Decepción de turistas

BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni.

Vista aérea de una plaza con una iglesia, rodeada de edificios y calles, en un entorno urbano.
Créditos: Telediario México.

Saltillo presume de tener un centro histórico, no que nos interesara mayormente a los habitantes de la capital de Coahuila el tener un espacio delimitado, al cual darle un cuidado especial para efectos de conservación de lo que fuimos como ciudad y como sociedad en los siglos pasados, pero como que se trató de una moda en todo el país, que cada entidad federativa y aún cada ciudad de relativa importancia, tuviera eso, un espacio que pudiera recordarle a propios y visitantes, que no todo es el tiempo presente, con sus cualidades y defectos, sino que también hubo un pasado, que es el fundamento de lo que somos hoy.

En algún momento de las últimas tres décadas, se decidió delimitar eso del centro histórico, algo que se hizo de forma que nos da la impresión que fue arbitraria, porque… hubo algunas construcciones importantes que se quedaron fuera del polígono que decidieron que fuera el primer cuadro o centro histórico, mientras que dentro de este también quedaron edificaciones que no tienen nada de históricas, como no sea que para levantarlas destruyeron las que estaban antes.

De hecho, esa es la razón por la que Saltillo no tiene un centro histórico digno de ese membrete. La sociedad saltillense y los gobiernos emanados de esta, al paso de los siglos, en vez de valorar lo que habían heredado del pasado, decidieron tumbarlo y construir encima. Saltillo, una ciudad de cuatrocientos y tantos años de fundada, lo que considera edificios de valor histórico rara vez sobrepasan el umbral del inicio del siglo XX, lo que hubo antes… se fue, o más bien lo fueron por que necesitaban el espacio para poner un edificio o una casa, o una bodega más modernos.

En vez de preservar lo que se tenía de antes, y construir en otro lugar, y que la ciudad se fuera expandiendo, y que de esa manera fuera adquiriendo valor inmobiliario, con cosas viejas en un lado y cosas nuevas en el otro, sin mezclarlas, no, aquí construimos encima de lo que estaba antes, que lo único que importa es la satisfacción de una necesidad, por lo general económica, del momento presente, lo anterior puede ser sacrificado, y de hecho lo es de manera inmisericorde.

Todavía las cosas se complican más, cuando dentro de lo que durante unos treinta años había sido el centro histórico, los burócratas actuales idearon un ‘Distrito Centro’, que ni abarca todo lo que debería o valdría la pena, y crea una forzada exclusión, restringiendo las pocas o muchas, más bien lo primero, acciones que se pudieran emprender, a un ámbito todavía más restringido, con lo que se condena a lo que quedó fuera, a la paulatina o súbita destrucción, ya sin pruritos de que si es histórico.

Vista panorámica de una calle en una ciudad con montañas al fondo, edificios coloniales y una iglesia con cúpulas rojas.

Cuando Rogelio Montemayor era gobernador, se utilizó por primera ocasión, al menos de manera generalizada, el concreto estampado. Nunca lo habíamos visto en Saltillo, y menos en calles enteras, recién aplicado y con una tintura que le daba un aspecto de antiguo, pero no por eso dejaba de ser falso, pura escenografía para parecer lo que definitivamente no era.

Luego con las reparaciones, ya en administraciones posteriores, vimos que los empleados municipales no le ponían ni las mínimas ganas para que sus entortados siguieran el rayado del estampado, ni tampoco que diera el color. Lo que en un momento se vio bonito terminó viéndose horrible, por lo dejado, haciéndonos añorar el asfalto o pavimento que había antes.

También nos acordamos cuando en la administración de Humberto Moreira, a algún visionario se le ocurrió poner farolas en las calles del centro histórico, unos farolones enormes, que de colonial no tenían nada, enormes, mal hechos, colgados de las paredes de las casas, y que sonaban a falso por todos lados.

Cuando Enrique Martínez fue gobernador, hubo un programita de renovación de banquetas y fachadas, pintura y cemento, ah y por supuesto un mosaiquito para recordarle a los locales quién había sido el gobernador de la gran idea, hoy solo queda el mosaico, donde no lo han tapado con yeso o pintura para olvidarlo.

En fin, todo esto viene a cuento por lo que traen de que mucha gente vendrá a Saltillo en ocasión del mundial de futbol, que tendrá como sede de cuatro juegos la vecina ciudad de Monterrey. Con todo lo que hemos descuidado el centro histórico de Saltillo ¿alguien cree que los visitantes se desvivan por ver lo poco que queda, y lo mucho y feo con lo que lo hemos sustituido?, antes se irán decepcionados de lo malos que somos para armar escenografía con los materiales más inadecuados e inconvenientes. Si antes de venir a Saltillo, se pasean por García o por Santiago, a la hora de las comparaciones saldremos perdiendo lastimosamente.

Y eso de que pudieran venir, digamos, a ver lo seguro que es Saltillo y Coahuila, lo dinámico de su economía, lo saturado de su tráfico o sus programas de transporte gratis… son temas de poco interés para el aficionado al futbol, sin decir que todos sean unos hooligans.

En fin, otra cosa sería si durante siglos hubiéramos conservado lo que de Saltillo valía la pena, algo ha de haber habido, y lo derruimos. Ahorita ya es tarde para andar de tramoyistas esperanzados de lo que dudo que vaya a ocurrir.

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