medidos y la conexión a la red.

Resulta, según nos platican, que sí, por todos los rumbos de la ciudad andan cuadrillas de conexión. Usted va a la oficina de la CFE, allí solicita hacer un contrato para el suministro de la energía, y desde luego que le dicen que sí, con todo gusto. Le entregan el listado de requisitos, algunos más o menos fáciles de conseguir, otros no tanto, incluyendo las características que debe tener la acometida, y dónde debe estar ubicada, pero bueno, se supone que los electricistas que uno contrata para hacer esa chamba, le saben a eso… ya con eso sale el nuevo cliente cautivo bien contento con su contrato en la mano, y con la promesa de que a la vuelta de pocos días, poquísimos según dicen en el área de contratación, estará visitando su domicilio la cuadrilla encargada, que si encuentra que todo está en orden, no se tardan ni cinco minutos en ponerle su medidor nuevo… si tiene suerte, será de esos que tienen carátula de vidrio y dan la lectura en una pantallita de cristal líquido, y si tiene suerte pero de la mala, le tocará uno de esos de plasticote, que a la vuelta de pocos años, si no es que meses, estará tan opaco que ni usted ni el lecturista podrá entender los números que están ahí detrás.

Bueno, pues resulta que a los integrantes de las cuadrillas, todos ellos, o solo los jefes, les ha dado por dejarse querer… por darse a desear… para empezar no acuden el día de la supuesta cita, seguro porque se les cargó el trabajo, o porque ya entregaron el turno, o por lo que usted guste y mande, y allí comienza el calvario del cliente, para que comience a hacerse al caldo.

Allá va por las calles aledañas, a ver si encuentra una camioneta, si se topa con ella le dicen que sí, que ahorita van, eso unos, otros de plano dicen que no traen la orden…, pero que ahorita le averiguan por radio quien sí, otros que de plano andan haciendo reparaciones, no es su chamba. Luego el cliente amplia su radio de búsqueda, a otras calles y colonias, con resultados parecidos.

Y todo viene a redundar en que… se trata de un asunto de dinero, porque ahora se están dejando pedir propinas, contribuciones, muchos, de entre cinco y ocho mil pesos… por ponerle el medidor, tarea que por supuesto ya está pagada a la empresa, pero que los trabajadores aprovechan para completar el chivo, claro, con cargo al bolsillo ciudadano.

Si no acepta a la primera, tendrá que hacerlo después, porque seguro que entre ellos se comunican, fulano no quiso, cárgale lo tuyo y lo mío que me quedó a deber… y así es como funciona la segunda empresa más importante del país, la de clase mundial, la que la científica presidenta tiene bajo su mirada directa, pues hablan el mismo idioma… que parece que no es otro que el del dinero contante y sonante.

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