La manzana podrida

TELEGRAMA // Héctor Barragán

Dos hombres sentados sonriendo y conversando. Uno lleva una camisa blanca y el otro una camisa blanca con detalles. Al fondo, un logotipo que dice 'Sinaloa'.
Andrés López Obrador y Rubén Rocha Moya. Las manzanas podridas echan a perder las de la caja. Créditos: Reforma.

Decían los profesores de antaño que la manzana podrida echa a perder las demás de la caja, aunque puede no ser estrictamente cierto, porque algunas de estas estarían golpeadas o tenían algún bicho, la lección se considera de utilidad.

Al menos en las agrupaciones humanas, sobre todo en las políticas, el señalar al mal elemento, el discordante ciertamente evita la difusión de los malos ejemplos y actitudes adversas a la finalidad del organismo y por supuesto que a su desarrollo y finalidades.

Aunque el señalamiento de las fallas debilita al grupo, en esencia lo fortalece. Si bien festinar los errores mina el prestigio y la imagen del grupo, especialmente al favorecer a los contendientes.

Y actualmente ocurre con el grupo mayoritario para restarle elementos aspirantes a renovar los mandos y representaciones, pero es sano y conveniente exigir pureza de los propósitos y sanciones oportunas a elementos que fallan, antes que sigan errando y perjudicando al país, se espera que sea para bien el haber destacado errores de algún gobernador o sus altos colaboradores, un militar del mando más elevado y sus presuntos cómplices, porque existe la intención de limpiar la gestión pública.

En el pasado las acusaciones eran tardías, ocultadas y el desprestigio de los grupos aumentó su tardanza y efectos benéficos y justos. Lo mismo las sanciones, en perjuicio de mucha gente.

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